9 de marzo de 2018 17:44 PM
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Gustavo Grobocopatel, y su rol de artista: “En la música soy uno más”

“El hecho de cantar me demanda una sensación física que no tiene comparación. Es como estar vivo en cada milímetro cuadrado de tu cuerpo”. Gustavo Grobocopatel sabe de medidas. En su rol de empresario está al frente de Los Grobo, uno de los grupos económicos de producción y de exportación agroindustrial más fuertes de la […]

“El hecho de cantar me demanda una sensación física que no tiene comparación. Es como estar vivo en cada milímetro cuadrado de tu cuerpo”. Gustavo Grobocopatel sabe de medidas. En su rol de empresario está al frente de Los Grobo, uno de los grupos económicos de producción y de exportación agroindustrial más fuertes de la región con cerca de 200 mil hectáreas de explotación.

Pero los negocios no son su única versión. Desde hace más de 20 años, el hombre nacido en Carlos Casares, y conocido como “El Rey de la soja”, se desdobla para darle vida a su principal fuente de disfrute: la música. Como parte del Dúo Morán-Grobocopatel y el Trío Cruz del Sur, el cantante se presentará el próximo 21 de marzo a las 20.30 en la Sala Redonda del Centro Cultural 25 de Mayo -Triunvirato 4444-, donde este sábado actuarán Gustavo Hernández y Las Cruces de Plata y por donde ya pasó Cucuza Castiello.

Los conciertos -que forman parte del ciclo Entramados- servirán para mostrar las dos patas de un mismo artista: una vinculado a la música de cámara argentina y la otra, al folklore. “Me pasan cosas raras. Hay gente que me reconoce más como músico que como empresario. El otro día viajé en avión con Vicentico, a quien admiro, y me dijo: ‘Vos sos el que canta, ¿no?'”, asegura Grobocopatel sobre esa mirada periférica que siempre lo devuelve al lugar desde donde partió: el mundo de los negocios.

Periodista: ¿En qué momento de su vida aparece la música?

Gustavo Grobocopatel: Mi casa no era un espacio musical. Pero tuve la suerte de tener una maestra en la secundaria que nos entusiasmó a varios para hacer un coro y nos llevó a que nuestra vida afuera de la escuela tuviera que ver con la música. En esa época cantábamos cosas de Sui Generis y Almendra.

P.: ¿Cómo fue recibido esto en su casa?

G.G.: Fue muy llamativo. Era algo disruptivo. Mis viejos, en un momento, no sabían si me iba a dedicarme a la música o a la empresa; con todo lo que eso conlleva. Por suerte, ahora son mis principales fans. Recuerdo que una vez Ramón Ayala tuvo la deferencia de invitarnos a cantar en el Congreso y la gente nos aplaudió de pie. Ese día, mi viejo me dijo: “Me di cuenta de que son buenos porque no hay ningún familiar”.

P.: Hace poco sufrió la pérdida de su maestra, Lucía Maranca, con quien integró el dúo durante 20 años. ¿Cómo es seguir sin ella?

G.G.: Todavía estoy de duelo y creo que es algo que no se va a terminar. Era alguien muy importante para mi vida. Pero seguir fue una decisión de ella y nosotros nos damos cuenta de que vuelve a vivir cuando cantamos y evolucionamos. La pérdida me llevó a pararme desde un lugar distinto. Y es algo muy interesante porque por más que ella decía que ya había dejado de tomar clases, me sigo sintiendo su discípulo. Ahora tengo la oportunidad de hacer algo con Carlos Morán, que es un par, y eso algo nuevo.

P.: ¿Cuáles son las principales interpretaciones del dúo?

G.G.: Estamos recreando el repertorio de música de cámara argentina e incorporando milongas de Borges y de Guastavino. Pero en general tratamos de recorrer desde el movimiento más nacionalista hasta lo más contemporáneo. Hacemos un mix.

P.: ¿Qué fibra le toca la música?

G.G.: La música es búsqueda y encuentro. Con Atahualpa Yupanqui y Martha Argerich, me emociono; con el Cuchi Leguizamón, los hermanos Nuñez, Erik Satie y Billie Holliday, me sorprendo. Como artista prefiero la emoción al aplauso. Me gusta esa situación de terminar un concierto y que venga alguien con una profunda reflexión sobre su infancia.

P.: ¿Cómo analiza el recorrido que hizo hasta ahora en la música?

G.G.: Fue un camino largo. No le di mucha intensidad. Nos llevó más de 20 años lo que a otros les lleva cuatro. Pero nunca me sentí presionado.

P.: Hay muchas personas que son exitosas en otros ámbitos y utilizan su nombre para hacer palanca en otros espacios.

G.G.: No fue mi caso. Tengo mucho respeto por la música y demasiada consciencia de lo que soy y lo que puedo hacer. Lo hago desde mi verdad. Soy parte de un colectivo y tengo mis particularidades. Pero soy uno más. En las empresas es igual. El que se la cree mucho toma mayores riesgos y termina cayendo por su propio peso.

P.: ¿Qué cree que se puede aplicar en los negocios desde el arte?

