25 de septiembre de 2018 21:43 PM
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En Uruguay Con un plan se controla garrapata

El productor “hoy precisa de un veterinario” para poder sanear su rodeo y evitar gastar más sin lograr avances.

La garrapata sigue apretando en algunas zona, pero “no hay garrapata que no sea controlable”, afirmó a El País el Dr. Rafael Carriquiry, especialista del Instituto Plan Agropecuario (IPA).

El clima estuvo ayudando a la difusión del parásito sobre los ganados y era fundamental hacer el tratamiento generacional en agosto para cortar el ciclo y evitar complicaciones. Controlar la garrapata hoy requiere de que el productor se asesore y se vea apoyado por un médico veterinario, para evitar gastos innecesarios y problemas de resistencia que fortalezcan el parásito.

“Aquello de que el productor iba a la veterinaria, agarraba un producto y lo aplicaba en su predio anduvo bien hasta hace dos o tres años, pero con las condiciones climáticas que se están dando y con la sobre infestación de garrapata que están teniendo los campo, sin un buen plan y un buen monitoreo, no se puede controlar el parásito”, afirmó Carriquiry.

El plan de control “requiere de un profesional al lado”, afirmó el extensionista del Instituto Plan Agropecuario.

“Al productor le cuesta admitir que gasta US$ 1.000 al año en el control de la garrapata y le cuesta mucho gastar US$ 100 en un veterinario que le ayude a controlar el problema y que plantee un plan de tratamiento. A la larga eso le baja los gastos. Lo que se ahorra en producto capaz que ya es suficiente para pagar el asesoramiento”, dijo tajante Carriquiry.

A lo largo de tres años, el IPA estuvo desarrollando un proyecto piloto en 9 predios forestales de pequeños productores, cuyos datos científicos están a punto de ser publicados. Lo importante fue demostrar que con menores tratamientos y con el uso de animales centinela, fue posible controlar el parásito y encima ahorrar dinero y dolores de cabeza. El trabajo se focalizó sobre pequeños productores ganaderos, que tienen otra problemática y problemas de recursos.

“Con pocos tratamiento se controló muy bien la garrapata, pero hay que tener un plan de acción”, advirtió Carriquiry.

Para el profesional, si se hacen las cosas bien, “con las herramientas que tenemos hoy y con el conocimiento que tenemos se controla en cualquier situación. No hay situaciones en que la garrapata no sea controlable y en muchos casos se puede erradicar”, desafió, haciendo llegar un mensaje de optimismo a los productores.

En cuanto al trabajo científico que desarrollo el IPA, contó que “con la mitad de los tratamientos que los productores hacían tuvimos mejor control que el que ellos tenían”. Ese adelanto fue posible gracias al monitoreo de los ganados y al uso de animales centinela sobre los que se hacía el conteo de garrapata y se hacían tratamientos con un producto específico para cada estación del año, en base a los parámetros de infestación que tenía cada predio en base a sus datos. “Se usaron animales centinelas, se identificaron 10 animales y esos animales se revisaban todos los meses y se contaban cuántas garrapatas tenían en lugar de aplicar un tratamiento. Se trataba con un determinado nivel de garrapata”, adelantó.

Los resultados fueron más que alentadores: “de productores que hacían entre 8 y 12 tratamientos por año, pasamos a tener entre 4 y 6 tratamientos anuales y mejor control del parásito. Había muertes por tristeza y se usaron vacunas con hemoparásitos contra tristeza”.

Uno de los problemas que monitorean hoy los veterinarios y técnicos es que “el productor hoy entiende que hay que hacer rotaciones de producto, que hay que tratar las generaciones de garrapata, pero todavía los conceptos no están muy claros. No tiene claros cómo hacer la rotación generacional”, dijo Carriquiry, argumentando que todavía hace falta mayor capacitación. Más allá de la capacitación, el productor precisa sumar sinergias con un veterinario para evitar pérdidas y ganar tiempo, evitando que el parásito gane la pulseada.

Fuente: El Pais

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