17 de febrero de 2018 12:21 PM
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Zona técnica: monitoreo e insectos benéficos

En girasol es clave conocer las plagas que atacan el cultivo

Soy asesor de Agroestudio Viento Sur SRL, socio de la Regional Aapresid de Necochea y de Aappce. En la campaña en curso, en nuestra zona los cultivos de girasol y soja suman el 45% de la superficie agrícola (30% y 15%, respectivamente), siendo el resto de la superficie sembrada con maíz, trigo y cebada (20, 26 y 9%, respectivamente). En girasol y soja, la plaga fitófaga más importante suele ser la isoca medidora ( Rachiplusia nu), que causa un daño indirecto en el rendimiento por defoliación de la planta.

La herramienta más importante para el manejo de la isoca es el conocimiento, esto es de la biología de los cultivos, de la plaga, de las condiciones ambientales, los umbrales de acción, del estado del cultivo y de la presencia y evolución de las poblaciones de la plaga y de sus controladores biológicos, y de las herramientas para su control, culturales y químicas. Una vez que ya estamos en la cancha jugando el partido, con un cultivo establecido, el monitoreo se vuelve imprescindible para la mejor toma de decisiones.

Un monitoreo preciso y periódico que nos permita ir viendo la película del cultivo (no una foto puntual), de la dinámica poblacional de la plaga, del daño que está causando y de los benéficos presentes para ponerle números a todo esto y seguir su evolución. Es muy importante esto último, no podemos dejar de ponerle número también a los benéficos, entre los cuales solemos encontrar parasitoides ( Cotesia bourquini, Casinaria plusiae, Copidosoma floridanum, etcétera), entomopatógenos ( Nomuraea rileyi, virus, bacterias, etcétera) y predadores (arañas, crisopa, Orius insidiosus, Geocoris sp, Nabis sp, Podisus nigrispinus, vaquitas, etc).

En los protocolos de monitoreo de Aappce se ha incorporado una escala de anotación de insectos benéficos en los cuales de 0 a 3 indicaría que los benéficos presentes se encuentran en poblaciones de baja importancia, de 3 a 6 poblaciones que podrían contener un ataque leve y de 6 a 10 que las poblaciones presentes estarían cumpliendo un papel importante en el control de la plaga. En muchas ocasiones hemos podido evaluar y analizar la importancia de los benéficos al ver cómo va conteniendo ataques leves de isoca medidora.

En otros casos hemos podido ver como el uso de insecticidas no selectivos para el control de otras plagas (tucuras, trips) en etapas tempranas de los cultivos generan una situación favorable para el desarrollo de medidora y hemos tenido que realizar una aplicación más de insecticida ese ciclo, lo cual se puede asociar a que se haya afectado a la población de insectos benéficos.

Todo esto lleva a la importancia de, llegado el caso de la necesidad de un control químico, seleccionar los insecticidas específicos para la plaga a controlar, en el momento adecuado y con una buena calidad de aplicación. Siempre tomar las decisiones basadas en el conocimiento y la información de los monitoreos. En nuestra zona, en promedio debemos realizar controles químicos de medidora una vez cada diez años en el cultivo de girasol, y una aplicación por año en soja, pero en este cultivo con una variabilidad de 0,7 aplicaciones por hectárea por año a 1,5 aplicaciones.

Hagamos apología del monitoreo, apostando a la protección profesional de nuestros cultivos, del ambiente y de nuestra sociedad.

Por: Esteban Bilbao
Fuente: La Nacion

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