26 de enero de 2018 13:21 PM
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El Gobierno manda a funcionarios a Bruselas para avanzar en el acuerdo

Ministros y funcionarios de la Argentina y sus socios del Mercosur se reunirán con sus contrapartes de la Unión Europea, el martes 30, en Bruselas, para intentar darle una puntada final al acuerdo de libre comercio que sufrió un nuevo atraso a fines del año pasado cuando se reunieron en Buenos Aires con la intención […]

Ministros y funcionarios de la Argentina y sus socios del Mercosur se reunirán con sus contrapartes de la Unión Europea, el martes 30, en Bruselas, para intentar darle una puntada final al acuerdo de libre comercio que sufrió un nuevo atraso a fines del año pasado cuando se reunieron en Buenos Aires con la intención de firmarlo en el medio de la conferencia de la Organización Mundial de Comercio.

Mauricio Macri se mostró optimista y dijo desde Davos que estaban “cerca de sellar un acuerdo”. De ello habló con su aliada Angela Merkel, quien encabeza el bloque europeo aperturista, y sobre ello hablará hoy con Emmanuel Macron en París, donde tienen cita. “Me voy a reunir con Macron y espero que me dé buenas noticias, porque me han dicho que tenemos una traba con la agricultura”, dijo el presidente sobre algo que en realidad ya sabía. Francia, Polonia e Irlanda están entre los países más reacios a abrir sus mercados a la agricultura sudamericana.

También reconoció las “sensibilidades agrícolas” que hay la comisaria europea de comercio, Cecilia Malsmtröm, quien sin embargo se re- firió en Davos a la “necesidad” de cerrar las negociaciones con el Mercosur antes de las elecciones presidenciales en Brasil de octubre (también un acuerdo con México por otro lado).

Los ministros Jorge Faurie, Francisco Cabrera y el secretario de Relaciones Económicas Internacionales Horacio Reyser, todos en Davos hasta con el presidente Mauricio Macri, hasta ayer, tomarán un vuelo este fin de semana a Bélgica, para el encuentro con Malsmtröm y el comisario agrícola Phil Hogan.

Un funcionario de la comitiva nacional que estaba ayer en Suiza dijo a este diario que esperaba que esta sea ya la “última o anteúltima” reunión de los bloques antes de la firma del histórico acuerdo que se pensó en los 90, estuvo cerrado años y aho- ra lleva década y media renegociándose.

En las últimas semanas, Macron ha dado señales positivas de su esencia más aperturista y europeista. A las pocas semanas de asumir en 2017 afirmaba que había que reabrir la negociación con los sudamericanos -lo que significaría “matarla”- sin embargo ahora dice querer un acuerdo que respete las “líneas rojas”. En Davos habló de plantear “una estrategia defensiva en Francia” pero “ser muy ofensivos en el exterior”, por lo que su país debe apoyarse en la UE.

En las últimas horas algunos embajadores están siendo citados en las capitales que representan para coordinar cuestiones del acuerdo, lo que puede mostrar novedades. Por ejemplo, hoy el embajador en España Ramón Puerta tiene cita con sus cole- gas de la región en el ministerio de relaciones exteriores. Los españoles han trabajado codo a codo con la presidencia argentina para intentar sacar el acuerdo político entre bloques.

En el Gobierno aseguran que lo importante ahora es la existencia de una “decisión política en cuestiones claves para trabajar el acuerdo en las próximas semanas y que salga”. El Mercosur entregó a fines año un borrador nuevo con casi el 90% de su comercio listo para negociar. Pero los europeos volvieron a atrasarse. Los dos bloques comercian ya 80.000 millones de dólares.

El acuerdo se dilata, entre otros puntos, por la cantidad de la oferta en productos como carne y etanol. Brasil y Argentina piden más cupos, pero hay países europeos que se resisten. También hay diferencias en los plazos de desgravación de los productos. La UE quería 10 años, el Mercosur, más gradual, pedía 15 años.

En la lista también se suman cuestiones de propiedad intelectual que afectan a sectores como laboratorios y agroquímicos, que piden cierta cantidad de años de exclusividad para sus productos. Además, hay diferencias porque los europeos exigen “denominación de origen” para productos como vinos, quesos para protegerlos.

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Fuente: Clarin

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