23 de octubre de 2018 14:11 PM
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Elementos implicados en la salud intestinal porcino

Principales elementos que conforman el entorno digestivo y cómo están implicados en la salud intestinal.

El ecosistema del tracto gastrointestinal es un sistema complejo, que tenemos que entender en su globalidad para poder diseñar estrategias a fin de mejorar la salud intestinal. En este artículo, nos basaremos en una segmentación hecha por Knudsen et al. (2008) para presentar los principales elementos que encontraremos en este entorno digestivo, discutiremos cómo están implicados y porqué es importante que estén en equilibrio para una óptima salud intestinal.

 

Animal

Un elemento clave de la salud intestinal es el tracto digestivo, que a su vez podemos dividir en diferentes partes. Para empezar, encontramos una capa de mucus. Es decir, un glicocálix rico en mucina, excretado por las células caliciformes del intestino. Este mucus, a su vez, está repleto de péptidos antimicrobianos excretados por las células epiteliales, y ejercerá una función de protección frente a las bacterias (comensales y patógenas) que residen en el intestino.

Justo por debajo tenemos el epitelio de enterocitos. Se trata de una monocapa de células de vital importancia, ya que es la encargada de, no sólo absorber todos los nutrientes (porque recubren todas las microvellosidades), sino también liberar enzimas que participan tanto en la digestión como en la inmunidad innata del organismo. Además, a nivel físico, son la primera barrera del organismo frente a patógenos presentes en el lumen intestinal (lo que conocemos cómo barrera intestinal). Es importante tener en mente la fisiología animal cuando observemos y diseñemos estrategias para proteger este epitelio. Durante las primeras horas de vida, la barrera de células epiteliales de los lechones es (y debe ser) laxa, permitiendo la translocación de anticuerpos y células inmunitarias procedentes del calostro entre las células. Este hecho permite que los lechones recién nacidos, con un sistema inmune aún en desarrollo, tengan cierto grado de protección pasiva frente a patógenos. Más tarde, las uniones epiteliales (conocidas como tight junctions) deben volverse más fuertes y formar una auténtica barrera “selectiva”, que prevenga la entrada de patógenos, pero a su vez permita entrada de nutrientes.

Finalmente, tenemos el tejido linfoide asociado al intestino (también conocido como GALT, del inglés gut associated lymphoid tissue) que juntamente con la barrera epitelial forma parte del sistema inmunitario del intestino. Cabe mencionar que el intestino, como órgano inmunitario, tiene particularidades que lo hacen único. Por ejemplo, es el órgano más grande del cuerpo con funciones inmunitarias y a su vez puede tolerar fisiológicamente una gran cantidad de antígenos procedentes de la dieta y la microbiota (Burkey et al., 2009).

Microbiota

Mediante estudios filogenéticos se ha determinado que el tracto gastrointestinal de los mamíferos contiene un orden más de bacterias que células presentes en el cuerpo del hospedador; entre los cuales habrá bacterias beneficiosas, comensales y otras patógenas. Este componente bacteriano se ha descrito como un “órgano indispensable” en humanos (Forysthe et al., 2015), que contribuye en una plétora de información genética presente, pero no nativa de su huésped.

En porcino, sabemos que estos microorganismos tienen un rol muy importante en el metabolismo de nutrientes. De hecho, recientemente se han encontrado evidencias de que tener un enterotipo u otro (es decir, un perfil u otro de microbiota), está directamente relacionado con el índice de conversión de los animales (Ramayo-Caldas et al., 2016). A su vez, la microbiota también puede afectar a la salud intestinal. Nos interesará tener, por ejemplo, bacterias butirogénicas (productoras de butirato), ya que el butirato es una fuente de energía para el enterocito; o que fermenten a otros ácidos grasos de cadena corta cómo el acetato o propionato, por sus funciones energéticas y antimicrobianas.

Dieta

Cuando alimentamos a nuestros cerdos, no solamente proporcionamos nutrientes a nuestros animales sino que también, y en gran medida, proporcionamos el sustrato necesario a su microbiota. En consecuencia, la dieta juega un papel muy significativo en la salud intestinal, porque mediante la inclusión de ciertos ingredientes (fibras fermentables) o aditivos funcionales (prebióticos, ácidos orgánicos…) podemos actuar en la salud intestinal promoviendo un perfil de fermentación y una microbiota específica según nos interese.

En conclusión, los elementos presentados forman una tríada, de elementos interrelacionados entre sí, que deberán estar en equilibrio para que nuestros animales gocen de buena salud intestinal. Un problema en uno de estos elementos, cómo la rotura de la membrana epitelial de enterocitos, o una alteración brusca en el perfil de fermentación de la dieta; dará paso a una situación de inestabilidad, que afectará la eficiencia y productividad del animal. A su vez, muy frecuentemente, estos problemas pueden derivar en una situación de patología gastrointestinal, con bajas entre nuestros animales, y dónde tendremos que invertir dinero en una terapia. En los próximos artículos hablaremos específicamente con qué estrategias podemos potenciar este equilibrio, es decir, cómo promover la salud intestinal.

Fuente: 3tres3

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