17 de marzo de 2018 18:21 PM
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Un campo tonificado a pesar de la sequía

La experiencia enseña que el resultado de las actividades agropecuarias no debe medirse por las bondades o los infortunios de un año

La expectante multitud que recorrió el predio de la 12» edición de Expoagro en San Nicolás, ávida por notificarse de las nuevas tecnologías aplicadas a los cultivos y a la maquinaria agrícola, contrastó su ánimo con el que produce el pavoroso estado de la soja y los maíces en los campos aledaños a la ruta 9, principal vía de acceso a esa localidad del norte bonaerense. La muestra se clausuró anoche, después de cinco jornadas, en medio de nuevas constataciones de la pujanza inveterada de los productores agropecuarios, que no declina ni ante el más adverso de los contextos climáticos modernos que se recuerden de un verano en amplias zonas de la Argentina.

Se sabe que Expoagro es uno de los mayores acontecimientos mundiales en su tipo y eso explica la cantidad de visitantes extranjeros que concurrieron para conocer y realizar negocios que confieren vitalidad a las cuentas del país, en las que habrá este año una merma de miles de millones de dólares por la severa sequía. A la gente que viene de ordinario desde el extranjero a esta muestra se sumaron más de 70 funcionarios con responsabilidades en materia agrícola ganadera y ambiental del G-20, cuyos jefes de Estado se reunirán en 2018 en la Argentina, bajo la presidencia del ingeniero Mauricio Macri.

Con 202.000 metros cuadrados dispuestos para servir a 415 expositores, esta edición de Expoagro ha sido la mayor que nunca se hubiera realizado y la primera con avenidas y calles pavimentadas y estructuras de carácter permanente según lo convenido por 15 años con el municipio de San Nicolás. Desde pulverizadoras con estaciones meteorológicas que informan en tiempo real sobre la calidad y exactitud de las aplicaciones, con el objetivo de que se cumplan las más exigentes normas de protección ambiental; desde la presentación en estado experimental de semillas mejoradas no por vías transgénicas, sino por modificaciones de su propia estructura molecular, hasta las últimas novedades en maquinarias agrícolas robotizadas, el campo se mostró aquí en la plenitud de su potencial vanguardista. La gobernadora María Eugenia Vidal y el presidente Macri calificaron al campo de “motor del cambio en la Argentina”, y reafirmaron a sus actores: “No están solos”.

Hubo, entre otros, anuncios sobre la disposición de los bancos oficiales a tratar las deudas de los productores y empresas agropecuarias afectados por la sequía con prórrogas automáticas de los pagos y financiamientos especiales. Pero ningún anticipo arrancó de los concurrentes a la exposición más aplausos que el del ministro de Agroindustria, Luis Etchevehere, cuando hizo saber que se derogaban no menos de cuatro registros en cumplimiento de cuyas obligaciones se perdían periódicamente horas y horas de trámites burocráticos superpuestos y, en definitiva, inútiles. Desarmar la máquina del Estado de impedir el trabajo de quienes quieren trabajar, desarticular una por una las piezas de retorcidas reglamentaciones por las que se trababa la eficiencia de la producción, se incentivaba la corrupción y se colocaba a los agentes de la vida agropecuaria en situación de recibir sanciones por un mero error en el llenado de planillas fue el testimonio aquí más rotundo de que se puede creer en la voluntad de cambio que se proclama desde el Gobierno. Los cambios más celebrados son a veces los menos onerosos.

El Presidente inauguró oficialmente la exposición después de que, la noche anterior, en la comida de los expositores, la gobernadora Vidal puso de manifiesto sus habilidades para conectarse con las audiencias: apelación a datos duros sobre qué hace el gobierno, revestidos de la emoción suficiente para conquistar a quienes escuchan, y también para eso, encarnando en una mujer o en un hombre del común el ejemplo de que hay una Argentina dispuesta a la solidaridad y al perfeccionamiento personal al margen de la otra Argentina: la de quienes bajan los brazos y esperan todo de los demás, especialmente del Estado. En esa situación de tener que hablar a los productores a renglón seguido de la figura que suscita ante terceros la mayor atención dentro del elenco oficial de gobierno, el Presidente respondió bien. Se lo observó con mejor humor, con más calma interior y aptitud más convincente para transmitir ideas que en otros momentos de sus dos años de gestión presidencial.

La cosecha gruesa de la campaña 2017/18 ha comenzado. Dentro de las pérdidas generalizadas que se producirán ya pueden estimarse, con todo, algunas conclusiones. El maíz sembrado en tiempo convencional, entre mediados de septiembre y principios de octubre, tendrá resultados aceptables, pues arrancó con importantes reservas de aguas y recibió lluvias hasta principios de enero. Los maíces tardíos o de segunda, mal, igual que la soja de segunda, la que se siembra sobre rastrojos de trigo u otros cultivos. En cambio, la soja de primera logrará en general salvar gastos y dejar alguna ganancia a los productores que trabajan en campos propios. La gran incógnita es cómo saldrán de esta campaña quienes han hecho esas mismas tareas en campos alquilados, que representan más del 50 por ciento de las tierras bajo regímenes de cultivo. Por lo demás, en dos o tres meses se conocerán con exactitud las dificultades que afrontarán, por falta de pastos, los campos ganaderos. Comienza a observarse, como anticipo de ese cuadro, alguna sobreoferta en la venta de animales.

Esta versión de Expoagro ha vuelto a constituirse en una síntesis del nivel tecnológico del campo argentino y en ámbito comercial que llama la atención de los extranjeros por la cantidad de negocios que se cierran allí mismo. Si de algo se habló aquí es de que por su propio carácter el resultado de las actividades agropecuarias no debe medirse por las bondades o infortunios de un año, sino por los promedios obtenidos en las tres o cinco últimas campañas. Así lo enseña desde siempre la experiencia.

Fuente: La Nacion

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