20 de enero de 2018 10:49 AM
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Paso firme para la ganadería patagónica

La familia Correndo explota una cabaña Angus y produce carne bajo la modalidad de ciclo completo en Stroeder, Carmen de Patagones. Genética y tecnología, claves para este sistema.

La Patagonia es una región que busca crecer en la producción ganadera en los últimos años. Pero las condiciones climáticas (promedio de 350 milímetros por año) y ambientales son un serio obstáculo. Por eso, el uso de la tecnología y el mejoramiento genético de los animales son fundamentales. Y un ejemplo de esto es la familia Correndo, situados en la localidad de Stroeder, partido de Carmen de Patagones (Buenos Aires).

Luciano, la cuarta generación, es quien lleva las riendas del campo junto a su novia tras la pérdida de su padre recientemente. Allí explotan un establecimiento de 2.500 hectáreas donde comercializan reproductores provenientes de su cabaña Angus y producen carne con un manejo de ciclo completo. Y toda la comida es provista del propio campo. Siembran pasturas y cultivos de invierno.

La historia productiva de los Correndo tuvo sus inicios con el bisabuelo de Luciano, quien llegó desde Italia a la Argentina evitando la Segunda Guerra Mundial. En aquellos comienzos alquilaba las tierras principalmente para cultivar trigo. En 1934 ya adquirió las primeras tierras y le sumaron la actividad ovina. Luego, bajo las riendas de su abuelo Francisco, en 1984, hacen un cambio radical: reemplazan la producción de ovinos por la de bovinos, específicamente con la raza Angus, más allá de que la Patagonia es cuna de Hereford.

“Mi abuelo arrancó con esta raza porque le parecieron mejores que las demás, sin mucha información técnica, y así armó su propio rodeo incorporando reproductores de otras cabañas ”, relató Luciano.

Así fue como se originó la pasión de la familia por la raza Angus. Los inicios de la cabaña fueron sobre todo “informales”, comercializando reproductores a vecinos y luego, se profesionalizó con la llegada de Luciano, ya recibido de Médico Veterinario especializado en reproducción y con mucho rodaje en el sector a pesar de su corta edad (34).

Paso firme para la ganadería patagónica

Luciano Correndo, en un corral con toros de 15 meses en el establecimiento de 2.500 hectáreas, luego de una mañana intensa de trabajo.

En un primer momento, por el año 1999, empezaron con el control de un rodeo de madres Angus generales que se transformaron en su totalidad en Pura Controlada. Años más tarde, en 2005, se introdujo la cría de animales de Puros de Pedigree. Esta fue una aventura personal de Luciano.

Hoy cuentan con 300 madres y otro rodeo de 20 madres de Puros de Pedigree. Y este año el objetivo es comercializar 40 reproductores Puro Controlado tanto versión colorada o negra de Angus. “La cabaña busca funcionalidad y adaptación de los animales para esta región porque hay sistemas de reproducción muy variados por lo que nos obliga a hacer reproductores muy versátiles”, especificó Luciano.

Paso firme para la ganadería patagónica

Correndo lleva un reproductor. Este año tuvieron su primer remate anual y ya apuntan al segundo en 2018..

Además, hacen hincapié en la selección con el uso de datos. “Hoy por hoy, se usa en todas partes, pero en la Patagonia hay muchos reproductores que se venden sin información”, advirtió.

El 2017 quedará en la memoria de la familia con dos logros muy importantes. Realizaron el primer remate anual de la cabaña y ya están pensando en el segundo para este año. A su vez, participaron por primera vez en la Exposición de Palermo con un toro criado en la cabaña. “Nuestra postura no es tener volumen, sino calidad. El crecimiento que tenemos es vertical”, confió Luciano.

Una de las particularidades para la comercialización tanto de reproductores como de novillos se da por la barrera sanitaria. Desde que la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) reconoció en 2016 a la zona que producen los Correndo libre de aftosa sin vacunación, automáticamente se dejó de vacunar y se cerraron las barreras de los egresos de los animales a la región pero sí pueden vender a cualquier parte del país.

Por lo que la demanda de reproductores desde la propia zona se incrementó. “Muchos vieron la posibilidad con el tema de la barrera, pero quedaron en el camino. Se criaba al toro de la misma manera que criaban un novillo, y se fueron cayendo con el tiempo. Quedó la gente que hace las cosas bien”, dijo.

Paso firme para la ganadería patagónica

Por segundo año consecutivo, en el establecimiento utilizan la técnica de “creep feeding”.

Por el lado de la producción de carne, la familia realiza el ciclo completo (cría, recría y terminación). Este es el segundo año que utilizan suplementación del ternero al pie de la madre (creep feeding). Esto genera que se adelante el destete un mes. No obstante, los mismos salen con la misma cantidad de kilos, con 240 a 250 kilos.

En el destete hacen la primera selección de los futuros toros y lo que no encaja, se castra y siguen comiendo bajo la modalidad de autoconsumo para obtener un novillo de 380 a 400 kilos. “Si le damos de comer desde el comienzo, llegamos a este kilaje antes y acortamos los tiempos de comercialización”, consignó.

La dieta de los animales proviene del mismo campo. En un primer momento, se sembraba trigo pero se discontinuó en 2005 cuando una sequía acechó la zona patagónica y se volvió a implantar en 2010. Sin embargo, el año pasado se tomó la decisión de que las hectáreas de trigo sean reemplazadas definitivamente por cebada con el objetivo de cosecharla y usarla como materia prima de los novillos.

“Es una alternativa al maíz porque el cereal es muy errático en esta zona. La porción norte tiene influencia con el Río Colorado donde hay sectores con regadíos pero nosotros estamos al sur produciendo a secano donde no hay alternativas para regar. Los cultivos de verano son muy arriesgados”, señaló.

Las pasturas que siembran es a base de avena, tanto puras como consociadas con vicia. Hay avenas sembradas de forma temprana para pastoreo directo y otra parte del campo se cosechan para la confección de rollos para la cabaña. Y dependiendo la época de lluvias de la zona, si no alcanzan las pasturas para los animales, agregan otro cultivo más rústico de ciclo más corto como puede ser el centeno.

Por último, y para redondear la importancia que tiene la genética y la tecnología en la ganadería, Luciano contó que “la genética los salvó” ante la última gran sequía que atravesó la Patagonia recién mencionada. “Con aportes mínimos de cereales, concentrados y fibras, se salvaron todos los animales. Parte de la selección es buscar esa genética que se adapte a nuestro sistema de producción que produzca la mayor cantidad de kilos con los requerimientos mínimos”, concluyó.

Fuente: Clarin

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