4 de septiembre de 2018 13:51 PM
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5 prácticas de riesgo en tu cocina (que seguro has hecho)

Acciones cotidianas en la cocina, como no limpiar de modo correcto las cucharas y las tablas de madera, aumentan el riesgo de una intoxicación alimentaria.

Hay hábitos tan domésticos y cotidianos que no pensamos en sus riesgos potenciales. Acciones tan sencillas como ducharse, encender una estufa o subirse a una escalerilla para ordenar los armarios pueden ocasionar problemas. Y, de hecho, los producen. Los accidentes domésticos afectan, al año, a más de un millón y medio de personas en España y suponen la cuarta causa de muerte en Europa. Caídas, golpes, cortes y quemaduras son algunos de los siniestros más frecuentes en las casas. Buena parte de ellos se concentran en nuestra cocina y tienen que ver con la seguridad alimentaria. En este artículo, reseñamos cinco prácticas que parecen inofensivas pero pueden acabar en un susto, y la manera no caer en ellas.

1. Servir la tortilla en el plato que hemos usado para darle la vuelta

Este es un gesto muy frecuente; tal vez porque resulta práctico y nos evita fregar de más. Pero, cuidado. Si cuando prepara una tortilla de patatas usa el mismo plato para darle la vuelta y para servirla, debe saber que el riesgo de salmonelosis aumenta de manera notable. ¿Por qué? Por los restos de huevo crudo que quedan en ese plato. La Salmonella es una de las causas más frecuentes de intoxicación en Europa, aunque con gestos sencillos (como emplear platos distintos o utilizar el mismo pero lavándolo bien, con agua caliente y jabón) se puede minimizar su impacto.

2. Encariñarse con las esponjas, los trapos y los estropajos

Parecen los elementos más higiénicos de nuestra cocina pero, en realidad, no lo son. Las esponjas, los estropajos y los trapos son indispensables para limpiar los utensilios y las superficies de trabajo de la cocina. Sin embargo, están entre los objetos que albergan más cantidad de patógenos. Son el hábitat perfecto para su desarrollo, pues están en permanente contacto con la suciedad y los restos de comida, a la vez que presentan unas condiciones óptimas de humedad. Así, es muy importante limpiar de modo adecuado los trapos y estropajos, no usarlos para quitar restos de algunos alimentos problemáticos, como el pollo crudo (mejor hacerlo con un papel), y renovarlos con frecuencia.

3. No saber limpiar las cucharas y los utensilios de madera

¿Qué sería de nuestra cocina sin una rústica cuchara de madera? Tal vez un lugar menos cálido, pero seguramente con menos microbios. Las cucharas y los utensilios de madera pueden esconder millones de bacterias, y esa es la razón por la que su uso está prohibido en las cocinas profesionales. El principal problema de la madera es su textura porosa, que facilita que se acumulen estos microorganismos y, además, absorbe los olores de los alimentos (por ejemplo, cuando picamos una cebolla sobre una tabla de madera). ¿Significa esto que debemos erradicar estos utensilios de nuestra cocina? No necesariamente. Lo que sí debemos es elegirlos bien, procurando que sean de madera dura (y menos porosa), aprender a limpiarlos y secarlos a conciencia.

4. Descongelar alimentos a temperatura ambiente

Sí, resulta muy práctico, parece más natural que hacerlo en el microondas y es mucho más rápido que hacerlo en la nevera. Pero también es más peligroso, sobre todo cuando hace calor. Si descongelamos los alimentos a temperatura ambiente o con agua caliente, aumenta el riesgo de contaminación, ya que entre 4 ºC y 60 ºC, las bacterias se sienten muy cómodas. En esa horquilla de temperatura es cuando se produce su crecimiento. La nevera, el microondas y el agua fría son las tres mejores opciones para descongelar los alimentos de manera eficaz y segura.

5. Probar un alimento para saber si todavía está en buen estado

¿Y este arroz con verduras estará bueno todavía? Cuántas veces nos habremos hecho una pregunta similar frente a un táper de antigüedad dudosa que encontramos en la nevera… O con una empanada a temperatura ambiente, o con algo que hayamos dejado guardado en el horno durante un par de días… Conservar lo que ha sobrado de la comida o la cena ayuda a evitar el desperdicio de alimentos y a cuidar la economía del hogar. Hay recetas exquisitas que se hacen con sobras, como las croquetas. Sin embargo, si tenemos dudas razonables acerca del estado de un alimento, es mejor descartarlo. Eso de probar “un poquito” es un riesgo, ya que no todos los patógenos se aprecian a simple vista y podemos sufrir una toxiinfección de manera innecesaria.

Fuente: Consumer

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