25 de octubre de 2018 04:44 AM
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El Gobierno espera del campo más dólares e inversión: por qué es una apuesta riesgosa

Es la gran carta del Gobierno para motorizar la salida de la recesión. Sin embargo, algunos reportes alertan que el camino no será tan fácil

n medio del plan de austeridad fiscal, la obra pública viene sacando el pie del acelerador. Sectores industriales, especialmente aquellos orientados al mercado interno, tampoco atraviesan su mejor momento.

Incluso ramas de actividad que dependen de la exportación muestran sus altibajos, como ocurre con el sector automotor.

Así, en momentos en que organismos multilaterales como el FMI prevén una caída del PBI del 2,6% para este año y de 1,6% para 2019, el macrismo apuesta a pleno por el agro para que vuelva a asumir el rol de “locomotora” de la economía.

Cuando al campo le va bien, su efecto derrame sobre las economías regionales y entramados industriales es notable. De hecho, un relevamiento de la Bolsa de Rosario preveía tiempo atrás que el campo iba a invertir la friolera u$s10.000 millones en la campaña agrícola 2018-2019.

Maquinaria agrícola, servicios logísticos, silobolsas, agroinsumos y hasta pick-upsson algunos de los rubros que siempre se ven impulsados cuando la cosecha es buena y los altos precios acompañan.

Claro que la esperanza de un nuevo boom sojero por parte del macrismo no está relacionada únicamente con la necesidad de darle empuje a una economía ahogada por la inflación, los bajos niveles de inversión y un pobre comportamiento del consumo; el interés también está basado en el importante flujo de dólares.

En el Banco Central miran con buenos ojos el nivel de ajuste de las cuentas externas, propiciado por la suba del dólar. Y si bien el año próximo está pactado el ingreso de más de u$s25.000 millones en concepto de préstamos del FMI y otros organismos, el Gobierno va por más: el flujo de divisas “cosecha 2019” que provenga de la liquidación del agro tendrá un papel decisivo en la recta hacia los comicios.

A esto se suma el aporte a nivel retenciones, tras el brusco cambio de dirección por parte del macrismo, que decidió “repartir” un poco con el sector rural el esfuerzo para cerrar el déficit fiscal.

¿Estará el campo “a la altura”?

Más allá del malestar que hubo entre las cúpulas de las organizaciones rurales por la amenaza de una mayor presión impositiva, tranqueras adentro, productores y responsables de pooles de siembra se enfrentan a una situación ambigua.

En general, la proyección para la campaña 2018-2019 luce alentadora, pero hay una serie de variables sensibles que empiezan a preocupar y que están siendo monitoreadas día a día:

-Clima: la falta de lluvias en áreas estratégicas de la zona núcleo, que aporta los mayores rindes, sumado a algunos frentes fríos en momentos clave de la siembra, están afectando a algunos cultivos.

-Producción: como consecuencia de esto, se vienen recortando las hectáreas plantadas con trigo y ya se está registrando un retraso de la campaña maicera. Si bien no se pone en tela de juicio que será una campaña con un buen volumen, analistas anticipan que la cifra sería ser menor a la prevista.

-Costos y rentabilidad: productores alertan que los costos se dispararon, no sólo por la devaluación, sino porque también los fertilizantes sufrieron un incremento de precios medido en divisas.

-Precios de los granos: con altibajos, el valor de la soja se movieron en un rally descendente desde marzo: tras llegar a cotizar a u$s392 la tonelada, actualmente se ubica en los u$s315, casi 20% menos.

-Incertidumbre: fondos agrícolas vienen alertando que, debido a que se inicia la carrera electoral, los inversores están más reacios a anclar su capital en una actividad a la que le podrían cambiar las reglas de juego si sobreviene una derrota del oficialismo.

Preocupación en la zona núcleo

El trigo, sin dudas, luce como el cultivo más amenazado por la situación climática. El combo conformado por escasez de lluvias, heladas y granizo, derivó en que la Bolsa de Rosario haya recortado en 2 millones de toneladas la producción prevista, lo que equivale a un 10% menos que lo que se proyectaba hace apenas dos meses.

“Han quedado atrás las posibilidades de alcanzar las 21 millones de toneladas trigueras que se preveían”, a raíz de la sequía que domina en gran parte del oeste y centro de la región pampeana, advirtió la entidad.

“Las pérdidas por los lotes que empiezan a dejarse de lado por la falta de agua y el efecto de las bajas temperaturas ya suman 190.000 hectáras”, marcaron.

En tanto, el consultor Salvador Di Stéfano, especializado en agronegocios, planteó un escenario más pesimista: “La cosecha de trigo sufrió muchos recortes y sumatoria de problemas. Hay que ponerse contentos si llegamos a las 18 millones de toneladas”.

En paralelo, desde la BCR señalaron que la campaña de maíz, que está en pleno desarrollo, “se sigue atrasando y aumenta la incertidumbre”.

La intención de siembra contempla cubrir unas 6,6 millones de hectáreas. Sin embargo, “la falta de agua pone en duda la concreción final de esa cifra”, alertaron.

Así las cosas, “el área de siembra maicera, que prometía ser la más importante de todos los tiempos, ahora se tambalea en la cuerda floja”, advirtieron desde la entidad rosarina.

Di Stéfano coincidió en señalar que “el maíz de primera no se está sembrando en muchas zonas. No va a haber una súper cosecha de este cultivo, justo cuando los stocks están cayendo en el mundo”.

Y, por si faltara un condimento extra, agregó que “la retención le quita una gran rentabilidad a este producto”.

