30 de septiembre de 2018 13:30 PM
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¿Será posible que Argentina alcance las 190 millones de toneladas en 10 años?

Ramiro Costa, subdirector ejecutivo de la Bolsa de Cereales porteña, proyectó que esta cifra es posible si se achican las brechas de rendimiento que existen con la tecnología aplicada por los productores y con la baja de costos logísticos.

Durante el lanzamiento de las estimaciones para la campaña gruesa organizado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires hubo tiempo también para pensar en el largo plazo, apuntando a lo que será la producción de granos a 10 años, luego de los cálculos lanzados por los referentes de la entidad para este campaña 2018/19 de 125,9 millones de toneladas.

Uno de los que abordó esta temática fue Nelson Illescas, director de la Fundación INAI, quien presentó las proyecciones que elaboran en su Escenario de Referencia Agroindustrial Mundial y Argentino a 2027/2028 (ERAMA 2027/2028), que constituye una visión de largo plazo sobre los niveles de producción, consumo y exportaciones, elaborada a través de la utilización del modelo de simulación de la Fundación INAI.

Si continúan vigentes las tendencias actuales la producción de cereales y oleaginosas podría ascender a 151,6 millones de toneladas en la campaña 2027/2028, un incremento de 17% en comparación con la campaña 2018/19.

Illescas aclaró que este escenario incluye la eliminación del diferencial de derechos de exportación para el complejo sojero, la aplicación del derecho de exportación vigente (3 o 4 pesos según corresponda) hasta 2020 y supone que las tensiones comerciales sólo afectan el corto plazo (próximas dos campañas).

Nelson Illescas,director de la Fundación INAI.

Nelson Illescas,director de la Fundación INAI.

Por su parte, Ramiro Costa, subdirector ejecutivo de la Bolsa de Cereales, recogió el guante y fue más allá de esta estimación tomándola como base. El directivo analizó los posibles impactos de la implementación de distintas políticas relacionadas con el desarrollo y adopción de tecnologías y mejoras en logística e infraestructura. “Argentina podría duplicar la tasa de crecimiento esperada en la producción de granos para los próximos 10 años” señaló el economista.

Costa trajo a colación la importancia que tiene la agroindustria en la economía nacional cond atos fehacientes. El PBI de Argentina caería 1% producto este año de la sequía que sufrió el campo a principios de 2018, que provocaron pérdidas de 30 millones de toneladas de granos. Y tiró otro dato contundente. En junio, la actividad económica se desplomó 6,7% según el estimador mensual de la actividad económica (EMAE) que difunde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Y el 50% de la baja es por la sequía que afectó al agro.

Para desmenuzar los tres escenarios, en primer lugar el referente hizo hincapié en el cierre de la brecha de rendimiento yendo a un potencial que todos los productores utilicen alta tecnología. El cultivo que más crecería sería el trigo, con 20% de auge, siguiendo el girasol, con un 10%. En tanto, el maíz podría crecer 8% y la soja, 7%. Estos dos cultivos son los más importante en la rotación de los productores.

Ramiro Costa, subdirector ejecutivo de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

Ramiro Costa, subdirector ejecutivo de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

Asimismo, Costa aclaró que si los productores alcanzaran el rinde potencial (que no es lo mismo que se use alta tecnología), la brecha de rinde sería del 80%. Tanto el trigo como el maíz aún tienen mucho por crecer, en cambio, el crecimiento de la soja no sería tan marcada.

Y para el tercer ítem, el subdirector ejecutivo de la Bolsa de Cereales porteña señaló que reducir costos de logística implica, entre otros puntos, mejorar congestión de camiones y arreglar los caminos rurales.

En este sentido, planteó que en un escenario de cierre de las actuales brechas que existen en la tecnología aplicada por los productores en todo el país y con baja de costos logísticos la producción de granos podría alcanzar las 190 millones de toneladas.

Pero, Costa planteó varias puntos a cambiar para que suceda este escenario ideal. Primero destacó que la competitividad no es precio o tipo de cambio, sino que esto es coyuntural. “La competitividad real se alcanza con una economía estable y desarrollo de esquma normativo a las restantes actividades“, dijo.

Además, agregó que debe haber infraestructura para el siglo XXI, fortalecer mecanismos de gestión de riesgos agropecuarios (clima y precios), generar empleo calificado, alentar la bioeconomía e incentivar una agricultura inteligente, con mejores tecnologías y prácticas.

Fuente: Clarin

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