4 de octubre de 2018 11:31 AM
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El próximo paso es la creación de uno o varios Cargill de capital nacional

Como China, Alemania y Estados Unidos, la agroindustria argentina necesita crear empresas trasnacionales de producción, de mayor escala, para competir en la era de las gigantescas fusiones y adquisiciones.

Las compañías Sinochem y ChemChina –que acaba de comprar Syngenta en U$S 44.000 millones-, los 2 principales holdings agrícolas y químicos de la República Popular, comenzaron el proceso de fusión que creará el mayor consorcio agroalimentario del mundo, superior a cualquiera de sus competidores en Estados Unidos (Cargill) o en Europa (Bayer).

Este resultado de una política deliberada del Estado chino, ejecutada a través de grandes empresas estatales, como son ChemChina y Sinochem. Para la República Popular es una prioridad absoluta promover la producción agroalimentaria mundial. Han concluido que la seguridad alimentaria de su población sólo puede ser garantizada mediante un aumento de más de 30% en la producción de agroalimentos en el mundo.

China exportó U$S 79.000 millones de productos agroalimentarios en 2017, sobre todo frutas y hortalizas, y más de dos tercios de sus ventas se realizaron dentro de las cadenas trasnacionales de producción que lideran ante todo ChemChina y Sinochem.

Lo propio de las cadenas trasnacionales de producción es que realizan el paso de un anillo a otro creando valor mediante el empleo de los factores de producción (capital, trabajo, tierras). Por eso, modifican la producción agroalimentaria a través de sus sucesivas fases, elevando el contenido de valor agregado y de complejidad tecnológica en cada una de ellas.

Esto acentúa el proceso de especialización, que es el camino utilizado por el capitalismo para aumentar sistemáticamente la productividad desde la primera Revolución Industrial (1780/1840).

El corolario de este proceso de concentración, especialización y productividad es que desemboca necesariamente en las gigantescas fusiones y adquisiciones características de la época, como la compra de Monsanto por Bayer o la fusión de ChemChina y Sinochem.

Sólo tres grandes productores agroalimentarios -Estados Unidos, China y Alemania- realizan este proceso en el mundo, mientras que no ocurre lo mismo en los principales países emergentes productores de agroalimentos que son Brasil y la Argentina.

La Argentina disputa el primer lugar en términos de productividad e innovación agrícola con Estados Unidos, ejecutada a través de grandes innovadores como son Bioceres y la Asociación de Siembra Directa (Aapresid). Pero hay un retraso notorio de los dos grandes emergentes en el proceso de concentración-productividad.

En este aspecto, la prioridad estratégica de la producción agroalimentaria argentina es promover el surgimiento de uno o más Cargill de capital nacional. Esta es la condición para participar del proceso de concentración-productividad del capitalismo agroalimentario más avanzado del siglo XXI.

La experiencia china es sumamente aleccionadora. La República Popular invirtió en el exterior U$S 3.300 millones en emprendimientos agroalimentarios en 2016, que serían U$S 6.000 millones o más en 2018, con un total invertido de U$S 30.000 millones en diciembre de este año, a los que hay que sumar el gran salto de U$S 44.000 millones destinados a la compra de Syngenta.

El próximo paso de la Argentina es uno o varios Cargill de capital nacional.

Fuente: Clarin

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