23 de junio de 2018 11:50 AM
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Exportación de carne de Uruguay “Una oportunidad inédita”

El cierre de este semestre volverá a marcar un récord de exportaciones de carne vacuna de Uruguay a China que se suma a las ventas de toda la soja –poca– que tenemos como saldo exportable, a fuertes ventas de carne ovina y lana, a la celulosa, los troncos de pinos. Se prolonga una lógica que […]

El cierre de este semestre volverá a marcar un récord de exportaciones de carne vacuna de Uruguay a China que se suma a las ventas de toda la soja –poca– que tenemos como saldo exportable, a fuertes ventas de carne ovina y lana, a la celulosa, los troncos de pinos. Se prolonga una lógica que ha sido la de este siglo. Una oportunidad inédita en la historia reciente del país y que a partir del 6 de julio entraría en un capítulo nuevo por las sanciones que EEUU y China se aplicarán mutuamente en esta guerra comercial que ha desatado Donald Trump.

China ha resultado lo más transformador que le ha pasado a las exportaciones de Uruguay en los últimos 20 años. Y ahora el mayor exportador de alimentos del mundo, EEUU decide pelearse con ellos.
Por detrás del ascenso vertiginoso de las compras de China hay fenómenos muy estructurales. Por un lado el crecimiento de la economía que tras muchos años por encima del 10% por año se ha estabilizado apenas por debajo de 7% anual. Por otra parte un fenómeno de mejora en el ingreso de la población y de fenomenal urbanización ha transformado al consumo de los chinos. Se trata de la emigración campo/ciudad más veloz que se haya dado. En 1950 la población urbana de China era de 65 millones de personas. En 1960 había pasado a 105 millones. En 1980 llegó a 200 millones. Para el año 2000 ya eran 460 millones. En este 2018 son 840 millones. Cada año la población urbana crecen en unas 20 millones de personas. Y son personas que pasan de una economía de subsistencia y de no comprar carne o lácteos en el circuito comercial a incorporarse al consumo.
Es parte de un fenómeno global. Cada año la población urbana mundial aumenta en 80 millones. De ese aumento la participación de China es la más significativa por varias razones que se expresan claramente en las cuentas de exportaciones de Uruguay. Primero fue solo la lana y los tops. Luego fue la soja, luego la carne vacuna y ovina. ¿Será ahora el turno de los lácteos? Vendrán luego ventas de otros granos?
Lo logrado y lo que puede potencialmente lograrse hace que la perspectiva de Uruguay exportador de alimentos sea tan sólida. Hasta el siglo XX había que buscar quien comprara nuestros productos. En este siglo la colocación está prácticamente asegurada. Habrá que competir en precio con los países vecinos, o con aranceles de Australia y Nueva Zelanda que ya entendieron hace décadas las ventajas del libre comercio.
Las barreras que levanta EEUU en torno al mundo pueden ser una oportunidad muy especial para consolidar lazos comerciales estables con el mundo en general y con Asia en particular. A partir del 6 de julio empezarán a regir las sanciones entre EEUU y China, pero las políticas de Trump están llevando a que las sanciones mutuas empiecen a regir con la Unión Europea y hasta con India, que por ejemplo es el principal comprador de nueces de EEUU.
Esta guerra comercial tiene un efecto ambiguo. Ha derrumbado los precios de la soja en Chicago y como ese mercado es la referencia global ha impactado sobre los precios de Uruguay. Esta semana las cotizaciones marcaron un mínimo en 10 años, algo que con un mercado normal nunca hubiese pasado. Y una guerra comercial siempre es algo negativo, en lo conceptual y en lo práctico. Pero más allá de las turbulencias, la inestabilidad que genera EEUU para sus propios productos genera por defecto una oportunidad. Y esa oportunidad llega en simultáneo con otras dos situaciones peculiares. Por un lado Corea del Norte parece abandonar su lógica de carrera armamentista y encierro por una apertura que puede genera un flujo fuerte de inversiones e incorporar a su población a un consumo del que actualmente está ausente. Un proceso similar al que ya transitó en su momento Alemania Oriental al caer el muro o la propia Rusia.
Más allá del consumo potencial de Corea del Norte, que demorará en llegar, la salida de un foco de tensión consolidará todavía más la perspectiva de crecimiento del sureste de Asia, que sin dudas está destinado a ser estructuralmente el destino principal de las exportaciones de Uruguay.
Mientras ocurren todas estas transformaciones le toca a Uruguay asumir la presidencia del Mercosur, tan devaluado y con tantas dificultades para concretar acuerdos. Pero hay oportunidades demasiado grandes como para que se dejen de lado por lo que será crucial que los cuatro países logren armonizar posturas de modo que los exportadores de estos países dejen de competir en desventaja con los de Oceanía, actuales amos y señores de las exportaciones de lácteos y de los cortes de carne vacuna de más calidad.
Las políticas de Trump son una amenaza para el mundo, pero tienen un costado de oportunidad insoslayable. China ya compra toda la carne y la soja que seamos capaces de producir. Es factible que en la próxima década se consolide como comprador de lácteos y que pueda abrirse la posibilidad de exportar otros granos como sorgo o cebada. Y porqué no pensar que Uruguay entra allí con vinos u otros productos.
Claro que siempre cabe la mirada escéptica que plantea que si no somos capaces de avanzar en un humilde tratado con Chile, será mucho más difícil con un país de la magnitud de China, que sería además capaz de generar otras revoluciones en Uruguay a través de su industria floreciente de autos eléctricos, trenes o paneles solares.
Demasiada oportunidad la que se abre gracias a Trump y sus sanciones a troche y moche. Pero hasta ahora lo de Uruguay es como en el mundial. No está mal, pero cabe esperar más. Si queremos competir con Australia y Nueva Zelanda, tenemos que mejorar tanto como para competir la semana próxima con España o Portugal.
Fuente: Opinión ANÁLISIS / Eduardo BLASINA

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