24 de septiembre de 2018 19:46 PM
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La economía de la oveja quiere recuperar el esplendor de antes

En la segunda mitad del siglo XIX los inmigrantes ingleses lideraron aquí la expansión ovina. Hoy un grupo de productores del departamento aspira a que vuelvan esos buenos tiempos productivos

Los ingleses que se habían radicado en Gualeguaychú después de la batalla de Caseros (1852), hecho político que da un giro aperturista a la economía del país, se dedicaron en esta zona mayormente a la cría de ovejas.

Los Coll, Pear, Morrogh Bernard, Mac Dougall, Campbell, Apleyard, Harrat, O’Neill, Galbroith, Dunn, entre otros británicos (irlandeses y escoceses), se dedicaron a las tareas rurales y multiplicaron sus rebaños en los campos del sur entrerriano, durante el llamado “ciclo de la lana”.

Fue durante la segunda mitad del siglo XIX que tuvo lugar, en efecto, la gran expansión de la ganadería ovina, convirtiéndose en Entre Ríos y en el país en una actividad tractora del crecimiento económico. Fue en tiempos en que los telares de Europa demandaban mucha lana, el commoditie estrella de aquella época.

Los historiadores económicos señalan que este ciclo de prosperidad ovina siguió a la cultura ganadera-vacuna de rasgos conservadores de la época rosista, de perfil antieuropeísta.

Producto de la apertura al mercado mundial y a la inmigración que inició la política de Justo José de Urquiza, la economía de la oveja dominó durante varios años la actividad pecuaria del país, antecediendo al denominado modelo agroexportador, con el formidable despegue agrícola a partir de 1880.

El cercamiento con alambrado de los campos (que afianzó la propiedad privada), la refinación del ganado y la introducción de aguadas construidas por el hombre, fueron hechos transcendentes que impulsaron la ganadería ovina en esta parte del mundo.

Pero el factor externo que la alentó fue la acelerada mecanización de la industria textil europea, con eje en Inglaterra, que empezó a demandar lana de calidad en grandes cantidades de países como Estados Unidos, Australia y Argentina.

Esto obligó a un proceso de mestización y de cruzamiento de animales ovinos, porque las escasas ovejas existentes aquí eran de raza criolla cuyo vellón no se utilizaba en Europa. Se destaca entonces la introducción de reproductores Merino y Rambouillet, que permitieron mejorar sensiblemente la calidad de la lana.

PRESENCIA INGLESA

Los productores laneros, generalmente inmigrantes europeos, ocuparon desde entonces un lugar de vanguardia en la economía argentina, resquebrajando largas décadas de supremacía del ganado vacuno criollo.

Fueron ellos los que con importantes innovaciones se especializaron en la producción de lanas para los mercados europeos.

La provincia de Entre Ríos fue, junto con la de Buenos Aires, la que lideró esta nueva economía. El viajero inglés William Mc Cann, que recorrió la provincia en 1847, cuenta por caso que al sur de Concordia existía la estancia de la sociedad Campbell, Wright y Parlane, de Manchester (Reino Unido).

Dice en sus relatos que esa “espléndida estancia tiene puerto propio desde el cual se despacha directamente a Europa la lana producida”. Hacia 1850, según cuenta la historiadora Beatriz Bosch, había en la provincia 2 millones de lanares, refinados con ovejas South Down, con carneros sajones, Negretti y Merino.

Aquí en Gualeguaychú, en tanto, la economía de la lana no sólo involucraba la cría del animal, sino que esta materia prima abastecía de carne a los saladeros y de cuero a las curtiembres.

“Y entonces se instalan los saladeros, el de Spangenberg, el de Nebel, Garbino, Rossi, Reitroch -el que envasaba lenguas- que utilizan esa materia prima, aparecen las primeras curtiembres, la de don Amador Leissa y la exportación de lanas y cueros es un pingüe negocio”, consigna la historiadora local Elsa Beatriz Bachini.

Entre los laneros conspicuos de Gualeguaychú figuraba el irlandés Beltrán Morrogh Bernard, llamado admirativamente en la ciudad el “inglés gaucho”, quien se instaló con la zona de Gilbert, junto con otros inmigrantes anglosajones.

Hoy José María Morrogh Bernard, también dedicado a la ganadería, recuerda a su bisabuelo por testimonios familiares. “Vino de Irlanda, donde la cría de ovejas era una actividad ganadera por excelencia, aunque portaba documento inglés”, le contó a este diario.

“Al principio evaluó la posibilidad de irse a vivir a Venado Tuerto (Santa Fe), pero no se convenció. Cuando conoció Entre Ríos tomó la decisión de quedarse a vivir acá. Con el tiempo logró comprar un campo de 5.000 hectáreas en la zona de Gilbert. El tren pasaba por la puerta del lugar. Construyó allá una casa que hoy mantiene una tía mía”,precisó.

El entrevistado explicó que Entre Ríos se posicionó entonces en la cría de ovejas no sólo por la política progresista de Urquiza, sino también porque este territorio era una zona libre de malones, cuando todavía el sur de la provincia de Buenos Aires era atacado por los indios y la Patagonia, que se convertiría luego en la gran productora lanar, aún no había sido conquistada por el hombre blanco.

AUGE Y CAÍDA

La economía de la oveja, durante el período de prosperidad, estaba atada al precio de la lana en Londres. El valor de ese commoditie determinó que en esta parte del mundo creciera enormemente el stock de ovinos, que pasó de 2,5 millones de cabeza en 1830 a 78 millones para 1890, según informa el historiador José Chiaramonte.

