26 de marzo de 2018 12:17 PM
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Por la seca hay más faena, consumo y exportaciones

Gran parte del crecimiento que manifiestan los indicadores ganaderos son consecuencia de la sequía que empuja al desprendimiento de hacienda, lo que presiona las cotizaciones. En la otra punta de la cadena, frigoríficos y matarifes pelean por la distribución de un ingreso que se achica.

En las cuentas oficiales, los indicadores ganaderos dan resultados positivos. Hay más faena, producción, exportaciones y consumo de carne vacuna, pero eso es consecuencia de la seca y no de la mayor productividad, de una mejora en el ingreso de la población o de más competitividad exportadora.

La seca explica la mayor parte del aumento de la faena en el bimestre enero-febrero, cuyo incremento fue de 12%; en tanto la producción de carne subió 13% y alcanzó casi el millón de toneladas res con hueso, lo que podría significar que se alcancen las 3 millones de toneladas este año. Mientras tanto, el consumo promedio ponderado por habitante se ubicó levemente por encima de los 60 kilos, con un incremento porcentual menor, de apenas 9%, lo que significa que una mayor parte de la carne producida tuvo como destino la exportación.

Ese dato en principio es positivo. La cuestión es que lo que se está exportando es carne de vaca al gran comprador mundial, China, donde se envía el 50% de los embarques argentinos. Hay más exportaciones porque el gigante asiático no para de incrementar sus compras, pero sobre todo porque el productor está vendiendo la vaca que no puede retener y eso lo verifican los números de faena del Senasa, según los cuales en el último mes los envíos de esa categoría aumentaron 20%. Es muy probable que en los meses que vienen, lo que queda de marzo, pero sobre todo en abril y mayo, la oferta de la categoría vacas sea todavía mayor luego de que los criadores hagan los tactos correspondientes.

Los datos oficiales respecto de las cotizaciones de la hacienda también explican la realidad ganadera de este verano y principios del otoño. El aumento del valor nominal del ternero de invernada en febrero de 2018 versus el que había en febrero de 2017 fue del 22%, pero medido en términos constantes, cargada la inflación, hubo un retroceso del ternero del 3%, que podría ser peor en tanto la zafra se siga desarrollando en un escenario de intensa sequía que está obligando a vender antes y con menos kilos a los terneros. Y no es la única contra, también está generando una fuerte oferta de gordo que pincha los precios y anula la posibilidad de una mejora de las cotizaciones justo en el momento del año en el cual se suelen dar esos incrementos como consecuencia de la menor oferta estacional.

La zafra está en marcha y abril será un mes clave para la comercialización. Lo que se observa es que hubo un cambio en la actitud de los operadores. Por un lado los feedloteros están esperando a que pasen las semanas para ver qué pueden comprar a los precios que les resulten convenientes según sus costos. Además, los engordadores dejaron de preferir el encierre de las terneras por las complicaciones que tiene esa categoría para llegar a los 300 kilos, límite de peso que será más controlado en los próximos meses por los organismos públicos.

Por otro lado, tampoco hay mucha demanda por el ternero más liviano, el feedlot no lo quiere por los mismos motivos por los que rechaza a la hembra, pero por la falta de pasturas a raíz de la seca tampoco hay mucha demanda de los recriadores. Así las cosas, los valores son inferiores a los que había y podrían caer más con el paso de las semanas.

En cuanto a la venta de la hacienda para faena, según los números que difundió el Ministerio de Agroindustria de la Nación, entre febrero de 2017 y el mismo mes de 2018 hubo un incremento del precio nominal del novillo del 21%, pero si se actualizan los valores por inflación se observa una caída del 4%. Eso pese a la recuperación de valores que se dio en el segundo mes de 2018, que fue en términos reales del 7%.

No se espera una mejora en el precio del gordo en función del comportamiento de la oferta y la demanda. En los últimos años la mayor suba se concentró en el período que va entre el fin del verano y el inicio del otoño, pero por la seca está cambiando todo: se adelantó la venta de la vaca y los encierres son más necesarios por la falta de pasto. Quizás entonces sea posible esperar una mejora en los precios hacia el invierno, cuando no haya vacas ni todavía esté lista la hacienda de los corrales. Eso al menos esperan algunos consignatarios, por ahora el mercado tiende a la chatura aunque algunas categorías se puedan defender mejor que otras de la presión que genera la sobreoferta.

