11 de agosto de 2018 02:05 AM
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Bioestimulantes, una buena opción para sanear suelos

Los bioestimulantes ayudan a expresar el potencial

Los bioestimulantes representan un cambio en el paradigma agrícola. No matan organismos dañinos ni nutren al cultivo en cantidades significativas, pero inducen respuestas fisiológicas del mismo cultivo para reducir o mitigar un estrés o para aprovechar mejor los nutrientes que dicho cultivo ya asimiló. En algunos casos lo hacen para mejorar la capacidad de las raíces de absorber nutrientes. De esta manera el cultivo es más competitivo, cierra el surco más rápido, se recupera de las adversidades y mejora su rendimiento, entre otras funciones.

Esta innovación representa el próximo salto cuantitativo en la producción de alimentos y fibras, pero con aportes cualitativos. Su adopción es más rápida en cultivos intensivos, ya que en estos es relativamente más simple observar los resultados. Pero el verdadero potencial está en los cultivos extensivos. ¿Estamos listos para aprovechar esta nueva herramienta? En algunos casos, sí, pero necesitamos mejorar.

El productor argentino tiende a adoptar las nuevas tecnologías en forma rápida. Sin embargo, ese mismo productor tiende a abusar del capital más valioso que tiene el campo: el suelo como fuente de nutrientes. En los últimos treinta años aprendimos a cuidar la salud estructural del suelo y desarrollamos tecnología de punta que hoy se exporta, pero al mismo tiempo seguimos descuidando una parte igualmente importante, la fertilidad. El índice de reposición de nutrientes, a pesar de haber mejorado en los últimos años, sigue muy por debajo de lo necesario, alrededor del 35%, según la asociación civil Fertilizar. Esto significa que seguimos minando los nutrientes como si estos fueran un recurso ilimitado, pero no lo son. Fertilizar lo llama el “subsidio silencioso”, nombre muy apropiado, por cierto.

¿Qué tiene esto que ver con la adopción de esta nueva tecnología? Estos productos no reemplazan a los fertilizantes. Son herramientas para inducir ciertos tipos de respuesta en el cultivo, ya sea para mitigar un estrés o para aprovechar mejor los fotosintatos de la planta. En el pasado la adopción de un nuevo herbicida o de un insecticida era simple: si mi adversidad era una maleza podía ver rápidamente el efecto del herbicida. Con insectos, el resultado era más dramático todavía y el productor quedaba satisfecho rápidamente con su nueva inversión. Con los fungicidas, ante la ausencia de epidemias drásticas como la roya de la soja, la adopción fue más lenta, pero hoy vemos su avance y sus beneficios.

No es lo mismo con los bioestimulantes, ya que sus beneficios no son tan fácilmente visibles y a menos que el productor esté debidamente preparado para evaluar estos productos, ese beneficio puede pasar desapercibido. En el caso del uso de estos productos para una mitigación de estrés, los productos pueden ejercer una influencia positiva evidente, por ejemplo, al corregir la fitotoxicidad causada por un herbicida. En este caso el efecto se verá aun cuando el cultivo no esté en su nivel óptimo de fertilización. Pero si el bioestimulante se usa para influir en un proceso fisiológico, cuanto mejor nutrida esté la planta mejor será la respuesta. Y cuando hablamos de productos que mejoran el rinde por mejor aprovechamiento de los nutrientes asimilados, el uso de esta tecnología en cultivos que no están debidamente fertilizados no va a dar buenos resultados.

Usar estos productos en un cultivo que no está debidamente fertilizado es como agregarle un aditivo al auto con el tanque de nafta vacío. La demanda por mayor cantidad y calidad de alimentos es una realidad mundial. Si queremos aprovechar este nuevo desarrollo necesitamos corregir nuestra metodología. Esta nueva gama de productos requiere un compromiso mayor por parte del productor para sacar provecho de su potencial. La pregunta que debemos hacernos es: ¿podemos prescindir de estos beneficios y seguir siendo competitivos? En todo sistema competitivo continuo el componente menos eficiente termina siendo desplazado hasta ser eliminado.

El autor es gerente de Desarrollo y Registros de Arysta

Por: Pablo Kalnay
Fuente: La Nacion

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