23 de enero de 2018 11:16 AM
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Walter Brehm: “No es que no se busquen alternativas, se trata de mantener las empresas para sobrevivir”

Por Santiago Molinaro Siendo la segunda generación de inmigrantes alemanes que vinieron a Uruguay en un contexto de guerra, Walter Brehm además de realizar al día de hoy raciones balanceadas y expeler de soja con su empresa Silosold, sigue siendo productor agrícola y ganadero. Brehm es uno de los tantos ejemplos de trabajo duro y sacrificio que hay en el país; de chico iba a la escuela rural a caballo, recorriendo diariamente 10 km, y formó junto a su hermano una empresa agrícola con tan solo 18 años. En una nueva edición de Emprendedores, Brehm también opinó sobre la coyuntura actual que atraviesa el sector agropecuario.

¿Cómo fueron sus inicios en la actividad agropecuaria?

Toda mi vida estuve abocado a la actividad agropecuaria y lo sigo estando. Desde que tengo memoria he trabajado, obviamente desde la parte familiar y patronal, no con grandes cosas pero nunca supe lo que es recibir un sueldo vago de alguien porque me lo he tenido que ganar.

¿Siempre trabajó junto a su familia?

Si, fuimos creciendo en agricultura y expandiéndonos conjuntamente con mi padre y mi hermano, en la zona de Bellaco, Río Negro. Como todo muchacho en su época joven supimos compartir momentos con la gente que trabajaba con nosotros, compartiendo los recreos juveniles, yendo a jugar al futbol y demás actividades, volviendo luego a trabajar codo a codo como compañeros de trabajo, sin diferencias de ningún tipo, en un ámbito de familia grande.

¿Desde cuándo considera que es productor?

A los 18 años conjuntamente con mi hermano, que me lleva 5 años, arrancamos una empresa independiente de mi padre, aunque teníamos trabajos en conjunto. Puedo decir que llevo 40 años como empresario, aunque para los primeros años la palabra nos quedaba grande para lo poco que hacíamos. Empezamos haciendo agricultura, y tuvimos la suerte de que gente nos reconoció nuestro trabajo y nos permitió hacer agricultura en medianería. Algunos años nos fue muy bien y crecimos mucho, haciendo lo que siempre nos gustó que es la agricultura. Luego fuimos arrendando y agregando la ganadería, porque estábamos convencidos de que teníamos que tener una pata más en el campo, porque depender sólo de la agricultura era difícil. La ganadería era un respaldo para los años malos agrícolas que siempre se han dado y se van a seguir dando por factores climáticos que nadie puede manejar.

¿Qué fue lo que siempre lo caracterizó como productor?

Siempre apostamos a la inversión y la tecnología. Previo a los años comprendidos entre 1999 y 2004, que fueron muy malos por diversos factores, ese momento a nosotros nos agarró con una inversión en un sistema de riego. Con mucho orgullo puedo decir que tuvimos el primer pivot central de riego del Uruguay. Lo pusimos a funcionar casualmente en la seca del 99’, pero después las cosas se torcieron por exceso hídrico, después granizo, después caída de los precios internacionales, y luego aftosa. Tuvimos un desparramo económico importante, donde nos agarró una mala racha de un montón de cosas que nos llevó a un endeudamiento muy grande. En cuatro años pasamos de estar en +10 a -10.

¿Cómo se sale de un sacudón importante como ese?

En el año 2005, fruto de la desesperanza que teníamos y con la pérdida de campos de medianería que sufrimos a manos extranjeras —principalmente de productores argentinos que vinieron— por falta de recursos para arrendamientos, logramos reordenar las cosas. Con la gente que trabajaba con nosotros, que estaba muy preparada, y el hecho de tener en el depósito un molino y una peleteadora esperando —porque teníamos en mente desarrollar un sistema de ciclo completo agrícola-ganadero donde íbamos a producir maíz bajo riego y terminar el ganado a corral con nuestras propias raciones, para darle valor agregado al grano de verano, que por aquella época era bastante bajo—, arrancó a funcionar la agroindustria con un molino de raciones en el año 2005.