En el último año la ganadería volvió a perder rentabilidad, lo mismo que había sucedido el año pasado. Se vive todavía de los efectos positivos que tuvo la salida del cepo que la actividad sufrió durante años y que dieron gran impulso al sector por la mejora de la renta, pero sobre todo porque se generó un horizonte de expectativas favorables. El productor volvió a sentir que había un futuro en la producción de hacienda vacuna y apostó como suele hacerlo en esos casos.

Pero tras un 2016 de euforia, donde parecía que el boom ganadero no tenía vuelta atrás, la ilusión comenzó a dar paso a la realidad y mientas la macro no acompañe y no se hagan las correcciones de fondo necesarias en el sector y en la economía argentina, se seguirán repitiendo muchos de los problemas que el país arrastra hace años, entre los que se pueden mencionar la alta presión fiscal, la carga tributaria y la ineficiente respuesta de muchos organismo públicos, la falta de infraestructura que encarece todo y la falta de ayuda del Estado para enfrentar inundaciones o sequías en las cuales el productor corre con el riesgo y, por lo que sucedió y quedó claro en los últimos años, asume solito todas las pérdidas.

 

La puja distributiva entre frigoríficos y matarifes
En la provincia de Buenos Aires, donde se concentra la mayor parte del rodeo, de la producción y del consumo de carnes, una treintena de empresas nucleadas en Cadif (Cámara de Industrias Frigoríficas) decidieron comenzar a cobrar por el servicio de faena, lo que ya estaba sucediendo en otras provincias.

Lo que se intenta es percibir cuatro pesos más IVA por kilo producido a cada matarife y luego reintegrarle dos pesos más IVA por venta de subproductos. El diferencial no es de $2 sino de $2,62,  ya que el IVA es de 21% en un caso y de 10,5% en el otro.

Muchos dudan de que se pueda implementar, otros lo descartan de cuajo. Si fuera así, seguramente se intentará por otra vía. El punto es que se está visibilizando otra realidad en el sector, que es la falta de rentabilidad de la industria, que se volvió obsoleta y poco productiva por la falta de inversiones.

Los directivos de Fifra, la entidad que nuclea a los frigoríficos de Córdoba y Santa Fe, señalaron que “desde mediados de 2015 el precio del cuero no paró de bajar. En términos nominales la reducción de su valor en pesos es del 100%, pero en dólares es todavía mayor, hoy el cuero sale el 25% de lo que costaba hace dos años”. En efecto, teniendo en cuenta los datos del Ministerio de Agroindustria, hace 3 años por cuero de novillo el frigorífico percibía U$S1,70, mientras que en la actualidad ese precio es de U$S0,50, por lo que la caída fue del 70% medida en la moneda norteamericana, cuando en Estados Unidos su valor es de U$S2,08.
Agroindustria refleja además la distorsión que hay en el negocio interno del que fuera el primer subproducto de la industria. Es que la diferencia entre lo que se paga en el mercado mundial y lo que cobran las fábricas locales obedece a una intervención a favor de las curtiembres que lleva décadas y que este Gobierno no corrigió, lo que resta ingresos a la industria y eso significa menos poder de compra de la hacienda o la necesidad de compensar el menor ingreso con precios más caros de la carne, o en caso contrario asumir mayores pérdidas.

Los técnicos de Fifra explicaron cómo son las cuentas de las fábricas: “El costo de la faena depende de cada planta, de cuan moderna sea, de su cantidad de empleados y otras cuestiones pero, en resumidas cuentas, se puede decir que actualmente va de los cuatro a los seis pesos por kilo producido, mientas que en promedio se cobran dos pesos por la suma de la venta de cueros, sebos y achuras. Esa diferencia es la que llevó a que la mayoría de las empresas hayan comenzado a cobrar a los usuarios por el servicio de la faena”. Daniel Urcía, titular de la entidad, dijo al respecto: “Para ser claros, el que no cobra el servicio es difícil que no esté en una situación de quebranto”.

Fuente: El Diario de La Republica

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