30 de agosto de 2018 19:06 PM
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A sus beneficios y su sabor, la miel suma el potencial exportador

Además de ser una excelente alternativa productiva en zonas periurbanas, la miel ofrece la posibilidad de agregar valor y llegar a mercados globales.

“La apicultura es el más claro ejemplo del potencial exportador de las producciones periurbanas, por eso trabajamos mucho con los apicultores para que logren cada día un producto de mayor calidad”, afirma Gustavo Tito, director del INTA AMBA, quien trabaja brindando soporte técnico a los productores del Área Metropolitana de Buenos Aires.

La Argentina está entre los primeros tres productores de miel del mundo, y por su calidad, la miel argentina es muy buscada en el exterior, tanto que el 90 por ciento de la producción se exporta, y casi en su totalidad a granel. La Estación Experimental del INTA establece un vínculo con los apicultores periurbanos, cooperativas y asociaciones, poniendo en práctica un protocolo sobre el manejo de esta actividad teniendo en cuenta que en la provincia de Buenos Aires se produce el 75 por ciento de la miel de la Argentina.

En el periurbano hay un desarrollo de la apicultura con productores que tienen en promedio unas 50 colmenas.

En el periurbano hay un desarrollo de la apicultura con productores que tienen en promedio unas 50 colmenas.

Alejandro Taladriz, técnico apícola del INTA Avellaneda, explica que “debido a la densidad poblacional del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es necesario tomar una serie de recaudos para un manejo adecuado y no generar conflictos entre el sector productivo y los vecinos”.

“Desde el INTA AMBA –explica Tito–aportamos para que los apicultores puedan trabajar en el periurbano. Junto al Programa Nacional Apícola del INTA (PROAPI) avanzamos en Protocolos Recomendatorios para la Apicultura Periurbana con la intención de avanzar en ordenanzas, políticas públicas, para que regulen y permitan la instalación de apiarios en áreas urbanas y periurbanas, sin causar molestias a los vecinos”.

Puntualmente en el periurbano hay un desarrollo de la apicultura con productores que tienen en promedio unas 50 colmenas. Estos apicultores tienen una conexión más directa con el mercado interno, lo cual le posibilita comercializar más en el ámbito de cercanía: “Esto es una ventaja comparativa con el resto ya que puede fraccionar en origen. Ese es un valor agregado ya que, entre otras cuestiones, puede tener siempre insumos como un tambor, que es un envase que recarga pero no lo pierde en una venta a granel y el precio fraccionado es casi el doble al de la venta por tonel en exportación”, detalla el técnico apícola.

“Por todo esto, diariamente hacemos hincapié en trabajar con abejas de una mansedumbre demostrada, realizar un manejo del apiario en determinadas horas, tener agua potable siempre disponibles para las abejas para que no vayan a las viviendas en busca de líquido, poner algún tipo de barrera física para limitar el vuelo de la abeja, tener un número controlado de colmenas por colmenar, entre muchas otras”, dice Taladriz.

Las abejas prestan un servicio ambiental de polinización.
Foto: REUTERS/Vincent Kessler

Las abejas prestan un servicio ambiental de polinización. Foto: REUTERS/Vincent Kessler

Es importante destacar la ley vigente que legisla para que se den los avisos pertinentes por parte del productor que va a fumigar cercano a colmenas para que el apícola pueda resguardar las abejas: una aplicación con insecticida puede disminuir la población o a eliminarlas totalmente además de mermar la actividad floral que es la base de una mejor miel.

Este sector encadena sus estrategias para ser un pilar de la biodiversidad y lo logra desde sus aportes a la polinización, al equilibrio de los ambientes y a los procesos de desarrollo local. “El rol de la abeja como agente polinizador es un servicio ecosistémico muy significativo, incrementando la cantidad y la calidad en las producciones hortícolas, frutícolas, aumentando el stand de plantas forrajeras y siendo indicativo de un ambiente saludable”, afirma Lisandro Martínez, del Instituto de Prospectiva y Políticas Públicas del INTA, en el documento “El sistema agroalimentario del Área Metropolitana de Buenos Aires. Ejercicio exploratorio de prospectiva territorial de Ediciones INTA”.

Además, la ubicación de los apiarios en los predios de horticultores y otros espacios vedes del AMBA permite potenciar el servicio ecosistémico de la polinización incrementando la producción de hortalizas y frutas. Esto beneficia a ambos productores: los apícolas que encuentran un lugar en el AMBA y los hortícolas que pueden aumentar su rendimiento en un 30 por ciento con la solo presencia de abejas en sus campos.

En otro orden, un tema clave es que el 75 por ciento de los apicultores bonaerenses superan los 55 años: “Es muy importante que comencemos a tener renovación de productores en este sector. Para esto se debe seguir trabajando fuerte en fomentar la educación en escuelas agrarias en el desarrollo de técnicos”, detalla el especialista.

La posibilidad de fraccionar la miel ya implica un gran valor agregado.

La posibilidad de fraccionar la miel ya implica un gran valor agregado.

Agregar valor Para Tito, “uno de los desafíos del INTA AMBA es otorgarle a la miel valor agregado teniendo en cuenta que nuestro país se estima un consumo de 250 gramos por habitante al año”.

El INTA AMBA trabaja en el incremento del consumo aportando técnicas de valor agregado generando instancias de capacitación propias o a través de escuelas agrotécnicas, CEPT, CEA, ONG y municipios de toda el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Desde el punto de vista de tecnologías del sector son clave las UDAs presentes en el AMBA donde se muestran las técnicas de manejo de los apiarios acorde a las características medioambientales, floración, genética y formas de manejo promedio y representativo de la zona.

Alejandra Ricca, técnica del INTA EEA AMBA, lleva adelante capacitaciones para apicultores donde se enseña a elaborar diferentes cosméticos como gel base, jabón de miel y coco, crema base y otros con propóleos. “Si se compara con la venta de un frasco de un kilogramo de miel, el de crema permite una ganancia entre un 50 y 70 por ciento más”, evalúa.

La búsqueda y propuesta de diferentes opciones para agregar valor a los productos de colmena permite al sector apícola diversificar mercados de comercialización que necesita. Para iniciar con la actividad se necesitan utensilios de cocina que solo deben utilizarse para este fin: hornallas, heladera y un lugar físico en condiciones higiénico-sanitario. “Nuestra misión es enseñar a elaborar productos naturales, incrementar los conocimientos sobre las propiedades naturales de los componentes empleados, su uso personal, y/o el desarrollo de una actividad artesanal”, afirma la docente

Fuente: Clarin

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