24 de octubre de 2018 18:13 PM
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El “big data” empieza a hacer su aporte para achicar la brecha productiva

La Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica (RAVIT) presentó las primeras conclusiones de un monitoreo masivo que incluye 120 variables en 1,5 millones de hectáreas.

“No hay en la agricultura argentina muchas bases de datos con este nivel de análisis”, disparó el martes Emilio Satorre, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y director de Cultivar Conocimiento Agropecuario S.A., durante el encuentro organizado por la Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica (RAVIT) con el apoyo de Arysta LifeScience Argentina en el Campus de la Universidad Católica de Córdoba.

El objetivo del encuentro fue reunir a actores de primera línea del mundo de la agroindustria para compartir y co-crear una nueva forma de abordar las soluciones a los problemas complejos de la agricultura actual. Lo más relevante es que no se trata de una promesa, sino de un proyecto en marcha que comienza a mostrar los primeros resultados.

“Hemos detectado brechas de productividad de hasta un 30% en ambientes similares. Y eso no se debe a la lluvia o al suelo sino a diferentes procesos en la toma de decisiones”, explicó Esteban Tronfi, líder de RAVIT, una red que en esta etapa evalúa y analiza la toma de decisiones de los productores en 150 unidades de seguimiento distribuidas en un área de 1.500.000 hectáreas del centro norte de la provincia de Córdoba. Allí se miden 120 variables que permiten abordar relaciones muy complejas que se dan en situaciones de producción sobre la base de la información medida en el lugar y la provista por sensores.

Emilio Satorre, docente de la Fauba.

Emilio Satorre, docente de la Fauba.

Se trata del Big Data llevado a su máxima expresión. “Es un enfoque analítico diferente que permite otro tipo de abordaje con el productor y con quien transfiere la tecnología. Además modifica las relaciones de comunicación entre los actores”, sintetizó Satorre, a cargo de procesar los datos recabados por RAVIT. “Hay un enorme valor en entender de qué modo se introducen los procesos tecnológicos dentro de un paquete de manejo de cultivos y cuáles tienen mayores probabilidades de generar un resultado positivo. Cuando reunís información heterogénea a lo largo del tiempo se pueden modelar situaciones puntuales con una precisión muy alta”, agregó.

Al presentar los resultados de la experiencia realizada la campaña pasada sobre 500.000 hectáreas ubicadas en Córdoba, Satorre detalló que al analizar las 120 variables durante la etapa previa a la siembra del maíz y lo que pasó al comienzo, en el medio y al final del cultivo, se pudo entender cuáles son las determinantes del rendimiento y explicar más de un 75% de la variabilidad.

La falta de agua, la elección de la fecha de siembra, la densidad y la fertilización fosforada fueron algunos de los puntos clave que explicaron el rendimiento. “A pesar de que los cultivos estuvieron expuestos prácticamente a una condición de sequía creciente a lo largo de todo el ciclo (las precipitaciones acumuladas estuvieron un 20% por debajo de los años más secos de la historia), se pudo ver una gran variabilidad de los resultados que llegó hasta el 35%”, explicó el especialista.

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Pero la clave está en el objetivo del proyecto. “No solo buscamos describir lo que construye estas diferencias en la productividad, también ayudamos a utilizar mejor las herramientas que permiten zanjar esa diferencia”, sostuvo Tronfi. ¿Cómo? Convirtiendo todas estas mediciones en algoritmos que puedan ayudar a los productores en el proceso de toma de decisiones en pos de una mayor competitividad. En el futuro, el especialista imagina una aplicación similar a Waze, construida a partir del aporte de la comunidad con el fin de guiar el tránsito, pero orientada a colaborar en la toma de decisiones para una mejor agricultura.

 

Un tema de escala y colaboración

“Un problema no puede resolverse en la misma dimensión en que fue creado”, citó Rodrigo Ramírez, gerente general de Arysta LifeScience para Argentina y Uruguay. “Si el problema se creó a nivel de lote, hay que abordarlo en otra dimensión”, acotó para adentrarse en el problema de malezas, un ejemplo claro de los desafíos que enfrenta la agricultura actual.

Rodrigo Ramírez, gerente general de Arysta LifeScience

Rodrigo Ramírez, gerente general de Arysta LifeScience

Entre 2012 y 2017 el mercado de herbicidas selectivos pasó de 578 a 1074 millones de dólares. En el mismo período, las malezas resistentes pasaron de afectar el 5% de la superficie de soja al 70% si se contempla solo una maleza como es el Yuyo colorado. A nivel mundial, de los 28 tipos de acción de herbicidas, 23 ya han generado algún tipo de resistencia. Hoy los productores están gastando entre 100 y 135 dólares por hectárea en herbicidas para controlar malezas resistentes en soja.

