4 de abril de 2018 11:27 AM
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Esperan el avance del precio de la carne en época de vacas flacas

Los efectos del fenómeno climático todavía no han impactado a pleno en las góndolas de los supermercados, pero no tardarán en llegar, sobre todo de la mano de la carne, sector al cual el mal clima le está ofreciendo "momentos confusos".
Si bien la venta de carne en las carnicerías en los primeros días de febrero tuvo un aumento en los valores, éste se fue nivelando con la sequía, que generó mucha oferta en el mercado. “El tema es saber que pasará después”, advirtió el economista del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), Miguel Jairala.
Según explicó el experto, por el mal clima el mercado tiene una gran oferta de animales, pero se trata una hacienda que llega a la plaza con mala calidad de terminación y que sirven para exportación o para un consumo de un poder adquisitivo un poco más bajo, pero que no es lo que está acostumbrado el consumidor de la Ciudad de Buenos Aires y esa mercadería puede llegar a subir cuando se acabe lo que se encerró a fin de año pasado. Es decir que la demanda buscará hacerse de las mejores cabezas de ganado y para eso pagará más. Valor que se trasladará a las carnicerías.
“Cuando la inflación se pare un poco y la carne escasee producto de la sequía, el atraso será otra cosa”, dijo el economista.
“Los precios de la carne van a sufrir una aceleración. Primero, porque en el sector ganadero se deterioró bastante la rentabilidad frente a la suba de costos y porque los emprendimientos ya están empezando a incluir el impacto de la sequía”, planteó Guillermo Villagra, director de la cosultora agropecuaria ‘OpenAgro’.
El titular de una de las principales cámaras sectoriales también se refirió al tema: “Los costos para el sector subieron más que los precios de la hacienda. Si la sequía, que ya es la peor en varias décadas, se agrava, entonces esto se va a notar más rápidamente en las carnicerías”.
Desde la localidad de Pila, en la provincia de Buenos Aires, en plena cuenca del Salado, Mariano, unproductor ganadero resaltó que “la situación es complicada. Hoy no hay campo para hacer retención de vientres, se vendió el destete temprano para aliviar la carga en los campos y el mismo no fue repuesto”. A partir de esto, todo lleva a pensar que habrá menos vaca y vaquillonas en este otoño.
Carlos quien tiene su establecimiento en la localidad bonaerense de Rauch trazó “un panorama muy malo para el invierno dado que no hubo posibilidad de sembrar nada de forraje por la falta de lluvias”.
Los ingenieros agrónomos Juan Elizalde y Sebastián Riffel analizan hoy para el sitio ‘Valor Carne’, las consecuencias de la crisis climática, y afirman que “castigada por una sequía severa, la ganadería argentina atraviesa momentos confusos en todas sus etapas productivas”.
 
Explican que:
– en la cría, la zafra de terneros viene adelantándose generando animales más livianos por destetarse más jóvenes y con menor desarrollo al pie de la madre, y que de no mejorar las condiciones de los campos, el proceso llevará inexorablemente a una pérdida del estado corporal de las vacas previo y durante el parto.
– los resultados de los tactos vienen arrojando resultados dispares, pero en general hay deterioros del 4-5 a 20 puntos porcentuales, aumentando el número de vacas vacías que saldrán a la venta. Además, se venderán muchas vacas flacas pero sin saber si están preñadas, dado que más del 60% del total de la categoría en la Argentina tiene el toro todo el año y no se diagnostica.
– el stock de vacas preñadas bajará antes del invierno porque no habrá forma de sostenerlas en el campo.
Afirman además que las consecuencias de la sequía aún no se han manifestado totalmente, que es probable que la faena siga siendo elevada y sostenida por las vacas flacas que generarán una menor producción de carne y una menor preñez para la parición 2019.
– En la etapa de la recría y el engorde, la situación es aún más confusa. En primer lugar, el aumento de la faena en enero-febrero (13% más que el año pasado) estuvo compuesto mayormente por hacienda liviana terminada a corral, encerrada en noviembre-diciembre, cuando no había sequía. Este fenómeno, puede ser el arrastre de la mala situación forrajera derivada de las inundaciones de otoño-invierno 2017, sumado a un clásico estancamiento de los precios durante la primavera.
En cuanto a la actual sequía, la consecuente suba del valor del maíz está presionando a la baja el precio de la reposición, sobre ofertada por la falta de forraje en los campos de cría. Sin embargo, la depreciación del ternero ya no alcanza a compensar la suba del grano y la ecuación recién cerrará cuando se incremente el precio del animal terminado, tal como ha sucedido en las sequías de 2001 y 2008, y durante la suba abrupta del maíz de 2007.
“¿Cuándo subirá el gordo? Cuanto antes se note que hay menos maíz, por la baja de la cosecha, más rápido deberá ser el ajuste en el precio en el animal terminado. Obviamente los matarifes y frigoríficos tratarán de mantener los precios actuales el mayor tiempo posible como para armarse de un “colchón” al que habrá que echar mano cuando la escasez de la categoría lo haga insostenible y obligue a competir a través del precio”, afirman.
Advierten también sobre el desfinanciamiento que no permite hacerse de alimentos como para seguir comprando terneros y garantizarse una buena provisión de gordo barato.
El otro sector preocupado por hacerse de materia prima, siendo el que más va a sufrir a largo plazo la falta de recría, es la exportación. Advierten que “si no aparece una señal de precio para el animal de exportación en lo inmediato, muchos terneros serán derivados al consumo liviano y la recría disminuirá sustancialmente afectando la oferta de la categoría en 2019”.
Las dudas que se plantean en este contexto son ¿cuánto disminuirá la producción de carne en 2018/19? y ¿Cuál será el efecto de arrastre sobre la de 2019/20?
Concluyen con números contundentes: “la menor disponibilidad de forrajes y el aumento del precio del maíz pueden provocar importantes mermas en la producción de carne. Si bien la magnitud es difícil de predecir, en términos estimativos la proveniente de machos, vaquillonas y vacas para faena podría disminuir un 10 a 15%. Es decir en unas 280 a 360 mil toneladas, distribuidas en un 60-70% este año y un 30–40% de arrastre para el 2019.
Esto no implica que la oferta de carne baje en esa proporción. Es probable que se mantenga a través de un aumento de la faena apelando a una liquidación del stock (vacas vacías, flacas preñadas, etc.), hecho que repercutirá negativamente a futuro, en la producción 2019-2020″.
Fuente: Urgente 24

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