4 de septiembre de 2018 11:01 AM
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La guerra comercial altera la cadena de suministro de la soja e impone nuevo orden

Tras la imposición de un arancel del 25% a la soja estadounidense, la demanda china se concentrará sobre Sudamérica, donde Brasil y Argentina podrían salir beneficiados

En marzo pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había escrito en su cuenta de Twitter que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” y de manera unilateral, iniciaba un conflicto comercial con casi todo el mundo, pero con la mira puesta en el extraordinario desarrollo tecnológico e industrial de China y en sus planes estratégicos expresados en el ‘Made in China 2025’.

Medio año después del irresponsable pronunciamiento, las hostilidades entre las dos potencias más poderosas del mundo se han profundizado en una guerra comercial con consecuencias imprevisibles.

En medio de la creciente tensión, alimentada por Trump con constantes amenazas y nuevos aranceles punitivos, el gobierno chino contestó en julio con la imposición de un 25% de aranceles a la soja estadounidense, un negocio que significó el año pasado, negocios para la  economía estadounidense por unos u$s 14.000 millones.

La medida aunque anunciada varias veces, fue subestimada por Washington y por buena parte del mercado que sostenía que China no avanzaría sobre la oleaginosa porque la necesita para su producción de alimentos para sus animales.

La pasada semana, la periodista británica Gillian Tett, editora ejecutiva de Financial Times en EEUU, publicó una interesante nota que proporciona un indicio de lo que podría suceder si las guerras comerciales disrumpen cadenas de suministro como la soja u otras. Allí rescata la opinión de Alan Blinder, un profesor de economía de Princeton y ex vicepresidente de la Reserva Federal que advertía que en julio, “el gobierno estadounidense publicó cifras que mostraban que las exportaciones del país habían aumentado durante el segundo trimestre de este año, elevando la tasa anualizada de crecimiento del producto interno bruto (PIB) a un sólido 4,1%. Parte de la razón se debió a la humilde soja”.

Tett rescata el fenómeno de los agricultores estadounidenses que se apresuraron a exportar grandes cantidades del poroto a China y otros mercados, para esquivar las sanciones preanunciadas: “Esto produjo niveles récord de exportaciones de soja en mayo y aumentó las cifras del PIB. Algunos economistas (..), como Ian Shepherdson de la consultora Pantheon Macroeconomics, sugieren que es probable que las ventas de soja hayan impulsado el crecimiento del PBI en hasta 0,6 puntos porcentuales”

Hoy los farmers, grandes electores de Trump en su ascenso a la presidencia, empiezan a sentir los rigores del proteccionismo desatado por su líder, que ha tenido que apelar a un salvataje de u$s 12.000 millones en subsidios para evitar que los agricultores le dieran la espalda en las elecciones de noviembre, por los graves “daños colaterales” que su “guerra fácil” les está provocando.

Charlie Sernatinger, jefe Global de Futuros de Granos de ED&F Man Capital Markets reconoce que “los productores están desmoralizados y los operadores ya no saben cómo leer las decisiones de Trump”.

El enfrentamiento entre el segundo exportador global de soja y el principal comprador mundial (62% del comercio mundial de soja) provoca un brusco cambio en el flujo del comercio mundial. Brasil como Argentina, contarán ahora con una mayor demanda china de soja, reemplazando las exportaciones estadounidenses.

Los especialistas del sector lo expresan con claridad. Para ellos hay que repensar el mercado internacional de la soja, a la vista de que el conflicto no se solucionará rápidamente. Los cambios pueden ir en todas las direcciones del suministro: desde la compra de soja más barata en EEUU por compradores como Tailandia, Pakistán, Malasia, Corea, Japón, Israel y la Unión Europea, entre otros, que verán en esta situación una oportunidad y también Brasil y Argentina, para incrementar sus volúmenes destinados a aceite y harina, hasta el abastecimiento preferencial desde Brasil y Argentina con porotos hacia China e incluso que la soja que hoy origina la industria argentina en Paraguay sea embarcada hacia China, etc.

La actual situación puede provocar que Brasil y Argentina logren capitalizar la mayor demanda de poroto de soja y también de harina y aceite. Para China el conflicto impone diversificar sus fuentes de abastecimiento para minimizar la dependencia de EEUU, una situación que puede permanecer aún si la guerra comercial se diluye.

De hecho, ya eliminó los aranceles que pesaban sobre las importaciones de India, Bangladesh, Laos, Corea del Sur y Sri Lanka. Para Yu Xubo, funcionario de Cofco, la empresa estatal comercializadora de granos, “en el largo plazo, Sudamérica y la zona del Mar Negro pueden jugar un papel más importante en el sistema de provisión de soja”.

Por el momento, el precio de la soja, parece aprisionado entre la guerra comercial y las súper cosechas, pero de prolongarse la guerra comercial y ante un probable recorte en la producción de soja de EEUU, con una demanda global creciente de proteínas vegetales, el panorama para las dos grandes economías de Sudamérica parece alentador.

Fuente: Financial Times – Redacción Marco

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