“Mientras el mercado se duplicó, las malezas crecieron de manera exponencial. ¿La tecnología está avanzando más lentamente que el avance de las malezas o no estamos hallando la verdadera solución?”, increpó Ramírez y analizó: “este no es un camino sustentable. Tenemos que hacer algo y no lo podemos hacer solos, ni las empresas proveedoras de insumos y productos, ni el Estado, ni los contratistas, ni los productores”.

Y allí estaban todos ellos, convocados por RAVIT y Arysta para analizar lo que el periodista de Clarín Rural, Héctor Huergo, a cargo de moderar el living integrado por referentes de toda la cadena de valor, consideró una iniciativa “fundacional”.

Más temprano, Fernando Pedri, decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica de Córdoba y anfitrión del encuentro, había mostrado toda su atención y participación en esta iniciativa por considerarla revolucionaria y de gran aporte también para la formación de los nuevos profesionales.

“Es una plataforma azul que nos permite ver más claramente el horizonte. Ya no es la data que genera una cosechadora, que se envía a la nube y luego es interpretada por un hardware puesto en una sembradora. Acá se integra todo, la problemática actual con los nuevos desafíos y las herramientas más evolucionadas para resolverlos”, expresó Huergo para abrir el debate al living integrado por seis referentes de la agroindustria.

“Nosotros desarrollamos genotipos pero una gran proporción del resultado lo define el ambiente”, dijo Gerardo Bartolomé, presidente de DonMario Semillas, uno de los miembros del panel. “Nuestro desafío es que la genética se adapte. La semana pasada nos hemos planteado lograr un 30% de aumento en la producción de soja interpretando la interacción genotipo ambiente. El Big Data, la genómica, la edición génica, pueden permitirnos lograrlo a partir de la interpretación del ambiente. No subirnos a toda estas nuevas tecnologías significa quedarnos atrás en la carrera por el aumento de la productividad”, acotó.

Francisco Iguerabide, ex presidente de AACREA y actual director de Desarrollo Agropecuario Sostenible del Ministerio de Agricultura de Córdoba, también se sumó al análisis y opinó que “el Estado debe tejer relaciones y generar una estructura básica donde el privado no tiene escala o interés. El desafío es lograr que la información esté disponible y que sea pública. Hay que generar vínculos. La dificultad que tenemos como productores y como país es de organización”, dijo.

El contratista Sergio Marinelli refrendó que hoy todos los equipos están con grandes posibilidades de generar muchísimos datos, “el punto es qué hacemos con ellos”, dijo y destacó el rol de RAVIT a la hora de utilizar toda la información agrícola que se genera. “Estamos todos apuntando a un cambio de conciencia. Los contratistas levantamos el 70% de la cosecha de la Argentina y eso se hace a una gran velocidad. En ese trajín hemos colaborado muchísimo en la expansión del problema de malezas”, acotó.

Juan Cruz Molina, director del Centro Regional Córdoba de INTA, sostuvo por su parte que el gran desafío es que las Agtech empiecen a ser útiles y que los productores puedan tomar sus mejores decisiones. “Mi vocación es que el INTA sea una parte de esa red de relaciones para facilitar que las cosas sucedan. Ojalá el INTA sea el cajón de arena para que jueguen todos los jóvenes y tecnólogos capaces de aportar bienes públicos útiles”, expresó.

“Hoy uno de los planteos fuertes es contar con datos adecuados”, aportó Angel Pérez Pulleti, CEO de Baufest, una empresa especializada en el desarrollo de software. “En algoritmos existen avances pero el desafío es pasar del campo al laboratorio y luego a su aplicación real en el negocio. Ahí es donde el rol de Ravit y su propuesta multidimensional cobra mayor relevancia”, opinó.

Y allí estaba también Marcos Scully, uno de los productores cordobeses que participan de la experiencia de RAVIT. “Estamos ante un desafío gigante del que ni siquiera tenemos magnitud”, dijo. En su opinión, “viene un cambio para el que muchos no estamos preparados. Pero este proyecto, basado en el trabajo en comunidad, propone una nueva versión de la Argentina”, concluyó

Fuente: Clarin

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