15 de enero de 2018 18:32 PM
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Hormonas en pollos: un mito al espiedo

La imagen de una pechuga de pollo con un trozo de carne verdoso, que circuló por redes sociales, volvió a encender el debate.
El mito existe. Incluso el presidente de Bolivia, Evo Morales, se encargó de ponerlo en palabras durante una cumbre sobre cambio climático en 2010. “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”, dijo el mandatario.
La reciente circulación en redes sociales de una foto de un pollo envasado con un trozo de aspecto verdoso volvió a despertar la hipótesis de la utilización de hormonas para fomentar el crecimiento, con el fin de beneficiar a la industria avícola. Junto a ella, existen múltiples teorías de cómo estas hormonas podrían afectar a quienes consuman el producto.
En Uruguay, desde 1988 está prohibido el uso de hormonas tal como lo establece el decreto 915/88, que aclara también la prohibición de la “importación, fabricación, venta y uso de los medicamentos veterinarios para el crecimiento o engorde de distintas especies animales”.
El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) se encarga de controlar la producción avícola para verificar que se cumpla con la regulación. El procedimiento consiste en sacar muestras semanales de los diferentes lotes de aves y realizarles controles de sustancias, como pueden ser hormonas o antibióticos. A su vez, veterinarios del MGAP recorren todos los días las granjas de producción para el control de la faena.
Fuentes del MGAP dijeron a El Observador que las líneas genéticas de pollos que se importan para criar en Uruguay son de rápido crecimiento, por lo que no tendría sentido modificarlas. Los controles también se aplican a los pollos que son importados por aquellas empresas que tienen permiso. Lo mismo ocurre con los pollos exportados.
No obstante, el principal argumento de criadores de pollos para no usar hormonas se relaciona con la rentabilidad. Miriam Biganzoli, productora que le vende a la empresa Tenent, dijo a El Observador que la inyección de hormonas “es imposible”, tanto por el trabajo que implicaría suministrarlas a cada pollo como por el costo. Las avícolas, explicó, pagan alrededor de $ 3 el kilo de pollo –ese pago incluye la crianza de las aves, porque la industria provee los animales y la ración– y las hormonas son muy costosas.
“Ningún productor, ni industrial, invertiría en hormonas porque tienen un valor de comercialización muy alto”, expresó Biganzoli.
Esto no exime a Uruguay del riesgo de contrabando de pollos. De hecho, en diciembre de 2017, la Cámara Uruguaya de Productores Avícolas (Cupra) denunció ante el gobierno el aumento del contrabando de pollos, sobre todo en ciudades fronterizas con Brasil. Esa sería la única vía por la que podrían ingresar pollos con hormonas que no pasan por un control.
Sin embargo, en Brasil también está prohibido por ley el uso de hormonas para aumentar el crecimiento o el peso de las aves. El presidente de la Cupra, Carlos Estévez, dijo a El Observador que el uso de hormonas en la industria avícola “es un mito en el que hay que trabajar para erradicar”.
“A nivel internacional no se comercializan hormonas para darles a las aves porque no hay mercado para eso”, dijo Estévez.
El tamaño de los pollos suele ser otro de los argumentos para cuestionar el posible uso de modificadores. Biganzoli expresó que la diferencia que puede haber surgido con los años se debe al avance de la especie, al igual que puede verse en frutas o verduras.
El secretario de la Cooperativa de Fasoneros de Pollos Unidos, Daniel Pereira, explicó que en Uruguay la alimentación que se utiliza en este sistema de producción es muy simple y efectiva: una ración a base de maíz y soja.
A su vez, fuentes allegadas a la industria avícola dijeron que el único complemento extra que se les proporciona a las aves, además de la ración, es un núcleo vitamínico para mejorar el fortalecimiento del animal, que no modifica sus propiedades.
47 días es el promedio que vive un pollo antes de ser sacrificado para comercializar.
Pero la comunidad científica global tampoco termina de definir si el consumo de alimentos modificados podría incidir en el desarrollo de la persona, tal como dicta la leyenda popular y Evo Morales advirtió.
En agosto de 2017, el periódico británico Daily Mail dio a conocer el caso de un adolescente de 13 años, de origen chino, a quien le creció uno de sus pechos. Según médicos que lo trataron en el Hospital Central de Wenzhou, el origen del problema estaba en el consumo excesivo de alimentos alterados hormonalmente, entre ellos, pollo.
La pubertad es, de hecho, una de las etapas de crecimiento que suele poner el tema de la alteración de alimentos sobre la mesa. Según la revista científica Live Science, algunos médicos atribuyen la “pubertad precoz” al consumo de alimentos con hormonas. No obstante, señala, no hay estudios certeros que lo confirmen.
Rosario Satriano, integrante de la comisión directiva de la Sociedad de Pediatría del Uruguay, también manifestó su desacuerdo con el mito. “En Uruguay el pollo no tiene hormonas. La carne de pollo es excelente, con un altísimo valor biológico y no puede ser dejada de lado para la alimentación de los niños ni el resto de las personas. Es lo mismo que ocurre con otros mitos como el gluten o la leche”, señaló.
Por su parte, la médica pediatra y nutrióloga Martha Illa sostuvo que la ingesta de alimentos con anabolizantes puede traer consecuencias en el ser humano, por ejemplo, tumores benignos de mamas o ginecomastia (crecimiento de las glándulas mamarias en los hombres). No obstante, aseguró, esto no ocurre en Uruguay y para llegar a estos efectos debería darse un consumo constante y no en un caso aislado.

