18 de enero de 2018 10:06 AM
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El partido entre el viejo y el nuevo Senasa se juega en Santa Fe, y podría ser derrota para todos

Desafina la hinchada: Deseamos y necesitamos la muerte del viejo Senasa, la de aquel Senasa corrupto pero también la de aquel otro Senasa honesto pero anquilosado, repleto de burocracia y papeluchos sin sentido. Modernizate che, que se viene el cambio: tiene poca vida aquel Senasa cuya gente se comporta con los productores de alimentos más […]

Desafina la hinchada: Deseamos y necesitamos la muerte del viejo Senasa, la de aquel Senasa corrupto pero también la de aquel otro Senasa honesto pero anquilosado, repleto de burocracia y papeluchos sin sentido. Modernizate che, que se viene el cambio: tiene poca vida aquel Senasa cuya gente se comporta con los productores de alimentos más como un contrincante que como socio y amigo. La etapa histórica es clara y se necesita otra cosa: un Estado socio de los que producen y exportan. Socio para crecer en un proyecto colectivo. También para controlar y hacer cumplir la norma.

El partido entre el Senasa viejo que debe morir y al mismo tiempo dar a luz algo mejor y distinto, un Senasa nuevo y redimido, se juega en todo el país. Aunque caprichosamente ha elegido la cancha de Colón, o la de Unión, para saldar la partida. La final se juega en Santa Fe; allí está concentrada la tensión.

Los que  mueven primero la pelota siempre son los del Gobierno, que así debe ser y para eso han sido elegidos. Sacan para atrás forzando el reglamento: nombran a un contador llamado Cristian Cunha, claramente ligado con el PRO, al frente de la oficina del Puerto de Rosario, que es estratégico, el pago chico de Messi, nada menos que el lugar por donde salen 70% de las exportaciones agrícolas. El hombre, que no es ni veterinario ni agrónomo, como dicen las normas, no reporta a la línea “de carrera” y hace sus propios amagues: tira los tiros libres sin hacer caso a las órdenes del capitán del equipo ni tampoco respeta la jugada practicada durante toda la semana, toda la historia. El titular de la regional Santa Fe, el veterinario Víctor Di Pasquale, se lo quiere comer crudo.

Corea la tribuna: Anhelamos la muerte del Senasa de los “requeridos”, aquellos fondos que bajo cualquier excusa (como faenar en horarios de faena, que -claro- no son los de oficina) pasan de manos privadas a manos estatales y se distribuyen de modo más que oscuro. Queremos al mismo tiempo despedir al Senasa que no paga salarios dignos a sus profesionales y que los somete así a la tentación de lo prohibido, ya sea la indecencia o la pasividad frente a los desafíos. Una es pasar de ser policía sanitaria a cómplice de las mafias, que existen también en estas industrias lícitas y pagan caro. La otra es la triste empleada de Gasalla.

Cunha se pone en ventaja de inmediato, es habilidoso e huidizo, tanto que permanece en el cargo máximo de Rosario sin contar siquiera con un nombramiento formal durante varios meses. “Es un excelente profesional y un gran tipo, que vino a hacer una tarea necesaria”, nos dice más o menos su padrino político en Buenos Aires, casi su representante, cuando le pedimos referencias. Es creer o reventar, no hay antecedentes y menos un concurso público bien fundamentado. Pero es creer o reventar, insistimos, como casi todo lo que se hace en este nuevo Gobierno. El Senasa viejo es tan malo que, al estilo Bilardo, todos queremos que gane el nuevo Senasa. La gesta por delante es histórica, y hasta deberíamos permitir que exista un poco de trampa.

Ver “La Cámpora del PRO y los controles de Senasa en el puerto de Rosario”

Desde la radio, el relator nos recuerda las miserias del equipo de andar cansino y malogrado, aquel Senasa anciano sin proyecto colectivo, donde cada jugador hacía lo mejor para su provecho personal: si sale Europa mejor, pero si no me conformo con ir a jugar a China.

Recuerda el relator el caso de la pezuña que se apareció caprichosa en un paquete de alimento para ganado, en un país que tiene prohibidas las harinas animales por esa boludez de la vaca loca. Gracias a la complicidad y la falta de rebeldía del viejo Senasa, el del sumario eterno, el toqueteo inacabable, la fábrica en Rosario que cometió la gran truchada ha de seguir habilitada hasta ahora y vendiendo caro algo que en Santa Fe se consigue barato, o casi regalado, en los hornos ilegales de huesos bovinos que hay camino hacia Santiago del Estero. Todos lo saben, pero nadie hace nada.

Ver “El Senasa confirmó fallas en el control del alimento balanceado”

Corean las tribunas, vivando a Cunha: Destruyamos ese Senasa corporativo, cuyos trabajadores consideran un “atropello” cualquier posibilidad de discutir su propia eficiencia, su propio rol, el rol del Estado. Estamos decididos a cambiar ese chip vetusto de los empleados estatales, que sienten que por el solo hecho de serlo -empleados del Estado- están bendecidos por cientos de derechos y casi ninguna de las obligaciones. Que alguno nos ATE la boca para no maldecir a estos sindicalistas del progrepedorrismo a los que Germán Abdala hubiera blasfemado de entrada, solo porque al paso de las décadas han constituido uno de los lastres más pesados para un Estado que no logra levantar vuelo en esta extensa adolescencia democrática. Que viva Cunha y que viva el cambio, carajo.

