12 de abril de 2018 23:54 PM
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Avances tecnológicos no logran controlar costos de producción avícola en Argentina

De acuerdo con el Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo (CINCAP), los avances tecnológicos y la calidad en producción, no han podido contra el aumento en los costos de la producción nacional.

El Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo (CINCAP) reveló que en la actualidad las aves tienen un peso promedio de 2,6 kg. en tan sólo 42 días de crianza en los que consumen un promedio de 4,6 kg. de alimento. Mientras que en la década de los ’60 los animales lograban unos 2 kilos a los 80 días de edad y consumían 5,8 kg. de alimento.

Esto significa que hoy se obtienen especímenes un 30% más grande en la mitad del tiempo con un ahorro del 20,7% en insumos alimenticios. Para la entidad, en las últimas cuatro décadas “la industria avícola han provocado una revolución en el abastecimiento de la proteína animal”.

Las conclusiones del relevamiento indican que por las mejoras en la industria “se obtiene un pollo con 600 grs. más de peso en 30 días menos de crianza y consumiendo 600 grs. menos de alimento por ave“. Sin embargo, hoy al productor las cuentas no le cierran.

Aunque parezca una buena noticia, pone blanco sobre negro la crisis que vive la avicultura en la Argentina, donde los avances tecnológicos y la calidad en la producción, no pueden contra el aumento incesante en los costos que se terminan trasladando a los precios que paga el consumidor final.

Más por menos

De acuerdo al informe, “el crecimiento de las aves obedece a las mejoras en la producción avícola industrial, la cual está basada en cuatro pilares fundamentales: la genética, la nutrición, el manejo de las aves y la sanidad”.

Además, la CINCAP se encarga de resaltar que “este fenómeno no se debe, como se cree popularmente, a la utilización de hormonas o anabólicos para aumentar el peso de los pollos, ya que éstas están prohibidas tanto en nuestro país como en el resto del mundo”.

Los números no cierran

Los productores coinciden en que en la industria del pollo nadie fija precios más que el juego entre la oferta y la demanda. Y como la primera se redujo por efecto de la sequía, que trajo aparejadas altas temperaturas y como consecuencia la mortandad de animales, la segunda siguió subiendo.

A esta coyuntura climática hay que sumarle el aumento en el precio de los granos, alimento básico de las aves, que desde el primer día del año registró subas del 35,2% para el caso del maíz (de $ 2.700 por tonelada el 2 de enero a $ 3.650 el 9 de abril en Rosario) y del 36,6% para el caso de la soja (que pasó en el mismo período y puerto de $ 4.755 a $ 6.495).

La ecuación tiene otros componentes que también generan la necesidad de sacarle punta al lápiz: los aumentos en las tarifas de servicios públicos y el transporte. Sólo en el caso de la luz los incrementos estuvieron en el orden del 70% en dos tramos (diciembre y febrero). A esto hay que sumarle los tres retoques al alza para los combustibles que acumularon un 13,5%, en promedio en el primer cuatrimestre.

Valores devaluados

A la fecha, un productor pierde plata, según consignan en el sector. Sucede que un cajón de 20 kg. se vende a $ 530 mientras que al pollero le cuesta unos $ 600. A esto se agrega el costo laboral que aumentará en mayo por las paritarias que los trabajadores del sector negociarán en abril.

“Que alguien me explique cómo en el país donde más barato se producen granos, tenemos la mercadería con valor agregado más cara”, se pregunta el Secretario de la Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA), Santiago Perea.

En diálogo con Infobae, el dirigente explicó que “esta tendencia comenzó allá por 2010 cuando la inflación de los costos superó al resto de las variables”.

Perea sostiene que “el problema no es sólo del tipo de cambio: es estructural, impositivo, de logística”. Y agrega que “el tipo de cambio es una parte más de todo lo que compone el costo argentino, que es lo que no cierra” en la ecuación de costos de producción.

El precio en los mostradores

Mientras tanto, el consumidor final no para de hacer frente a los aumentos. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el kilo de pollo entero pasó de $ 39,63 en diciembre a $ 45,32 en febrero, lo que se tradujo en una suba acumulada de 13,9%. Sin contar que a principios de abril el precio se fue hasta los $ 55 en las carnicerías.

La inflación del pollo se aceleró al ritmo de la sequía. El precio en los mostradores se aceleró en el primer trimestre, momento en que se disparó el precio de los granos, se acumuló la suba del gasoil y se agregaron los aumentos en las luz.

De acuerdo al último informe de la Cámara de la Industria de las Carnes de la República Argentina (CICCRA), la carne aviar subió 18,2% entre marzo de 2017 y el mismo mes de 2018. Mientras que el acumulado entre el fin del año pasado y el tercer mes de este año es del 20,6%. Para tener en cuenta: en ese trimestre la carne vacuna subió 7,2% y la de cerdo sólo 3,4%.

La buena noticia es que los argentinos mantienen firme la preferencia del pollo como una alternativa nutricional, que junto al huevo, aportan casi el 50% de la proteína animal en la dieta nacional. Los 42 kilos por habitante por año, así lo reflejan. Solo falta que el índice de precios al consumidor y la inflación de los costos no cierren la puerta de salida a la crisis del sector.

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