27 de enero de 2018 01:38 AM
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El soldado irlandés que se afincó en San Antonio de Areco

Patrick Island, sobrino de William Carr Beresford, llegó a Buenos Aires en 1806, para la primera Invasión Inglesa, como integrante del 71 de infantería de Highlanders. En el fragor de la batalla, en una calle de Buenos Aires, fue herido por Braulio, esclavo de la familia de don Justo Gómez. El herido fue atendido en […]

Patrick Island, sobrino de William Carr Beresford, llegó a Buenos Aires en 1806, para la primera Invasión Inglesa, como integrante del 71 de infantería de Highlanders. En el fragor de la batalla, en una calle de Buenos Aires, fue herido por Braulio, esclavo de la familia de don Justo Gómez. El herido fue atendido en la casa de la familia Gómez por el doctor Cosme Argerich. En el tiempo de su recuperación se enamoró de doña Bartola “Tola” Gómez, la hija de su anfitrión. Fue confinado por un tiempo en San Antonio de Areco, donde se afincó para dedicarse a las tareas rurales.

En agosto de 1815 se casó con Bartola en Arrecifes, en la estancia de la familia de la novia. Tuvieron 10 hijos. En San Antonio de Areco pasó a figurar como Patricio Isla; allí fue alcalde entre 1824 y 1826. Dejó la alcaldía a raíz de un sumario por una pelea con un lugareño a quien dejó pidiendo agua de los planazos que le dio. Fue censado en 1836 y en 1838 en la casa paterna de su mujer en un solar haciendo cruz con la plaza de San Antonio de Areco. Arrendó campo, donde tenía 500 vacunos y 200 caballos.

Tuvo diferencias políticas que le trajeron más de un problema. Rosas ya tenía conocimiento de las actividades del irlandés, tal es así que el “Informe político” efectuado por el juez de paz en 1831 en San Antonio de Areco lo describe: “Unitario malo, casado, como de 50 años de edad, sabe leer y escribir malamente. Ha sido alcalde de barrio en años anteriores, después alférez de la Compañía de Milicia de Infantería de este pueblo, donde tiene su casa donde reside, en un puesto con un poco de ganado, a tres leguas al norte de este pueblo en el partido de Baradero. Ha sido despojado de su empleo hace poco. Es entregado a la bebida y bastante hablador”.

Así fue como después de 25 años de trabajar el campo, en agosto de 1840, y según lo relata su nieto el historiador Julio A. Costa en Rosas y Lavalle, tomó la hacienda y la caballada, y con sus hijos José Braulio, Francisco y Antonio, peones y algunos vecinos, partió a San Pedro. Allí se presentó al general Lavalle y le dijo: “Este tordillo que traigo del cabresto, apareado a mi moda, es el de mi silla y que espero aceptar para la suya el señor general Lavalle, en recuerdo de este veterano irlandés de 1806. El tordillo se llama Ulster Chief, es manso como una oveja y como fiera en la atropellada”.

Quedó en las filas de Lavalle como capitán. Dirigió en 1840 la defensa de San Pedro y continuó unido a las fuerzas unitarias como comandante. Luego de participar en la Batalla de Quebracho Herrado, el 28 de noviembre de 1840, donde Lavalle fue derrotado, se asiló en el convento de San Francisco, en Catamarca. El 6 de abril de 1841 fue ubicado por tropas federales y en la esquina del convento lo fusilaron.

Escribió su nieto Costa: “La gigantesca talla y la hermosa presencia del abuelo eran proverbiales entre las antiguas familias a las que estaba vinculado por su matrimonio? Además, el Viejo, de buena cepa como sus camaradas, no necesitaba ser descendiente porque supo ser antecesor. Por su alta estatura física y moral y hasta por su tosca envergadura, era tronco y no rama”.

Por: Emiliano Tagle
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Fuente: La Nacion

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