El proceso de cría en Uruguay

Matriz importada

Como Uruguay no posee razas pedigrí de aves, los productores importan –por lo general de Brasil y Argentina– la matriz desde la que nacerá el resto del lote. Estos lotes provenientes del exterior deben pasar controles de sanidad antes de ingresar a Uruguay. En caso de que presente problemas santitarios, son sacrificados y se le otorga al productor el beneficio de realizar otra importación de manera gratuita.

Granjas de producción

Algunas empresas avícolas tienen su propia granja en la que llevan adelante la cría. Otras proporcionan a productores tercerizados el pollo bebé y el alimento para que se encarguen del proceso. Una granja de producción puede tener alrededor de 8 pollos por metro cuadrado. La productora que le vende a la empresa avícola Tenent, Miriam Biganzoli, tiene en su granja 60 mil pollos. Lo único que no le proporciona la empresa es el agua y la electricidad.

La cría

Entre 46 y 47 días vive un pollo en una granja antes de ser sacrificado. La ración le es proporcionada por medio de tubos que salen directamente de silos. Esta suele ser a base de soja, maíz, trigo y contiene, además, núcleos vitamínicos para fortalecer el crecimiento del animal. Alrededor de $ 3 pesos por kilo de pollo pagan las empresas a los productores, el precio se desprende de una ecuación que tiene en cuenta el consumo de ración, los días de cría y los kilos de pollo obtenidos.

El control

El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca implementó en 2013 el Sistema de Monitoreo Aviar que mide la trazabilidad por lotes. El sistema advierte ante casos de mortandad y permite alertar a los productores de posibles pestes. A su vez, veterinarios del MGAP recorren las granjas a diario para controlar la faena.

Al supermercado

La matanza también suele dejarse en manos de una empresa tercerizada. Las aves son colocadas en jaulas en las que entran entre 6 y 8 animales; este proceso se hace durante la noche. Los pollos son electrocutados en las jaulas con agua.

Criadero vs campo

Un pollo de criadero pesa cerca de 3 kilos. Las diferencias de tamaño entre los pollos que serán comercializados y los pollos de campo suelen ser uno de los argumentos que beneficia el mito de la inyección de hormonas. No obstante, productores avícolas señalaron que la variación de tamaño se relaciona con la genética y la forma en la que son criados.

Un pollo de aspecto verdoso en el supermercado

La foto de una pechuga de pollo con un trozo de carne verde en el interior comenzó a circular el pasado martes en redes sociales. Junto a esta imagen, se decía que el aspecto verdoso del alimento se debía a la inyección de hormonas. A las pocas horas el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca aclaró que lo que se veía en la imagen es conocido como “enfermedad del músculo verde” y se debe a un traumatismo que puede haber sufrido el ave.
El integrante de la Mesa del Ave del Instituto Nacional de Carnes, Carlos Méndez, dijo a El Observador que la miopatía del pectoral profundo –como también se conoce la lesión– es más común de lo que se sabe y suele surgir como consecuencia de un aleteo fuerte. Al estar ubicada en un músculo interno, la lesión no fue vista antes de ser comercializada el ave.
Fuente: Observa

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