G.G.: Todo. Muchísimo más de lo que uno se imagina. La educación artística debería ser obligatoria en las escuelas. Pero no para hacer artistas sino para que se desarrolle el pensamiento artístico en las personas comunes. Para aprender a escuchar y ser escuchado. Es un lenguaje más emotivo. Tiene que ver con la sensibilidad, la creatividad y la innovación. Apoyo mucho a las orquestas infanto-juveniles. Es la mejor forma de, justamente, formar a los jóvenes. Es trabajo en equipo, liderazgo, responsabilidad. Ser nosotros. Son características, habilidades y aptitudes, requeridas para el mundo del trabajo. Y también para la vida.

Gustavo Grobocopatel.

La oficina donde Grobocopatel recibe a AGENDATE es modesta. No hay aire acondicionado. Pero la vista vale más que los 24 grados estándar que puede ofrecer un electrodoméstico próximo a sufrir una extinción parcial durante los próximos seis meses. El techo del Luna Park no es tan atractivo como cuando se ve desde adentro -la magia del espectáculo-; pero el Río de la Plata siempre es un bálsamo para la polución visual del bajo porteño.

En la biblioteca se mezclan un libro de ecointegración de América latina con uno de Freud, otro de William James y uno de Gardel. Resumen bibliográfico: lo verdadero es un sueño, y Argentina es un tango. “Más bien somos fabricantes de pobreza”, asegura Grobocopatel a la hora de hablar sobre la crisis local. “Me cuesta dar una respuesta sin colocar a este periodo dentro de la historia. El país, en las últimas décadas, ha creado pobreza. Fue un proceso de gobiernos democráticos y militares. De radicales y peronistas. Me parece que este gobierno está tratando de dar vuelta la página a través de una idea de república. Hay un Congreso más independiente, un poder judicial más actico y un ejecutivo preocupado por la gestión.

P.: Se lo critica por ser un gobierno de ceos. ¿Qué opina al respecto?

G.G.: Una parte puede ser criticable y la otra es loable porque es gente que quiere gestionar y ser eficiente a través de un gobierno que está tratando de integrarse al mundo, porque cerrarse es empobrecerse.

P.: El problema es que el país ya tiene un tercio de pobres.

G.G.: Se ha decidido salir del problema estructural que tenemos de una manera gradual. No salir desde el shock, que es lo que se hizo siempre. Podemos preguntarnos si lo hacen porque son buenos o porque no tienen otra opción.

P.: ¿Y cuál es la respuesta?

G.G.: Que está bueno intentarlo. No sé si va a funcionar porque hasta dentro de cuatro años vamos a seguir teniendo déficit. Claro que a nadie le gusta endeudarse, ¿pero esto es lo definitivo? No. Este proceso va a permitir que ese estabilicen las variables macroeconómicas para que haya inversión y progreso posterior y una inversión mayor en educación y reinserción de esa masa de gente en la pobreza.

P.: ¿Se considera una persona optimista?

G.G.: Soy optimista y hay que confiar a largo plazo. No sé si este gobierno va a ser reelegido, pero si viene otro, sea de donde sea, tiene que mantener la dirección que tomó este barco. Cambiar las direcciones nos llevó a generar más pobreza.

P.: Los Grobo factura cerca del millón de dólares. ¿Cómo se para su empresa en esta actualidad?

G.G.: El sector agropecuario es uno de los sectores que más se desarrollan en la Argentina. Y Los Grobo deberían ser líderes. Y en eso estamos estructurándonos. Estas crisis traen sacudones y rearmados. Es parte de la evolución de las empresas.

P.: ¿Se puede criticar o hay que acompañar siempre?

G.G.: Hay que criticar, pero el problema que tenemos es que somos una sociedad que discute a los gritos para tener razón. Y tenemos que discutir en voz baja para aprender. Entonces, si podemos tener un debate poniéndonos en el lugar del otro, vamos a salir. He visto en el mundo países que salieron de situaciones mucho peores que las de Argentina, y en muy corto plazo.

P.: En esta semana se están cumpliendo 10 años de la 125. ¿Cómo recuerda el conflicto?

G.G.: Fue un momento durísimo. Muy triste. Perdimos todos. Nos quedamos sin dar un salto importante. La Argentina tenía saldos exportables positivos. Era el momento para bajar la pobreza, para hacer obra pública, para armar empresas de calidad y abrirse al mundo. Había apoyo popular. Pero hubo una mala calidad en la gestión del gobierno de Cristina y también prejuicios ideológicos. La 125 fue una manifestación trágica. No era un problema de los productores, era un tema de la sociedad.

P.: ¿Fantasea con entrar en la política pública?

G.G.: No me gusta la función pública porque requiere tiempo y esfuerzo. Y estoy en un momento más para mí, que para afuera. No tengo un problema de ego, sino de encontrarme con el sí mismo, como diría Jung. Hay que aprender a abrirse sin prejuicios. No hay que perder la diversidad. La posibilidad de conectarse con lo distinto, te hace crecer.

Ambito Financiero

Fuente: Agromeat

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