8 de septiembre de 2018 03:23 AM
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Alimentación peligrosa: lo sintético, lo adulterado y lo falso

El filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach acuñó en 1850 una aseveración ya de uso común. En una de sus obras sobre la alimentación incluyó la frase: “El hombre es lo que come” como afirmación de que la salud y equilibrio funcional del organismo humano depende fundamentalmente de los alimentos que se ingieren. Más recientemente […]

El filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach acuñó en 1850 una aseveración ya de uso común. En una de sus obras sobre la alimentación incluyó la frase: “El hombre es lo que come” como afirmación de que la salud y equilibrio funcional del organismo humano depende fundamentalmente de los alimentos que se ingieren.

Más recientemente Michael Pollan, escritor, periodista y profesor en la Universidad de Berkeley, en su libro El dilema del omnívoro, completa la afirmación de Feuerbach diciendo: “No solo somos lo que comemos, somos lo que come lo que comemos”.

Las conclusiones de un equipo de investigadores de la Universidad de Yale, dirigidos por el psicólogo Alia J. Crum, ponen de manifiesto que el organismo metaboliza los alimentos, en gran medida, por la sensación personal de lo que creemos estar comiendo.

A eso debió acogerse Charles Chaplin en la impagable secuencia de La quimera del oro, devorando con delectación una suela de bota hervida, tras degustar con fruición – como aperitivo- una vela aderezada a golpes de salero.

O también la leyenda urbana en Cuba- a causa del periodo especial por la retirada de la ayuda soviética- sobre la adición fraudulenta de preservativos derretidos, simulando queso, a las pizzas o las frazadas de piso -trapos de fregar suelo- aliñadas, rebozadas y fritas como filetes de carne de res.

Lo cierto es que la alimentación es un elemento fundamental y por ello en los países desarrollados existen instituciones y normativas que controlan la calidad, la trazabilidad y los elementos de higiene y seguridad en la producción, manipulación, transporte, distribución y venta de los productos alimenticios.

Sin embargo no dejan de aparecer lamentables sucesos de luctuosas consecuencias. Alimento sintético es aquel que no proviene de una fuente natural.

El proceso se ejecuta en laboratorios potenciando, mediante adiciones químicas, las propiedades organolépticas y añadiendo grasas y almidones que aumentan grandemente su contenido calórico. Alimento adulterado es aquel al que, de forma premeditada y con fines fraudulentos, se le ha añadido o quitado alguna sustancia. Dicha modificación tiene como finalidad variar su composición, peso, volumen o para encubrir algún defecto.

Alimentos falsificados -según el Código Alimentario español- son aquellos que: han sido preparados o rotulados para simular otros conocidos, su composición real no corresponde a la declarada y comercialmente anunciada o añaden cualquier otra que pueden inducir a error al consumidor. Tenemos en la memoria el caso del aceite de colza, en nuestro país, en la primavera de 1981.

Más de un millar de fallecidos y alrededor de veinte mil afectados – muchos de ellos con secuelas tras cuatro décadas- fueron las consecuencias de la venta ilegal de aceite de colza desnaturalizado para consumo alimenticio, que debía usarse para uso industrial. Con anterioridad, en 1963, tuvo repercusión la adulteración de bebidas alcohólicas con metanol – con origen en una empresa gallega- que ocasionó un número indeterminado de muertes y cegueras en los consumidores.

El caso de la enfermedad de las vacas locas, cuyo nombre científico es encefalopatía espongiforme bovina, se detectó en animales en Reino Unido en 1986, pero en los humanos no se localizó hasta 1996, como variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

El origen estuvo – volviendo a somos lo que comen lo que comemos- en la alimentación suministrada al ganado bovino a base de restos de ganado ovino y caprino que tenían la enfermedad.

La crisis del pepino, en Alemania -a causa de la bacteria Escherichia coli – en 2011 ocasionó más de cien muertos y cuatro mil contagiados. Atribuida inicialmente a una partida de pepinos de Almería, se descubrió que fue originada en unos brotes germinados en la Baja Sajonia.

En enero de 2013 se detectaron en Irlanda y Reino Unido partidas de carne de caballo sin etiquetar en hamburguesas y productos precocinados, que se habían distribuido también en la Unión Europea. Gran parte de los langostinos, gambas y crustáceos que se consumen en Europa y EEUU provienen de Vietnam, Tailandia, Indonesia y otros países en vías de desarrollo, criados en piscifactorías abarrotadas de antibióticos, desinfectantes y antiparasitarios, muchos de ellos prohibidos en la Unión Europea.

Aunque el primer caso registrado de anisakiasis en humanos se detectó en Holanda en 1955, en nuestro país no se diagnosticó el primero hasta 1991.

La parasitación originada por un gusano nematodo que, en fase larvaria se encuentra en peces y crustáceos, puede causar gastroenteritis acompañada de fuertes dolores abdominales, náuseas, vómitos e incluso reacciones alérgicas de más gravedad.

La miel es otro producto factible de adulteración. Se adultera mezclándola con glucosa de arroz, remolacha, siropes con alto contenido de fructosa y alumbre.

El exquisito tomate Raf auténtico, apenas representa un 5% del que se vende como tal y el rabo de toro de lidia suele ser, según algunos restauradores,cuello de avestruz o rabo de canguro. Asimismo, causa extrañeza que la producción de azafrán en nuestro país sea la décima parte del volumen de ventas del aditivo.

Al café molido suelen adicionarle los falsificadores cebada, trigo, soja e incluso ramitas trituradas y al queso parmesano – producto muy dado a la falsificación- pueden añadirle mezclas de otros quesos e incluso virutas de madera.

Una marca en EEUU fabrica leche a base de levadura fermentada y minerales de procedencia vegetal que se equipara a la de vaca en contenido proteico. Otras fabrican pollo sintético a base de proteína de soja. O huevos, sin gallina, por cultivo de células vegetales.

La industria alimentaria en China produce muchos alimentos falsos y tóxicos y bastantes de estos productos también se exportan, por lo que hay que estar siempre atento. Tenemos información de la variedad de casos que tienen lugar en ese país. El escandaloso, en 2008, de la contaminación de leche y productos lácteos con melamina, una resina utilizada en la fabricación de plásticos e incluso como fertilizante, afectó a millares de niños y gran número de fallecidos.

La fabricación de huevos de gallina falsos a base de óxido de aluminio, polvo de yeso, alginato de sodio, carbonato cálcico, benzoato sódico, gelatina y yema coloreada con tartracina, se descubrió en 2009. En contenidos virales han aparecido noticias sobre la existencia de un arroz falso fabricado con patatas mezcladas con una resina industrial.

Comer tres cuencos se dice que es como comer una bolsa de plástico. La relación es inagotable: Carne de res y de cordero falsas, miel adulterada, condimentos sazonadores falsificados, vinos con jugos baratos y alcohol, sal industrial como sal de mesa, fideos de maíz con parafina y tinta industrial, camarones con gel inyectado, etc.

Si somos lo que comemos debemos prestar mucha atención a lo que compramos, independientemente de las medidas de la legislación y la de la administración para nuestro cuidado alimentario. Paralelamente la investigación y sanción a los falsificadores y adulteradores de alimentos deben ser eficientes y disuasorias. Finalmente reproduzco un consejo: No compres alimentos que tengan más de cinco ingredientes.

Fuente: elfarodeceuta.es

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