31 de diciembre de 2017 13:30 PM
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Faenaron una vaca que era para investigación

EN EL CAMPUS DE LA UNLPAM

Un equipo científico desarrolló una vacuna contra una enfermedad que produce una alta mortandad en los terneros recién nacidos. En diciembre, una de las dos vacas en que se estaba probando la vacuna apareció faenada.
Una investigación que llevan adelante científicos de Conicet en la Universidad Nacional de La Pampa corre riesgo de quedar a medio camino porque los cuatreros se comieron el objeto experimental: una vaca en la que se estaban probando una nueva vacuna. Ocurrió a mediados de diciembre en el Campo de Enseñanza de la UNLPam. El trabajo científico continuará pero con un solo animal en el cual calibrar este nuevo método, que podría solucionar un problema que afecta a una parte importante del rodeo pampeano.
La vaca faenada a mediados de diciembre se llamaba “Porota” y, junto a “Tota”, representaban el objeto de estudio de una investigación que está llevando adelante el biólogo molecular Jorge Oyhenart junto a un doctorando para encontrar una vacuna contra una enfermedad venérea que produce una mortandad del 20 por ciento en terneros recién nacidos.
“Los cuatreros no esperaron a que Porota llegara al frigorífico”, escribió con un poco de humor pero mucho de impotencia el investigador pampeano en un correo electrónico en el que dio cuenta de la triste noticia y su impacto en el estudio en marcha.

 

Protozoo.
Desde que ingresó al Conicet en 2009, Oyhenart investiga un protozoo llamado “Tritrichomonas foetus”, relacionado con una enfermedad venérea del ganado bovino. En la Pampa se estima que los campos infectados por este protozoo, y otro agente infeccioso, tienen pérdidas en torno a un 20 por ciento en la producción de terneros. Entre 2007 y 2008, el gobierno provincial comenzó a desarrollar un plan de erradicación de ambas enfermedades, enmarcado en el Plan de Activación Ganadera, que hoy sigue en marcha.
El diagnóstico es la base del plan de lucha contra T. foetus. La Pampa es pionera en esto ya que puso en marcha el primer plan sistemático para erradicar la enfermedad y mejorar la producción de terneros. Los resultados obtenidos en nuestra provincia marcarán el rumbo de otras provincias.
El método vigente consiste en tomar una muestra de fluido del prepucio del animal. Esa muestra se pone en un medio de cultivo que se examina durante una semana al microscopio. El procedimiento es barato pero lento, poco sensible e inespecifico. Por la poca sensibilidad se muestrea dos veces un animal para asegurar que esté libre del parásito. Además es inespecífico ya que pueden crecer agentes parecidos a T. foetus y el observador puede interpretar que el animal tiene el patógeno. No hay métodos inmunológicos, similares a los que usa un laboratorio veterinario para detectar muchas otras enfermedades para el diagnóstico de T. foetus.
Desde hace casi 20 años hay una técnica molecular llamada PCR que tiene muchas ventajas sobre las técnicas de cultivo pero los laboratorios no la han adoptado por el costo del equipamiento y de los reactivos, y por falta de entrenamiento.
“En la UNLPam desarrollamos un nuevo método molecular que puede detectar el patógeno en apenas 40 minutos, sin necesidad de comprar ningún equipamiento, y que se puede leer con poco entrenamiento”, comentó Oyhenart a LA ARENA.

 

 

Dos vacas.
El diagnóstico no alcanza para controlar la enfermedad, entonces se trabaja para desarrollar una vacuna que la evite. Pero las vacunas obtenidas hasta el momento no evitan la transmision de la enfermedad. Con gente de la Estación Experimental Anguil del INTA, este grupo de la Universidad de La Pampa ha logrado una vacuna mejor, pero aun no es suficiente. Ahora estudian al protozoo en la vaca.
El año pasado, la investigación empezó con viento a favor: por un lado, un becario doctoral (Franco Paradiso) se sumó a la investigación y por el otro, la Cooperadora de la Facultad de Agronomía cedió dos vacas para que Oyhenart comience este nuevo estudio.
“Desde la ventana de nuestro laboratorio veíamos todos los días a “Tota” y “Porota”. En ellas analizamos día a día la interacción entre el huésped -la vaca- y el patógeno -el protozoo”. Aunque nacidas en el monte, las vacas se amansaron rápidamente y en el último tiempo ellas solas se acercaban a la manga donde les tomaban las muestras.
El 13 de diciembre “Porota” apareció muerta junto al alambrado perimetral, a menos de 100 metros del Laboratorio de Biotecnología. Durante la noche, dos o más abigeos le habían amarrado las patas con un alambre y le clavaron un cuchillo en el cuello. El animal se ahogó con la sangre y cuando cayó le sacaron los dos cuartos, nada mas. En el lugar solo se encontró una gorra. Había llovido mucho y no se encontraron rastros de los responsables.
“Para mi grupo, reducido y sin plata, este animal representaba una oportunidad de trabajar que nos han dado a cuentagotas”, valoró Oyhenart. “Pensar que a nadie se le ha ocurrido este tipo de estudio, o la manera de hacerlo, es lo que nos alienta todos los días. Y realmente lo hacemos con nada: trabajamos en un laboratorio sin equipamiento y estos tres últimos años tuvimos apenas 3.000 pesos por año, apenas para comprar un reactivo”, detalló, en tono de queja, el investigador.
Oyhenart aclaró que la ingestión de la carne de este animal no provoca ninguna reacción en el ser humano, pero en otro caso, si podría hacerlo. “A quienes ingresan y faenan animales en el Campus de la Universidad, habría que advertirles que un día van a matar un animal de experimentación, y van a comer o vender la carne de un animal que estaba ayudando a solucionar algún problema”, planteó.

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Fuente: Diario La Arena

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