 

Soja: incertidumbre por el precio

La expectativa está entonces en la soja: se prevé una producción de 53 millones de toneladas, un número positivo, de no mediar inconvenientes climáticos. Además, la proyección viene en franco aumento de la mano de ruralistas que están abandonando el maíz, debido a los mayores costos.

“La soja podría incrementar el área a sembrarse, por los problemas con el maíz. La gran dificultad es que Estados Unidos viene con una cosecha récord”, estimó Di Stéfano, quien agregó que si esto ocurre y en Brasil la campaña marcha bien, habrá un sobrestock que presionará a la baja sobre los precios.

Por lo pronto, la tonelada de porotos hoy cotiza a unos u$s312, un 20% por debajo del último pico, registrado a comienzos de marzo, al tiempo que resulta casi 30% menor que el nivel de mediados de 2016.

Pero no es el único cultivo que está sufriendo magras cotizaciones. Por el contrario, este flagelo afecta a todo el complejo agrícola.

Para Gustavo López, director de la consultora AgriTrend, “no podemos decir que los precios son muy buenos o excelentes. Si promediamos el valor de todos los granos y subproductos, como harina y aceite, obtenemos un promedio de u$s305 por tonelada, es una cifra bastante baja respecto de los últimos diez años, principalmente por una soja que hoy está sufriendo la incertidumbre por el conflicto entre China y los Estados Unidos”.

En la última década, el valor promedio de exportación fue de u$s385 por tonelada. Es decir que hoy se ubica u$s80 por debajo.

Cabe destacar que el último récord de precios -que benefició al gobierno de Cristina Kirchner- se dio en el período 2011-2012: en ese entonces, el precio por tonelada de granos, harina y aceites puesta en barcos equivalía a u$s464, nada menos que un 52% por encima de la cifra actual.

Costos y rentabilidad, en la mira

Otro gran foco de incertidumbre está vinculado con las débiles espaldas que, en general, tienen los productores tras los problemas que dejó la sequía y que ahora deben enfrentar tasas de interés por las nubes.

“El que tiene que salir a buscar financiamiento bancario o de proveedores está muy, muy complicado. Este nivel de interés terminará comiéndose una buena parte de la rentabilidad. Por eso, el que alquila campo en una zona promedio y necesita efectivo para arrancar, está corriendo el riesgo de terminar cambiando la plata cuando finalice la campaña”, planteó Guillermo Villagra, director de la consultora OpenAgro.

El problema en años así, en los que hay poca espalda financiera y el costo del dinero es elevado, es que termina recortándose el nivel de inversión: “Es típico que los productores, al no poder fondearse, apliquen un paquete tecnológico menor. Entonces fertilizan menos o no usan semillas de última generación. Esto va a pegar en los rindes y puede sentirse mucho en el resultado final del maíz, que es el cultivo más sensible”, afirmó el experto.

La razón, en parte, según Villagra, “es que hubo insumos clave se encarecieron mucho en dólares: por ejemplo, la urea granulada, fundamental para el maíz, hoy vale u$s500 la tonelada, cuando el año pasado costaba unos u$370. Esto es un 35% más en divisas”.

Lo mismo pasó con el fósforo, otro fertilizante que se aplica apenas arranca la siembra: “De los u$s450 que costaba la tonelada hoy se están pidiendo u$s600, un 27% más. A lo que hay que sumar, lógicamente, el impacto de la devaluación”, explicó el experto.

¿Y cómo queda la rentabilidad? Según Villagra, en una zona núcleo con muy buenos rendimientos; con una baja necesidad de financiamiento, menor al 30% sobre los gastos totales para cubrir toda la siembra; y de no mediar grandes sorpresas climáticas, entonces un productor en un planteo de mediana escala podrá aspirar a sacar un retorno del 20% en pesos, descontada la inflación y post pago de impuestos.

La cifra resulta interesante, considerando que un plazo fijo hoy está rindiendo un 47%, a lo que hay que restarle la evolución del índice de precios, estimado hoy en un rango cercano al 45% anual.

El problema, advirtió Villagra, es que este año la apuesta luce arriesgada: los precios de los granos en dólares no dan señales de firmeza y el factor climático hoy muestra algunas señales de incertidumbre. De modo que cualquier alteración sobre algunas de estas variables terminará achicando esa cifra.

¿Habrá cosecha récord?

Tras las últimas complicaciones climáticas, las visiones se van dividiendo.

Por lo pronto, analistas como Di Stéfano plantean que el verano no vendrá tan cargado de billetes verdes como se preveía, de modo que adelanta un verano menos holgado a nivel divisas que el que esperaba el macrismo.

“No habrá cosecha récord, y el oxígeno de dólares que el Gobierno espera en enero por el trigo será muy escaso. Hay vendida en los mercados de futuros 7 millones de toneladas, y muchos de los que cosechen van a tratar de retener para comercializar recién en marzo, o más adelante”, advirtió el experto.

López, en tanto, es de los que ve el vaso medio lleno: “Es verdad que se fue recortando un poco el área, pero vamos a estar mejor que el último ciclo, cuando por la sequía se perdieron 20 millones de toneladas. Es más, se prevé que la campaña terminará con 30 millones de toneladas por encima de la anterior”.

En septiembre, durante el Tercer Congreso de Perspectivas Agrícolas, organizado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), se planteó que el incremento del Producto Bruto Agrícola equivaldría a u$s7.600 millones. Es una buena cifra. Sin embargo, esto fue antes del importante recorte que sufrió la proyección para el trigo.

En definitiva, para el macrismo esta campaña todavía puede ser la gran “revancha”. Pero por las dudas, los funcionarios miran al cielo para pedir por el clima. Y también a Estados Unidos, para que no pinche más los precios.

Fuente: iProfesional

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