1 de enero de 2018 12:08 PM
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“No hay una estrategia sustentable de crecimiento”

El modelo fue organizado en torno a la supremacía del capital, pero eso no es sustentable ¿Hacia dónde nos lleva esto?

Pasaron cuatro semestres desde que asumió al gobierno la alianza Cambiemos. Los primeros tres, mostraron una fuerte caída del consumo y de la producción industrial, cierre de empresas y destrucción de empleo, elevada inflación, aumento del déficit fiscal, cuasi-fiscal y comercial, más pobreza y desocupación, fuerte endeudamiento externo y mayor concentración de la riqueza.

Recién en el último semestre, la economía mostró algunos signos de recuperación y cierta estabilidad macroeconómica.

La inflación fue menor, lo que ayudó a frenar la caída en el poder adquisitivo de la población. Gracias a la obra pública se sostuvo en parte el nivel de empleo y algunos sectores mostraron mayor capacidad de reacción (automotriz y construcción) y otros consolidaron sus extraordinarios márgenes de ganancias (agro exportación y finanzas).

La Argentina pagó un costo político y económico muy elevado para “volver al mundo” en aras de impulsar el desarrollo, pero se volvió a cometer el gravísimo error de utilizar el crédito externo para financiar la fuga de divisas y el consumo externo (la “fiesta” de los sectores de ingreso medio y alto) gracias a la liberalización del mercado cambiario y a un dólar artificialmente bajo, producto del ingreso especulativo de capitales.

Goteo de inversiones. En un primer momento, el gobierno apostó a su capacidad de seducir a los inversores extranjeros, otorgando beneficios fiscales, liberando los mercados, desregulando la economía y retomando los vínculos financieros previos al estallido del 2001; sin embargo, la lluvia de inversiones nunca llegó.

La idea de que Argentina sería “el supermercado del mundo” fue una mentirilla piadosa más de las tantas que el Presidente Macri exhibe en su haber.

La política comercial fue subordinada al control de la inflación, lo que implicó la sobrevaluación del peso que, junto con la reducción de aranceles y la quita de trabas paraarancelarias, provocó el mayor déficit comercial de la historia argentina, de u$s7.656 millones en once meses del año 2017.

Quedó claro que esto no ha sido otro error de cálculo, sino la idea de un país que se debe especializar en algunas pocas actividades tradicionalmente competitivas (agro, servicios y recursos naturales) y comprar más barato al resto del mundo el resto lo que haga falta. En términos numéricos esto implicó que en el 2017 las exportaciones hayan aumentado el 1,2 por ciento, mientras que las importaciones lo hicieran al 20 por ciento.

Luego del test legislativo de octubre de 2017, la apuesta se reenfocó en la inversión doméstica, aquella de las empresas radicadas en el país. Desde luego esto no significa un cambio de rumbo económico, sino la profundización de una ideología pro-negocios en la cual las empresas tienen la prioridad en la agenda de los esfuerzos fiscales.

En síntesis, la economía argentina ha sido organizada en torno a la supremacía del capital, pero ello no resulta una estrategia sustentable de crecimiento económico, mucho menos de desarrollo social armónico con aprovechamiento eficiente de los innumerables recursos que tiene la Nación, empezando por las personas que la conforman.

La gran incógnita sigue vigente y preocupando: ¿Dónde nos lleva este modelo económico? La historia argentina es contundente al señalar que si la política económica persigue una lógica pro-negocios, aperturista y neoliberal, el desenlace es mayor concentración del capital, dependencia a las voluntades foráneas y deterioro social con mayor costo para los sectores más humildes y necesitados de la comunidad.

No es cierto que la Argentina está condenada a repetir su historia, como tampoco es verdad que no haya otra salida posible que contemple una visión más humana y social de la economía.

Si se deja de lado la lógica rentística de la política económica y se reenfocan las prioridades del Estado apostando al trabajo y el desarrollo social del conjunto de los argentinos, las perspectivas pueden ser otras.

La riqueza humana y natural de nuestro país sigue siendo extraordinaria y el 2018 renueva las chances de aprovecharlas en proyección a un país digno de ser vivido.

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Fuente: www.lacapital.com.ar

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