20 de octubre de 2018 10:30 AM
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La historia de un contratista forrajero que arrancó con un tractor usado y hoy es líder

En Coronel Suárez, Miguel Margiotta logró construir una empresa forrajera desde abajo y con mucho esfuerzo. En la actualidad produce unas 300.000 toneladas de silo y sigue creciendo.

Comenzó a trabajar a los 8 años arreando animales en las afueras de la localidad bonaerense de Coronel Suárez. A los 11 pasó a ser cadete de una oficina. De los 10 pesos que cobraba, le daba la mitad a su mamá y con el resto, se daba algunos gustos. Así fue como Miguel Margiotta, desde muy temprana edad, supo cuánto costaba (y valía) el trabajo.

Cuando terminó la secundaria en 1987, le tocó el servicio militar obligatorio durante casi 9 meses y, luego de vivir esa experiencia en Chile, decidió que era el momento para comenzar a trabajar en lo que siempre había querido formar: una empresa de forrajes.

Aunque mucho le debía a sus antiguos jefes, Miguel fue visionario y tuvo el mismo deseo que cualquier millennial actual: ser su propio jefe. Hoy, es dueño de Margiotta Silajes, una empresa de Coronel Suárez (provincia de Buenos Aires) que cumple 30 años y logró posicionarse como una de las líderes a nivel nacional en su rubro. Produce 300.000 toneladas de forraje verde ensilado, que es usado como alimento de vacas de tambo, para que puedan producir más de 4 millones de litros de leche por año.

Miguel y su esposa en una de las "picadoras" de la empresa forrajera.

Miguel y su esposa en una de las “picadoras” de la empresa forrajera.

“Eran tantas las ganas que tenía de avanzar y hacer una diferencia económica, que trabajaba de día y de noche, recuerdo una vez pase dos noches sin dormir. Lo que uno hace cuando quiere progresar y ni hablar con 20 años de edad y toda una vida por delante, el tren estaba pasando por mi vida y no podía dejar de subirme. Era una gran posibilidad que me daba Dios para que yo empiece a forjar mi futuro y nunca pasó por mi cabeza desviarme de mi meta”, recordó Miguel sobre cómo dio sus primeros pasos en la formación de su empresa a fines de la década del 80.

Lo más difícil para un novato de los negocios fue conseguir que las empresas que vendían herramientas le creyeran: “Yo no tenía nada que pudiera avalar la compra de un equipo, salvo la juventud de los 20 años y la capacidad de trabajo reconocida por los que me conocían”.

“Antes que llegue la primavera del ‘88 -contó- y comience la nueva campaña forrajera, me presente en un comercio local y pedí por favor que me vendan un tractor usado. Lógicamente ellos me pedían cheques, garantías, pero yo no tenía nada de eso. Les pedí que por favor confíen en mí, ya que trabajo conseguiría y de no poder pagarlo se lo devolvería. La realidad fue que les debo haber caído muy bien y habrán visto en mí el empuje que yo traía y esa actitud los contagió, de forma tal que me lo dieron y les firme un papel que poco valor tendría, ya que no tenía nada para perder”, relató.

Cerca de los ‘90 sin Internet, redes sociales ni medios de comunicación al alcance de la mano, otra de las metas que se llevó todas las horas de sueño de Miguel fue lograr que lo conocieran: “Para conseguir trabajos hacía dibujos con lápiz y papel oficio para promocionar el equipo de herramientas y los pegaba en los comercios, generalmente en las cooperativas, veterinarias, corralones y comercios, en general, relacionados al campo”.

Miguel en una de las primeras "chatas" de su empresa, que comenzó a fines de los 80.

Miguel en una de las primeras “chatas” de su empresa, que comenzó a fines de los 80.

Así fue apareciendo el trabajo y aunque no tenía teléfono los futuros clientes llegaban a la casa de sus padres. “Mi madre con su cuadernito anotaba todos los datos, para que cuando yo volviera visite a los clientes y acuerde con ellos el trabajo que debía hacer”, contó sobre sus primeros años.

“Los años fueron pasando y exactamente en 1998, es decir 10 años después del comienzo de la empresa, la tecnología comenzó a llegar al país, proveniente de Alemania, con máquinas automotrices muy grandes. Eran máquinas que se vendían en dólares y tan solo se podían comprar con créditos bancarios, por ello tomé una decisión muy importante y empecé a trabajar con los bancos nacionales y así endeudarme y comprometer todo lo que hasta allí tenía y había logrado sin necesidad de acudir a un banco. Fueron momentos muy difíciles, dado que si no daba ese salto, alguien de la competencia, podría llegar, hacerlo primero y ganar el mercado en el cual yo me desarrollaba”, explicó.

La tecnología permitió que Miguel saliera de su zona de confort para acaparar más territorio de la provincia de Buenos Aires. “Llegamos a Trenque Lauquen por primera vez y cuando los productores nos vieron comprendieron que las nuevas tecnologías hacían mucho más eficiente y rápido el trabajo. Fue una gran revolución productiva, ya éramos una empresa formada por 20 empleados, yo tenía 30 años de edad y la empresa 11 años de trayectoria y así empezamos a revolucionar lentamente el mercado silero argentino”, destacó.

“Con el correr de los años llegamos a tener cuatro máquinas iguales nuevas John Deere 6850 de 480 HP de potencia, todas ellas acompañadas de camiones y tractores, muchísima gente trabajando. De noche parecía un pueblo todo el equipo con tantas luces encendidas. Siempre dormía y pasaba mí mayor tiempo laboral en la casilla, los primeros 17 años de mi empresa los pasé viviendo en el campamento del equipo, donde dormía, comía y trabajaba”, aseguró.

Miguel logró formar una empresa de crecimiento sostenido. Su negocio, además de servicios forrajeros, ha ido adquiriendo a través de los años otras actividades comerciales como la agropecuaria, desarrollando la producción agrícola y ganadera.

A los 50 años, Miguel está seguro de cuál fue el secreto de su éxito: las ganas, el fiel apoyo de su esposa María Elena Jaurena, con quien está casado hace 25 años y es su socia y madre de sus cinco hijos, y la incorruptible decisión de seguir el norte que le indicaba su instinto.

Miguel logró lo que la mayoría de nuestros jóvenes anhelan: ser su propio jefe, liderar y construir un negocio propio. “Es importante que nuestros jóvenes sepan y tengan muy claro que éste es un país de oportunidades para todos, donde está todo por hacerse. Les aconsejo que nunca se detengan, cuando lo logren vayan por otra meta y luego por otra y así verán que su vida tiene otro sentido y se darán cuenta que son importantes y necesarios”, concluyó.

Fuente: Clarin

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