26 de enero de 2018 13:26 PM
Imprimir

La madre de los pinos de Pinamar: “Yo soñaba con forestar el mundo”

De chica soñaba con forestar el planeta. Hoy me dedico a eso”. Samanta Anguiano (41) está a cargo del corazón de Pinamar, el lugar en el que “nace el bosque”. Y no es una metáfora: el vivero que maneja es una nursery enorme de pinos y otras especies, que arrancó de la mano del proyecto […]

De chica soñaba con forestar el planeta. Hoy me dedico a eso”. Samanta Anguiano (41) está a cargo del corazón de Pinamar, el lugar en el que “nace el bosque”. Y no es una metáfora: el vivero que maneja es una nursery enorme de pinos y otras especies, que arrancó de la mano del proyecto de ciudad jardín hace 75 años, cuando Pinamar era todo dunas y no tenían con qué fijarlas. Hoy, sigue vigente. Allí producen entre 50 y 80 mil árboles al año que tienen como destino forestar y reforestar la zona.

En pocos metros cuadrados pueden contarse decenas de miles de pinos. En unas bandejas con forma de huevera, que cuelgan de alambres, están los más chicos, de unos 10 centímetros.

Cada bandeja tiene capacidad para 40 pinos y son muchísimas. Samanta calcula que, solo entre los pequeños, suman 20 mil. Cada una de estas plantas, que son de las primeras que habitaron el planeta en la zona del mediterráneo, pueden alcanzar entre 15 a 25 metros de altura y vivir hasta 150 años.

Samanta está atrás de todo el pro- ceso de producción y lo explica: “Primero, buscamos sustrato en el monte, que es lo que nos va a servir como ´colchón´ para que la semilla germine. Solemos usar arena, resaca de pino, raíces, tierra y le agregamos fertilizante”, precisa.

El paso siguiente es plantar la semilla. Los pinos nacen a los 20 días y después de 9 meses de cuidados dentro del vivero pueden utilizarse para forestar. “Esto es una incubadora gigante que hay que atender los 365 días del año”, agrega Saman- ta, mientras posa para la foto junto a uno de “sus bebés”.

“En general, sembramos en octubre y en julio o agosto del otro año vamos a forestar. Aunque no todos se reubican en ese tiempo. Por eso, cuando van creciendo los vamos trasplantando a recipientes más grandes”, cuenta y señala otro sector del vivero en el que tiene ejemplares de mayor tamaño.

Samanta es una apasionada de lo que hace. Habla de árboles y le brillan los ojos. Es marplatense pero vive desde hace 20 años en Pina- mar. Lleva 15 en el oficio, gran parte ligada a los proyectos de botánica de Pinamar S.A., dueños del histórico vivero. “Estudié biología, viré al paisajismo y terminé especializándome en botánica. Si bien mi tarea es técnica, de producción forestal e investigación, nunca dejo de meter las manos y los pies en la tierra”, agrega Samanta, que además tiene tres hijos: “El más chico viene al vivero. Quiere ayudar a sacar yuyos y termina arrancando plantas”.

Pero los pinos, que le dieron nombre a Pinamar, no son los únicos protagonistas. En los últimos años, otros árboles empezaron a ganar terreno. “El monocultivo satura la tierra. Por eso, comenzamos a pensar en generar bosques más sostenibles y, a la vez, sumar detalles para embellecer el paisaje”, cuenta Samanta, que suele rastrillar Pinamar para ver dónde faltan árboles.

Depende de las condiciones del lugar: “Cerca de lagunas temporales pueden ir bien un ceibo; en zonas más reparadas se puede incorporar un jacarandá o un palo borracho; y en áreas más secas, plantas del norte argentino como la cina cina”, detalla Samanta, que aclara que un 50% de la plantación sigue siendo de pinos. “Pinam ar no es Pinamar sin sus pinos. Son un emblema de nuestra ciudad sobre el que siempre vamos a poner atención”, asegura. ¦

“El monocultivo satura la tierra, por eso empezamos a pensar bosques sostenibles”

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: Clarin

Publicidad