¿Cómo fueron esos inicios de Silosold?

Empezamos vendiendo raciones para terceros, y luego agarramos una mala racha cuando a la lechería —que eran nuestros principales clientes— se les vino a pique el precio de la leche en 2008 y nos obligó a repensar qué hacer. Ahí incorporamos una prensa para generar extracción de aceite y producir expeler de soja. Eso se siguió ampliando y llegamos a lo que tenemos hoy en día que son ‘dos plantas en una’: una de producción de aceite para generar expeler de soja, y la otra de ración balanceada. Todo esto sin dejar de ser agricultores y ganaderos, aunque bajamos la escala.

Se pudo recuperar bien entonces del golpe que se llevó entre 1999 y 2004.

La recuperación del endeudamiento que se generó, que fue muy grande, desde el 2005 al 2008, con el tipo de cambio muy fuerte a $ 30, obviamente hizo que pudiéramos capitalizar muy rápidamente con los productos agropecuarios y encarar el refinanciamiento con el resto de la deuda a 10 años. Terminamos de pagar en el 2015, por lo que está muy fresca nuestra salida de la crisis. Nos llena de orgullo, pero a la vez nos genera una tristeza terrible tener todo saneado pero no saber qué hacer.

¿Por qué no sabe qué hacer?

Realmente los números no dan, a pesar de que la planta está amortizada y con todo al día. Somos 10 personas trabajando y no me junto con el dinero para abrir la puerta de la empresa. Para dar una referencia de cómo han crecido los costos, en el 2005 para sacar una tonelada de ración del molino tenía un costo industrial de 20 US$/ton; hoy nos cuesta 70 US$/ton. Hay un costo implícito industrial ahí, pero no es el costo porque sí. Uno mira para atrás doce años y el dólar estaba a $ 30, hoy está a $ 28 y si le sumamos la suba de todas las cosas del 2005 a la fecha está la cuenta más que clara.

¿Cómo observa las movilizaciones que se están dando hoy en día?

Creo que mi caso es un poco lo que está sucediendo en todos los sectores, y yo no diría solo el campo. Nosotros hacemos agricultura, ganadería y tenemos la industria, pero además incursionamos recientemente en el auto-consumo con nuestra ración balanceada, lo que no nos traía tanto riesgo. No es que uno no apuesta, que no busque la alternativa o la posibilidad de seguir produciendo; se trata de mantener las empresas para tener la sobrevivencia que uno busca. En las movilizaciones de hoy en día nadie está pidiendo que nos rescaten, simplemente se está pidiendo una posibilidad de rentabilidad.

Hace unos dos años y medio que lo venimos hablando con un grupo importante de Young. No le vemos la salida con el costo país que tenemos, y el costo país no es un slogan. Si vienen subiendo todos los precios, con un dólar a menor precio que el 2005, no se debería ser muy inteligente para encontrarle el problema. Y yo no digo que se arregle sólo con el tipo de cambio, porque sería muy fácil y además perjudicaría a otros sectores.

¿Por dónde se arregla entonces?

Si me apuras, te diría que como en toda familia grande. Desde que volvió la democracia la familia Estado ha ido creciendo, como toda familia, pero el problema es que se sigue con la misma olla para toda la familia a pesar de su multiplicación. El bisabuelo tiene que mantener hasta el bisnieto, lo que resulta inviable. El Estado es muy grande, sigue creciendo y con ello su costo, y desde que yo tengo recuerdo seguimos siendo 3 millones y pocos. Porque con esta estructura Estatal pero siendo 10 millones de habitantes no habría problema porque estaría en equilibrio. El Estado fue creciendo independientemente de quien estuviera de turno, aunque en los últimos años se agudizó el problema con el tipo de cambio. Me gustaría estar frente al mejor economista del mundo y mostrarle nuestra situación para poder decirle: “Dígame Ud., con un tipo de cambio doce años posterior a menos de lo que estuvo, subiendo diez veces los costos de todo, ¿cómo hace para que le cierre la cuenta?”. Ojalá encuentre a algún iluminado que me pueda contestar

Fuente: Agrotemario

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