Por otra lado, si en 1852 las exportaciones lanares argentinas eran cuatro veces inferiores a las derivadas de la ganadería vacuna, en 1862 ya se habían equiparado, y en 1872 los valores de las exportaciones de lana superaban en un 50% los de las exportaciones vacunas.

Si bien Argentina a finales del siglo XIX contaba con 78 millones de ovinos, ese número se fue reduciendo con el correr de los años, llegando a 12,5 millones en el año 2002.

La causa de fondo de la debacle de esta economía fue la sustitución de las lanas por fibras sintéticas, lo que ocasionó un descenso continuo del precio internacional del producto.

¿EL RETORNO DE LA OVEJA?

Aunque hoy la Patagonia sigue produciendo lana de muy buena calidad con destino al exterior, en el resto del país la oveja cedió protagonismo al ganado bovino, vinculado históricamente al mercado internacional.

Entre Ríos dejó de ser la potencia ovina que fue alguna vez, pero ahora, en pleno siglo XXI, la actividad busca resurgir en el actual contexto económico.

Esto a partir de la iniciativa de los productores locales, que buscan que la carne de cordero se incorpore a la dieta de los consumidores, imitando la experiencia del cerdo, cuya comercialización ha pegado un respingo en la última década.

Eso le explicó a este diario George Fogg, cabañero y miembro de la Comisión de Ovinos de la Sociedad Rural Gualeguaychú (SRG). Al igual que los primitivos laneros de la zona, el entrevistado tiene apellido anglosajón.

“Mi abuelo era inglés, vino a trabar al frigorífico Anglo, del lado uruguayo. Y mi padre, que es nacido en Fray Bentos, se vino a trabajar a la Argentina con la compañía Liebig, hasta que llegó a Gualeguaychú, en el año 1968”, contó.

Fogg, un criador que en su cabaña se dedica a producir “padres”, machos de calidad genética para la reproducción, está convencido de que este es un momento ideal para el despegue de la ganadería ovina.

¿Cuál es esa coyuntura propicia?, inquirió este medio. “En el primer semestre de este año los embarques de carne vacuna exterior aumentaron un 60%, con la perspectiva de que el negocio siga aumentando, a partir sobre todo del tipo de cambio alto”,razonó el entrevistado.

Y añadió: “Con lo cual se va a generar un bache, un faltante de carne, que se deberá cubrir con otros cortes. La oveja es la carne roja más parecida a la carne bovina, en relación con el cerdo y el pollo. Tendríamos que poder suplir una demanda que se va a dar en el mercado interno”.

El problema es que el sector ovino en la provincia y el departamento no está preparado para atender esta nueva demanda. En primer lugar porque se trata de una explotación de baja escala de producción, llevada adelante mayormente por pequeños productores cuyos rodeos no superan los 100 animales.

En Gualeguaychú hay declaradas aproximadamente 50 mil ovejas y en la Provincia poco más de 550 mil, aunque se presume que las cifras serían mayores dada la informalidad que existe en el sector.

Fogg señaló que la Comisión de Ovinos de la SRG se ha propuesto entre sus objetivos aumentar la cantidad de ovinos en el departamento, logrando además que una mayor cantidad de animales pase al circuito formal.

El otro problema es que no hay una integración entre productores, ni una industria frigorífica ni canales de comercialización, como existe en las cadenas avícola y porcina.

“El segundo objetivo que nos hemos propuesto es pasar de una faena informal a una oficial. Hoy no tenemos posibilidad de colocar nuestra producción, no podemos ingresar a las carnicerías, a causa de que la faena es informal, algo que nuestra entidad no avala. Eso hace que no podamos aumentar la producción ya que es para nuestro propio consumo”, indicó el cabañero.

Y añadió: “Sabemos que la cría de ovejas no está armada como negocio. En los campos y en las estancias hay majadas pequeñas, de 30 o 60 ovejas para consumo propio. Hay algunos que se dedican a la venta de corderos, pero son muy pocos”.

“Necesitamos una sala de faena accesible, para que la faena sea oficial con control bromatológico y veterinario, y de esa manera poder ingresar a las carnicerías, a los restaurantes o a los supermercados. Algo que hoy no podemos hacer. Esto nos va a permitir profesionalizar a los productores,  para que en lugar de tener 30 ovejas tengan 200 o 300. El ovino es negocio si tenés a quién venderle”, sostuvo Fogg.

Al respecto indicó que desde la Secretaría de Agroindustria de la Nación se prometió la llegada de una sala de faena móvil a Gualeguaychú, como un paso previo para consolidar la cadena de valor del sector.

La idea es replicar la cadena del cerdo. “Hace diez años se comía el lechón. Y hoy se comen todos los cortes, como bondiola, matambrito o pechito de cerdo. De la misma forma, la idea es dejar de comer el cordero, para empezar a comer los cortes del ovino pesado”, precisó el entrevistado.

Según sus cálculos, el consumidor se vería beneficiado con un producto accesible a su bolsillo y también afín a su paladar. “Hoy un puchero de vaca cuesta 100 pesos, uno de cordero se podría llegar a vender a 60 pesos. Son 40 pesos menos por kilo para una carne de una calidad muy similar”, destacó.

Fogg cree que gracias a este incentivo se podría aumentar en poco tiempo el rodeo de ovejas en el departamento y sumar más productores rurales al negocio.

Señaló que podría haber una expansión de las dos razas productoras de carne por excelencia como la Hampshire Down y la Texel. “Son animales que funcionan muy bien en un cruzamiento con una oveja de majada general”, dijo

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