24 de octubre de 2018 12:35 PM
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El menor consumo de carne complica a la cadena

La baja de la demanda local de carne vacuna se refleja en los precios del ganado y agrava la situación de los engordadores de hacienda. Según los feedlots, a setiembre la pérdida por cabezas antes del pago de impuestos era de 325 pesos. Y ahora puede ser aún peor.

Este no fue un buen año para el engorde a corral. El alto costo del maíz y el diferencial entre compra–venta jugaron en contra del resultado de una actividad muy ligada al consumo interno. La mayor parte de lo que se engorda termina en el mercado local, que este año fue muy castigado por la coyuntura económica. Para los que trabajan en la economía formal, los aumentos de sueldo fueron inferiores a la inflación, y ese menor poder de compra se refleja en los precios de la carne y luego en el resto de los eslabones de la cadena ganadera.
En setiembre la faena vacuna fue 17% inferior a la de igual mes del año anterior. Eso disparó los precios del gordo y en consecuencia los de la carne, pero superado ese momento de faltante atribuido a las lluvias, los paros y la incertidumbre que generó el dólar, quedó en evidencia que la demanda interna no tenían más tela para cortar.
Así fue que los precios del ganado para faena bajaron cerca de 10% en el arranque de octubre respecto de los valores que hubo en la primera quincena de setiembre.
Lo que se deduce de esa situación es que los movimientos de precios responden más a las alteraciones que pueda sufrir el abastecimiento de los frigoríficos que a cambios en la condiciones de la demanda. La oferta tiene un peso mayor en la definición de las cotizaciones frente a una demanda con un poder de compra restringido y que además cuenta con diferentes sustitutos más baratos y en cantidad.
La baja en los precios del gordo complica a los feedlots. En su último informe la cámara que los nuclea da cuenta de que la transformación de maíz en carne da negativo. En efecto, si tomamos los números del arranque de la semana, con un kilo de ternero se compran menos de 10 kilos de maíz, aunque la relación llegó a ser todavía peor.
Si bien la aplicación de retenciones al maíz redujo el valor del cereal, y en consecuencia el costo de la alimentación, las cuentas para los engordadores no dan nada bien, mucho menos para el que no tiene integración con otro eslabón de la cadena.
De acuerdo con las mediciones que hizo la mencionada cámara, el margen bruto del engorde a corral en setiembre dio un resultado negativo de $325 por cabeza, en parte por la suba del costo del alimento pero también por el diferencial de compra-venta entre el ternero de invernada y el precio de lo que sale del  corral con destino a la faena.
El cálculo se hizo sobre un ternero de 180 kilos que se vendió a faena con 320 kilos, se pagó $51 como invernada y que se vendió a $49. El costo diario del engorde fue de $50 y cada día ese animal sumó poco más de un kilo.
Con esos números, el resultado del ejercicio antes del pago de impuestos nacionales y provinciales fue negativo en 325 pesos por cabeza. Pero si a su vez se contabiliza el costo financiero con el nivel actual de tasas, el cálculo de márgenes arroja un saldo negativo de 2.324 pesos por animal.
En esas condiciones, y con los precios de la invernada que no bajan en esta época del año, los encierres están en pleno proceso de vaciado. El índice de ocupación según la Cámara de Feedlot es de 63%, 10 puntos porcentuales menos respecto del pico que se dio en el otoño y 5% por debajo del registro de setiembre del año pasado. También cayó el índice de reposición, que es de 0,75%, es decir que por cada animal que sale de los corrales se repone menos de uno.
Para la mayor parte de las actividades que transforman el grano en carne este año fue complicado y los feedlots no escaparon a eso, así como tampoco pudieron evitar la caída en el poder de compra de la demanda doméstica, algo que tiene que ver con la situación económica del país.
El 85% de la carne que se produjo hasta ahora en 2018 termina en el consumo local, que por la alta inflación tuvo una pérdida notable de su poder de absorción.
La industria frigorífica viene alertando por esa situación. Recientemente Miguel Schiariti, de la cámara Ciccra, dijo que la menor faena derivó en una menor oferta de carne vacuna, que a su vez se combinó con una demanda exportadora sostenida, lo que significó menos oferta para el consumo local.
“En términos per cápita, el envío de carne vacuna al mercado interno habría pasado de 59 kilos por habitante y por año en agosto a 49 kilos en setiembre”, indica el último informe económico de esa entidad.
En el balance de Ciccra se destaca la buena performance exportadora: “La mayor proporción del aumento de la producción de carne vacuna se volcó a los mercados externos (casi 87% de las 186,2 mil toneladas res con hueso adicionales). Las exportaciones habrían ascendido a 383,3 mil toneladas en los primeros nueve meses del año, exhibiendo una recuperación de casi 73% anual. Su importancia en el total producido habría subido de 10,6% a 16,9% entre los períodos analizados”.
Pero Schiaritti también destacó la menor oferta para el mercado local y la pérdida del poder de compra. El titular de Ciccra dijo a la revista El Campo que “la faena y producción de carne cayeron porque hubo menos días laborables y también se frenaron las ventas porque la macroeconomía no mejora. La carne hasta ahora venía escapando a la crisis porque había aumentado menos que otros productos, pero en setiembre la suba del novillo se reflejó en el mostrador y el consumidor se ahuyentó”. El dirigente dijo que hay acumulación de stock de carne en las cámaras de las plantas consumeras y eso se refleja en el menor interés de los compradores de ganado para faena y “en definitiva bajó el precio de la media res”.
También los dirigentes de Fifra (otra cámara empresaria con fuerte representación en Córdoba y Santa Fe) se refirieron a esta cuestión. Daniel Urcía, vicepresidente de la entidad, consideró que “el verdadero negocio de la carne vacuna es el consumo doméstico” y destacó que la pérdida del poder de compra del salario está impactando en las ventas de carne y en consecuencia en los precios del ganado”.
En su reciente informe mensual de Fifra, Urcía indica que “el escaso poder adquisitivo del salario llegó a la carne. Si bien es uno de los alimentos que menos aumentó en comparación con otros, aún sigue corriendo por detrás de la inflación. En el presente mes la faena de consumo ha caído y su causa seria la merma en las ventas en las carnicerías”.
Mientras tanto, la exportación sigue pujante y por eso “la vedette continúa siendo la vaca, que registra muy buenos precios para los productores, siendo la categoría que más se ha revaluado en los últimos 24 meses. Su explicación es China”. En tanto, “la faena de novillos continúa en los mismos guarismos y no podrá crecer en lo inmediato porque no hay hacienda disponible, es la categoría que menos ha crecido desde que se comenzó a recomponer el rodeo allá por 2010. Esta situación, con una exportación pujante producto de la nueva relación de tipo de cambio que otorga la competitividad que otrora nuestros exportadores no tenían, contrastará en los próximos meses con un consumo debilitado por la situación económica del país”, finalizó Urcía.

Fuente: www.eldiariodelarepublica.com

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