19 de junio de 2018 23:19 PM
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Beber leche cruda: ¿es peligroso?

La famosa cocina 'raw food', la leche sin pasteurizar y el agua sin tratar… Son solo algunos ejemplos de cómo la moda por consumir alimentos crudos, no cocinados ni tratados, nos está llevando, según la nutricionista y colaboradora de ¡Hola!, Marta Lorenzo, a olvidarnos de la importancia que tiene la cocción de los alimentos en la prevención de muchas enfermedades

“La seguridad alimentaria, uno de los grandes avances en materia de salud, en ocasiones es percibida por el consumidor como un empeoramiento en la calidad del alimento –seguramente, como respuesta a ciertos abusos cometidos por la industria-. Por ejemplo, es cierto que con algunos métodos actuales, que permiten obtener alimentos con una ‘esperanza de vida’ más larga, estamos primando la pérdida de valor nutritivo y, al final, nuestras neveras se están llenando de alimentos de poca calidad nutricional no por su composición en nutrientes de forma natural; sino por haber sido tratados para que no perezcan”, reconoce la experta en nutrición.

Sin embargo, no por ello debemos pensar que cualquier proceso ‘artificial’ al que son sometidos los alimentos va en nuestro detrimento, sino todo lo contrario. “Si nos centramos en el consumo de leche cruda, encontraremos opiniones muy diferentes al respecto”.

Así que ahondemos en esta cuestión concreta: antes de nada, ¿qué es la leche cruda? “Podríamos definirla como aquella leche que no ha recibido ningún tratamiento térmico (pasteurización, UHT, esterilización, hervido, etcétera) y que, por tanto, mantiene inalterados todos sus nutrientes, muy especialmente vitaminas y enzimas, que seguramente sean las que más se ven afectadas por su propiedad termolábil (se pierden con las altas temperaturas). De hecho, las enzimas naturales de la leche son de gran importancia a la hora de asimilar este alimento y hacerlo más digestivo. El gran pero es que, si no está certificada y no se conserva correctamente en frío, puede contener microorganismos como bacterias o virus (E.Coli, listeria…), responsables de muchas enfermedades que pueden resultar altamente perjudiciales para la salud”, apunta Lorenzo.

“Es por ello que, en el tratamiento de la pasteurización, la leche es sometida a 63⁰C durante 30 minutos; lo que la convierte en un alimento cien por cien seguro, aunque esto provoque una alteración en el sabor de la leche y pérdidas nutricionales importantes como el de las vitaminas B12, B2, C, E, y B9. Por ello, la mayoría de la leche que se comercializa emplea otro tratamiento térmico llamado UHT (ultra light temperature), el cual se basa en someter a la leche a una temperatura más alta, pero menos tiempo; consiguiendo eliminar todos los microorganismos pero con menores pérdidas nutricionales y organolépticas”.

Por otro lado, uno de los argumentos que más peso cobra entre los defensores del consumo leche cruda son los supuestos beneficios en la prevención de alergias o de enfermedades como el cáncer. Pero, “aunque hay algunos estudios que plantean esta línea de investigación, lo cierto es que, a día de hoy, no existen informes concluyentes que demuestren que efectivamente pueda estar relacionado”.

Entonces, ¿qué prefieres? ¿Mayor salubridad o mayor valor nutricional? “Si nos paramos a pensar, los nutrientes que pueda perder la leche en el tratamiento no son todos y se pueden encontrar o aportar a través de otros alimentos. Sin embargo, consumir una leche con alto contenido en bacterias puede causar daños importantes en nuestra salud”, concluye la experta

Fuente: www.hola.com

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