Bonachón y capaz, Ricky Negri es el DT que -también sin nombramiento por largo rato- maneja ahora muchos de los hilos de un equipo que quiere cambiar la historia de los últimos campeonatos. Cambio, cambio, cambio, corea la tribuna repleta de usuarios del Senasa. Del otro lado, la barra brava del viejo equipo se abroquela con temor a lo que pueda venirse. Se juntan los hnchas de corazón con los que manejan el estacionamiento afuera del estadio. Pero son 100 mil, o 200 mil, o todavía más, contra apenas 7.000 empleados, la mayoría de los cuales se encuentran precarizados. ¿Cómo quieren que no sean barra bravas quienes no tienen certeza sobre su futuro inmediato? Es a matar o morir la partida.

Dice el comentarista: Hay que promover el debate sobre cómo debería jugarse al fútbol porque en esto se nos va la vida como país y es en serio, que aunque a algunos les suene a mentira es cierto que no podemos gastar más de lo que producimos y que si no producimos no podremos pagar ni las pensiones que se merecen nuestros viejos socios vitalicios. Hace añares que nos sentimos con derecho de ganar un Mundial, pero no lo hacemos, no podemos hacerlo. Podemos soñar un Estado costoso y repleto de jugadores de la primera división, pero si no podemos pagarles mal podremos pedirles que pongan ahínco en el juego.

El viejo Senasa reacciona. Frente a la amenaza de la goleada, impávidos ante el jugador que se come los chicos crudos, se juntan en el vestuario los buenos y los malos de aquel equipo herido en el orgullo. Lanzan gritos al cielo: que nos van a enseñar a nosotros, que derrotamos a la aftosa y a tantas otras tragedias ciertas.

Marcador de la vieja guardia, Di Pasquale antepone una denuncia penal por usurpación de cargo público. Pero la guerra ya está declarada y Cunha se queda con todo: lo nombran al contador, cero experiencia en luchas sanitarias pero fuerte convicción en la necesidad de cambiar, cambiar, cambiar, a cargo de toda la regional. Cunha se muda a Santa Fe, sede de la gran final. También viaja a Reconquista a conocer el frigorífico Friar. El relator se pregunta: ¿Puede ser titular del Senasa de Santa Fe alguien que no haya conocido previamente dicha planta?

 

Cruje la popular: Deberemos masacrar aquel Senasa viejo de la corrupción en los puertos, donde el monopolio del sellito pedorro otorgaba derecho a cualquier tropelía. También el Senasa del funcionario de pueblito perdido de Santa Fe que era tan importante como el cura. Y al que le fotocopiaron los 10 billetes de 100 pesos que supuestamente iba luego a cobrar como cometa. Matemos ese viejo Senasa. El que nos hace tanto daño como sociedad. El que no tiene crédito de sus propios usuarios. Que triste que suena eso.

Ver “Separan de su cargo a un funcionario del SENASA denunciado por recibir coimas”

La investigación jamás se saldó ni se dio a conocer el resultado; el viejo Semasa que cubre a los suyos en vez de denunciarlos y depurarse. Pero el funcionario en cuestión ha sido separado del cargo: forma parte de una lista de 120 personas que a fines de diciembre han despedidas del Senasa, del viejo, ya que supuestamente tenían sumarios por sospechas de corrupción o simplemente por sospecha de algo distinto, porque incluso ahora parece ser delito ser un poco proactivo. Simplemente no les renovaron el contrato, dicen los del nuevo equipo, tan pragmáticos ellos. La tribuna corea con furia: Ole, ole, ola, ningún vago va a quedar.

Los jugadores del viejo equipo, acorralados contra su arco, argumentan que todo se está mezclando mal y que en todo caso dentro del estado, la cancha, existen procedimientos que deben respetarse. Solo cuando se ven cercados, nunca cuando las cosas les iban bien y merodeaban el área rival, los jugadores hablan de ajuste y de persecución política a los que se oponen a los cambios. Arbitro bombero que aprovecha la volteada para sacar de la cancha también a los buenos jugadores del viejo equipo. Así, Cunha se va quedando sin rival.

Casi inaudible frente al atronador clamor que pide un cambio, la barra brava del viejo equipo se logra recomponer y sale del mutismo y del asombro. Una gacetilla de Apumag, la gremial de los profesionales de Agroindustria, advierte que “la brutal reducción de los fondos presupuestarios del Senasa destinados  a las tareas operativas previstas para el año 2018 impactará gravemente  en los objetivos las principales luchas fitosanitarias”. A ver si discutimos las cosas un poco en serio. El sindicato no habla de personas. Habla del HBL, de la langosta, y hasta de la polilla de la Vid, Lobesia botrana. Cunha y otros varios contadores se frontan los ojos, incrédulos de que existan jugadas tan extrañas y de nombre tan enrevesado como el de aquellas plagas.

Tomá pibito de escritorio, que jugar al fútbol no era solamente hacer jueguito, que hay que correr y transpirar la camiseta, saber cortar el ataque del rival a tiempo, aunque sea con una zancada. Que por algo al Senasa lo integran los agrónomos y veterinarios.

El viejo Senasa va perdiendo uno a cero. Pero su contraataque es letal y merecería el empate. Desde un mail apócrifo pero totalmente creíble, con datos verídicos y por lo tanto verificables, la aguerrida defensa de aquel equipo de antaño nos muestra que aquel Cunha tan mentado en las barriadas no sería el jugador tan distinto que venía a cambiar la manera de jugar a la pelota.

El anónimo nos muestra a dos pibes estudiantes de Rosario que han sido contratados por el Senasa nuevo-viejo a pesar de no tener grandes antecedentes más allá de ser militantes activos del partido de Gobierno. ¿Pero cómo? ¿No era que veníamos a revertir el estado de cosas? ¿Al final eran todos parecidos?

Matías Longoni

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Fuente: Bichos de Campo

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