10 de enero de 2018 10:36 AM
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Uruguay : ¿Por qué el agro está comprometido?

El grueso de los sectores enfrenta problemas de rentabilidad por el aumento de costos y precios que están lejos del boom de 2014.
Tras prácticamente 15 años de una fuerte transformación que implicó mejoras en los niveles de productividad y tecnología, el agro uruguayo enfrenta, en términos generales, una coyuntura adversa para lograr niveles de rentabilidad a corto plazo.
En ello están confluyendo varios factores desde suba de costos como el gasoil, la electricidad o los salarios. A esto hay que sumarle un descenso de los precios en los mercados internacionales y un dólar a la baja pese a que el Banco Central (BCU) interviene en el mercado para amortiguar la caída en la cotización del billete verde. En los primeros días de enero ya compró más de US$ 100 millones.
El portal Objetiva de la consultora Deloitte realizó una síntesis de 2017 donde mostró que si bien los precios de los commodities que Uruguay exporta registraron un repunte de 8% en promedio ese año, son casi 15% menores que hace tres años. El único que sale con un saldo positivo es la celulosa, cuya cotización en el mercado internacional subió 10% en 2017 y está hoy 2% por encima de 2014. Para el resto de los bienes agrícolas del país el saldo es claramente negativo. Por ejemplo, el precio del trigo cayó 8% el año pasado y está 41% por debajo del boom de precios agrícolas de inicios de 2014.
Siguiendo con los granos, la soja se recuperó 16% en 2017 pero está 33% por debajo del umbral de tres años atrás. En caso de la leche en polvo es más contundente aún: aumentó 44% su valor en el mercado internacional en 2017 pero está 40% abajo de 2014.
Por otro lado, el anuario 2017 de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) analizó las características de los acuerdos salariales alcanzados en las distintas ramas del agro en la última ronda. “Con los ajustes acordados y los incorporados en rondas anteriores, se constata una evolución real de los salarios mínimos por categoría de los distintos subgrupos del agro por encima de la media de la economía, e incluso en algunos sectores por encima del ajuste real establecido para el salario mínimo nacional”, alertó.

Crecimiento rengo

La economía uruguaya cerró el tercer trimestre de 2017 una expansión de 2,2% en términos interanuales pero no fue uniforme. Mientras que el comercio (+8,8%) y la logística (8,9%) crecieron fuerte, el agro, la industria y la construcción siguieron en caída. En el caso del agro, el retroceso fue de 2% interanual y dejó atrás cuatro trimestres consecutivos de expansión. El consenso de los economistas que responde la encuesta de Expectativas Económicas de El Observador espera un crecimiento para la economía uruguaya de 3,1% para 2017 y de 3,3% para 2018. Sin embargo, ese dinamismo respecto al estancamiento que enfrentó la economía uruguaya en 2016 no alcanzará a la producción primaria este año.
La Opypa estimó que el PIB agropecuario creció 0,52% en 2017, pero prevé que se estanque este año con un nulo crecimiento de 0,01%. La perspectiva de producción física 2017/18 en la agricultura es negativa por donde se la mire: trigo -25%, cebada -38%, maíz -21%, soja -14%, arroz -12% y sorgo -10%. En el caso del trigo, el área de siembra caerá por cuarto año consecutivo como consecuencia de los persistentes márgenes económicos negativos para el cereal.
La siembra de arroz descendería entre 7% y 10% este año, como resultado de la estabilidad de precios y la trayectoria creciente de los costos de producción. Un tuit del empresario Rodrigo Fernández puede resumir la coyuntura del sector. “La represa de Frigorífico Modelo en Caraguatá (Tacuarembó) riega 800 hectáreas por año desde el 2000. Este año no conseguimos arrocero ¡Este es el país productivo! Los altos costos jaquean el rubro con 8.500 kg por ha que sacaron ahí en 2017 ¡Increíble!”, posteó.

Carne y lácteos

Para la carne vacuna la Opypa espera una recuperación de 5% en la producción para 2018 y de 3% para el caso de la lechería. De todas formas, este último sector viene arrastrando una pesada mochila desde hace tres años. El endeudamiento del sector solo con la banca asciende a unos US$ 325 millones. Durante 2016 unos 163 tambos debieron bajaran la cortina y abandonar el rubro y, aunque no hay datos oficiales de 2017, la tendencia al achique se mantuvo. Además, dos industrias (Ecolat y Schreiber Foods) cerraron y otras como Pili, Calcar, Claldy y Coleme tienen dificultades para mantenerse en pie.
En el caso de la carne, los resultados que mostraron las últimas “carpetas verdes” (un monitor para conocer la situación económica de la ganadería) del Instituto Plan Agropecuario (IPA), evidenció que los ganaderos necesitan cada vez más hectáreas para poder mantener su estructura productiva.
Así, la coyuntura inmediata para el agro tiene más nubarrones que luces. Pensar en una baja de costos de tarifas como el gasoil o la electricidad parecen poco probable cuando el gobierno tiene como prioridad recomponer el déficit fiscal (hoy en 3,3% del PIB). La meta es llevar el rojo de las cuentas públicas a 2,5% al final del período de gobierno. Por el lado de los precios, la mayoría de los pronósticos globales apuntan a una estabilidad en los valores de las materias primas, por lo que no se avizora un nuevo boom como el de 2014.

Alivio circunstancial con tarifa del gasoil

En julio del año pasado, el gobierno accedió a rebajar 8% el precio del gasoil ($ 3 por litro) en un gesto de apoyo al sector productivo. Sin embargo, en enero de este año ese alivio se diluyó parcialmente porque el Poder Ejecutivo decidió subir 5,5% la tarifa del gasoil (las nafta los hicieron 9,8%) para no comprometer la situación financiera de ANCAP. También subió 3,2% la tarifa de la energía eléctrica, pese a que desde UTE se entendían que podían reducirse.
 
US$ 4.000 millones se estima el endeudamiento del agro entre bancos y préstamos privados, según la Federación Rural. En 2006, esa cifra rondaba los US$ 450 millones.
3.500 millones de dólares adquirió el BCU en el mercado cambiario en 2017 (más de 6% del PIB) para amortiguar el descenso del tipo de cambio ese año (-2,1%). Esas compras tienen un costo parafiscal porque luego debe retirar pesos pagando tasas elevadas.
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Fuente: Observa

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