11 de agosto de 2018 00:22 AM
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“Vivimos en un país que pensó sólo en el mercado interno”

Frente a un mundo cada vez más exigente desde el consumidor hasta las políticas comerciales, y un país que aspira a ser más competitivo para convertirse en el supermercado o la boutique de los alimentos, El Economista dialogó con el ingeniero agrónomo y asesor de la Fundación Producir Conservando, Gustavo Oliverio, un gran conocedor del […]

Frente a un mundo cada vez más exigente desde el consumidor hasta las políticas comerciales, y un país que aspira a ser más competitivo para convertirse en el supermercado o la boutique de los alimentos, El Economista dialogó con el ingeniero agrónomo y asesor de la Fundación Producir Conservando, Gustavo Oliverio, un gran conocedor del sector agropecuario argentino, tranqueras hacia afuera y adentro.

 

¿Cómo evaluá la política agropecuaria de este Gobierno?

Es la primera vez que en muchos años tenemos una visión a mediano y largo plazo de la agroindustria. Creo que es la máxima virtud y el principal cambio favorable de este Gobierno. La eliminación de los derechos de exportación y ROE, no solo impactó positivamente en los granos, sino también en el resto de las economías regionales. Hubo una recuperación muy rápida del maíz y del trigo, creció la producción y las exportaciones de carne, todavía no alcanzamos el promedio en el que deberíamos estar que sería 600.000/700.000 toneladas (tn), probablemente vamos a llegar a 400.000 tn, pero estábamos en 200.000 tn hace dos años. Por supuesto que es gradual, y no todo cambia en el tiempo que uno quisiera, por ejemplo, los lácteos están muy estancados.

 

¿Qué aspectos faltan modificar?

Un montón. Faltan definiciones claras y concretas sobre lo relacionado ver con la propiedad intelectual. El reconocimiento de la propiedad intelectual es un tema central en Argentina, no sólo en semillas, sino también en la industria farmacéutica, y es una vieja discusión de nuestro país que no termina por ser seria. Cuando la propiedad intelectual es de Argentina, queremos que la respete todo el mundo; en cambio, cuando es de otros, si podemos saltar el cerco, lo saltamos. Eso no es bueno para el sector, estamos perdiendo el uso de algunas tecnologías que hoy están disponibles en el mundo. En eso y en relación a los entandares sanitarios hay que acelerar los tiempos. Por otro lado, en un país que tiene entre el 35% y 40% de economía informal tampoco el agro se escapa a esa realidad, hay informalidad tanto en la producción primaria como en la agroindustria. Estos temas son centrales, porque en un país con una presión impositiva tan alta, aquel que evade impuestos tiene una competitividad tremenda respecto del que no y se genera inequidad, la cual hace que algunas empresas desaparezcan por la competencia de aquellos que no pagan impuestos. En ese frente se está haciendo mucho pero se va a un ritmo lento y es muy difícil de controlar.

 

Es la primera vez que en muchos años tenemos una visión a mediano y largo plazo de la agroindustria

 

¿Y en cuanto a la inserción en el mundo?

En los últimos diez años, desde el punto de vista de la política comercial externa, Argentina ha estado dormida. Nos hemos quedado comercializando y atados al Mercosur, mientras el resto de los países salió al mundo a vender lo que produce y a negociar tratados de libre comercio, bilaterales o multilaterales. Todo eso, Argentina no lo hizo. Ahora queremos subirnos al Acuerdo Transpacífico, que es la conexión con el sudeste asiático. Ese atraso de no tener una política comercial activa hace que cuando uno va a negociar se sienta débil. Argentina debería estar habilitada para exportar carne vacuna al mercado estadounidense hace rato. Hemos sido muy poco ágiles en negociar, destrabar y acelerar los trámites. Los mercados no se abren y se cierran en una semana. Todo eso que tiene que ver con mayor agilidad en la política comercial externa es uno de los faltantes. Vivimos en un país que pensó solo en el mercado interno, en el erróneo concepto de tener alimentos baratos para el mercado interno. Dejamos de cumplir la Cuota Hilton, durante seis, siete, ocho años, siendo el negocio por excelencia de la exportación de carne vacuna. Recién ahora estamos retomando la participación del sector privado junto con el Gobierno en la promoción de los productos argentinos en el exterior. Esta gestión de hace dos años y medio le ha dado mucha importancia al tema de política comercial externa.

 

¿Cuándo se van a producir 150 mill/tn?

La FPC tiene una proyección para 2026/27 de 160 mill/tn, que son casi 40 millones de hectáreas sembradas. Si Argentina logra reencauzar todos los temas que tiene pendientes y si tiene continuidad en un proceso política y económicamente estable, más confiable y creíble para el inversor privado es muy probable que nos adelantamos al 2026/27, pero no lo podemos saber, eso es lo que darían las tendencias de los últimos años. Depende de cuestiones que no tienen que ver con la decisión del productor, ni con la tecnología, sino de que existan incentivos para que esto ocurra. En este sentido, otro tema central es la necesidad de ponerse a trabajar seriamente en el seguro multirriesgo con todos los actores que intervienen en el concepto. Porque cuando viene una campaña como la pasada, en la cual se perdieron 30 mill/tn, hay zonas del país que quedan totalmente descolocadas desde el punto de vista económico y financiero para encarar la próxima. Un tema interesante al respecto, es que los niveles de inversión para 33/35 mill/ ha que se siembran implican entre costos de producción, de cosecha y de flete aproximadamente entre US$ 25.000 y 27.000 millones. Son cifras muy importantes que todos los años silenciosamente el sector invierte, por eso, disponer de un seguro multirriesgo agrícola le daría un marco de menor riesgo a la actividad que está a la intemperie. Si bien todos los temas son difíciles de tratar en Argentina, estuvimos anestesiados mucho años y aún así, crecimos.

 

¿Cuál es su análisis sobre la guerra comercial y el proteccionismo?

Desde que asumió, Donald Trump tuvo el primer conflicto externo con el Nafta y luego, problemas por el Acuerdo Transpacífico. Pareciera que el presidente Trump tiene una forma de negociación en la cual, primero saca todo lo que hay sobre la mesa, él se siente el más fuerte y debe serlo a nivel mundial en lo que hace a su economía y sale negociar a partir de eso. Me da la sensación que estamos en el principio de una negociación, en la que puso aranceles al aluminio, después al hierro y los chinos contestaron con los mismos aranceles para productos básicamente agropecuarios. La respuesta interna de Trump fue destinar US$ 12.000 millones para que el secretario de Agricultura disponga subsidios a los productores agropecuarios. Lo resolvió con plata, es un mecanismo perverso. No considero que cambien en el mediano y largo plazo las condiciones de comercio internacional producto de este conflicto, es el principio de una negociación, que no sé si demorará seis meses o un año, pero no veo un futuro de aranceles altos de China o de Estados Unidos. Estos aranceles duran un tiempo y son un arma de negociación hasta volver a encontrar un equilibrio en otros sectores.

Fuente: El Economista

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