24 de diciembre de 2017 19:23 PM
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Ganadería vacuna en la cordillera: el desafío de la recuperación

El contexto muestra indicadores favorables: hay potencial para producir más con campos que son aptos y existe un mercado consumidor cercano y con demanda creciente

La tarea por delante es enorme, pero el contexto es cada vez más favorable y las perspectivas también. La ganadería bovina en la zona cordillerana tiene potencial para producir mucho más. Los campos son aptos y –según los especialistas– cuentan con lo más importante: un mercado consumidor cercano y demandante.

Aun así, los volúmenes de carne que salen de los campos de la región son magros todavía y están lejos de suplir lo que llega de los frigoríficos ubicados en centro y norte de la provincia.

Las condiciones de los potreros cordilleranos son muy ponderadas por los conocedores del sector, quienes señalan que el régimen de lluvias permite la cría de ganado mayor, y no sólo de caprinos y ovinos, como ocurre en la Línea Sur.

Aseguran que la posibilidad está abierta para mejorar los rodeos vacunos, abastecer las carnicerías y restaurantes locales, e incluso vender con precios competitivos a otros centros de consumo.

Un cambio importante fue la reapertura del frigorífico y matadero Arroyo SA, que estuvo cerrado casi dos años y volvió a producir en marzo pasado, con nuevos propietarios.

Su titular, Mario Barbagelata, afirmó que hoy faenan en promedio un millar de vacunos por mes y que “el 90% de la hacienda llega del Valle Inferior”, porque en la región no hay volumen suficiente.

Destacó sin embargo que “ahora comienza la época más propicia” y las condiciones son ideales “para alcanzar las 1.500 cabezas mensuales”, lo cual les permitiría también generar más puestos de empleo. Hasta ahora sólo son 35.

“La idea es seguir creciendo, el mercado está, pero depende de la disponibilidad de hacienda”, dijo Barbagelata.

Con los años de sequía y de ceniza volcánica la actividad ganadera en la cordillera sufrió un impacto durísimo y “casi desapareció el gordo” dijo el empresario, en referencia al novillo apto para la faena, criado en la zona.

Señaló que el frigorífico también brinda servicios para matarifes particulares, pero la demanda es muy poca, lo cual es otro síntoma de la dificultad para recomponer la actividad. “Bariloche está aislada, pero no es para tanto”, afirmó.

El escenario está planteado, pero están los elementos a mano para reactivar la actividad. Depende de varios factores.

 

Inyección de tecnología
El veterinario Carlos Robles, del grupo de Sanidad del INTA Bariloche, subrayó que recuperar la capacidad de producción “es un proceso lento y lleva como mínimo dos o tres años”, porque es necesario “repoblar primero el campo con vacas, vaquillonas”, esperar después la parición del ternero y trabajar el engorde hasta que el animal tenga un tamaño comercial.
Según dijo, lo más importante para mejorar los volúmenes es “introducir tecnología” y superar el modo de producción actual, “que es extensivo, similar a la de hace dos siglos”.
Explicó que algunos cambios indispensables serían “el apotreramiento, es decir la división de los campos en unidades más chicas para un mejor manejo del forraje; y también la construcción de aguadas, con perforaciones necesarias, molinos y bombas solares, que permitan aprovechar la tierra de manera más eficiente y producir más terneros”.
Si crece la oferta cordillerana, estarán
en condiciones de abastecer comercios locales, de la zona e incluso ampliar el horizonte.
El verano, temporada “fuerte”

Además de la mejora del clima (con temporadas más lluviosas), la lenta recuperación tras el impacto de las cenizas y el levantamiento de la barrera sanitaria, la ganadería bovina necesita otros estímulos, que derivan del contexto económico.

En el caso puntual del frigorífico Arroyo, Barbagelata dijo que “reactivarlo no es fácil” porque la situación en Bariloche “ayudó poco en el último año, porque el consumo no crece y el turismo estudiantil estira los pagos”.

De todos modos se declaró optimista porque “en esta época empieza la temporada más fuerte” para el mercado cárnico, con las fiestas y las vacaciones de verano.

El veterinario Carlos Robles aseguró que existen “indicios buenos” para la ganadería y la relacionó con “los buenos precios” que se registraron en los últimos remates de animales en la región, lo cual revela “un cambio de mirada entre los productores”. En el mostrador los precios dejaron de subir, “pero sigue siendo rentable”.

 

Buenas lluvias, crédito barato y “ganas”

El presidente de la Sociedad Rural de Bariloche, Juan Saint Antonin, dijo que el panorama de la ganadería bovina todavía es “preocupante”, porque las lluvias mejoraron y los arroyos tienen más agua, “pero falta que se repongan las napas”. Añadió que a diferencia de la oveja, para los vacunos “los ciclos de producción son más largos” y el manejo es “delicado” porque “si se comete el error de sobrepastorear un campo, después cuesta mucho recuperarlo”.

Consideró que si Bariloche se abasteció alguna vez con un alto porcentaje de carne propia, eso difícilmente ocurra otra vez en el corto o mediano plazo, porque “el crecimiento demográfico fue enorme” y la hacienda no se multiplicó de la misma forma.

“Falta de todo –dijo Saint Antonin–: años buenos, productores con ganas, stock ganadero y mataderos disponibles. Algunas cosas han cambiado, por ejemplo el apoyo del Estado con oferta de créditos a valor producto”.

Dijo que lo común en la actividad ha sido “dar un paso adelante y dos atrás”. Señaló no obstante que la Rural y los productores tienen la mira puesta en crecer y potenciar la ganadería de vacunos. “Hacia eso apuntamos –aseguró el dirigente–, aunque estamos atados a eventos puntuales, que nos han afectado mucho”.

Un conocedor de la actividad pecuaria que pidió reserva señaló que otro de los obstáculos es la “mentalidad” del productor , sumado a las políticas tributarias, que consideró erradas.

“Las estancias son grandes, producen poco y con eso les alcanza. Se quedan ahí –razonó–. No están apretados y entonces no trabajan para ampliar los planteles. Lo que hace falta es un impuesto a la tierra improductiva, ahí sería otra cosa, habría un estímulo concreto. (Con un esquema así) al que no produce y no le paga al Estado le terminan rematando el campo. Pero eso en la Argentina no pasa. Es decir, hay pocos estímulos para intensificar la producción y la cuestión fiscal no ayuda para nada”.

“El panorama todavía es ‘preocupante’, porque las lluvias mejoraron, pero falta que se repongan las napas”.
Juan Saint Antonin,
Soc. Rural de Bariloche
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Fuente: Diario de Rio Negro

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