29 de octubre de 2018 17:54 PM
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El cerdo asilvestrado y su papel en la epidemiología de la Peste Porcina Africana

La Peste Porcina Africana (PPA) ha generado incertidumbre en países libres de la enfermedad ya que es altamente contagiosa, de difícil control y erradicación, sumando a esto la carencia de alguna vacuna. Es importante el efecto económico que puede generar en la industria porcícola de un país, un ejemplo por citar es lo sucedido entre […]

La Peste Porcina Africana (PPA) ha generado incertidumbre en países libres de la enfermedad ya que es altamente contagiosa, de difícil control y erradicación, sumando a esto la carencia de alguna vacuna. Es importante el efecto económico que puede generar en la industria porcícola de un país, un ejemplo por citar es lo sucedido entre los años 2014 y 2015 en Polonia, Lituania, Letonia y Estonia en el cual como resultado de los brotes de PPA en, el valor de las exportaciones de carne de cerdo y productos porcinos se redujo en USD $ 961 millones, que representan hasta el 50% de las exportaciones (cifras generales sobre los costos económicos) (Sánchez- Cordón, et al, 2018).  La difusión y permanencia de la PPA en el ambiente se ve favorecida por diversos factores como lo es la garrapata, los cerdos domésticos y los cerdos salvajes, ferales y/o asilvestrados (Sus scrofa).

Los cerdos salvajes o asilvestrados son llamados por muchos nombres incluyendo: jabalí, cerdo salvaje, jorobado, cerdos talladores de madera y verraco ruso o Euro-asiático; el nombre puede variar de acuerdo a la región geográfica, pero son la misma especie peligrosa, destructiva e invasora. Los cerdos asilvestrados no son nativos de las Américas; fueron traídos en el año 1500 por los primeros exploradores y colonos como fuente de alimento; su introducción se logró principalmente por las características biológicas de la especie (animales de alta prolificidad y rápida reproducción, así como su capacidad de adaptación. Estos animales se liberaron para que buscaran alimento y otros escaparon de los recintos donde se mantenían, de esa manera, originaron el primer establecimiento de poblaciones de cerdos salvajes.  Por otro lado, en la década de 1900, el jabalí de Eurasia o ruso fue introducido en diversas áreas de los Estados Unidos con el fin de la caza deportiva; al estar en libertad y al pertenecer a la misma especie, hubo cruzas y dieron lugar a lo que se conoce hoy en día como cerdo asilvestrado, feral o cerdo alzado, son una combinación de cerdos domésticos que escaparon, del jabalí euroasiático y de los híbridos de los dos.  (Mayer, 2017).

Los cerdos salvajes o asilvestrados han sido reportados en casi todo el mundo. Su rango de expansión durante las últimas décadas es debido a una variedad de factores incluyendo su adaptabilidad a una variedad de climas y condiciones, su desplazamiento originado por los seres humanos y la falta de depredadores naturales.

Al ser un animal omnívoro, consume principalmente plantas por ser el alimento de mayor abundancia en la mayoría de los entornos. Estudios han demostrado que estos animales seleccionan los brotes más jóvenes, las hojas, las flores, y en algunos casos las raíces de las plantas (Siqueira, et al., 2007), pero también tienen predilección por diversos cultivos agrícolas como maíz, cacahuate, melón, sandía, algodón, etc.  Adicionalmente, afectan a las comunidades de animales nativos de las regiones donde se introducen al destruir zonas de anidación o los propios nidos, competencia por recursos y por depredación (Barrios-García & Ballari, 2012). En situaciones extremas de alimentación, el cerdo feral puede hozar cadáveres de otros cerdos con el riesgo de adquirir agentes infecciosos contenido en ellos. En el aspecto sanitario, los cerdos ferales son reservorios de un gran número de virus, bacterias y parásitos que presentan un riesgo para humanos, animales domésticos y para la fauna nativa (Cuadro 1) (Meng, et al., 2009). La transmisión de estas enfermedades se puede dar por diversas vías, contacto directo con los cerdos o sus excreciones y/o secreciones y alimentos que hayan contaminado o por el consumo de su carne que no esté bien cocida.

 

En animales jóvenes y débiles puede presentarse signología de alguna de esas enfermedades, sin embargo, el principal papel que juega estos animales es el de portador de varias de ellas.

La importancia del cerdo feral en la presencia de PPA está basada en que, al ser una especie susceptible, participa en la diseminación de la enfermedad y además de su posible rol como portador de la misma. En un día un cerdo feral puede recorrer de 0.9 a 2.2 km aproximadamente durante el día buscando alimento (en zonas de bosques tropicales y de montañas boscosas) y pueden encontrarse grupos de hasta 30 animales de diferentes edades (USDA/APHIS, 2017), lo que conlleva el riesgo de que las enfermedades que pueda estar portando son “transportadas” de manera silenciosa con un alto riesgo sanitario; también porque en particular con la PPA, se han descrito hasta veintitrés genotipos que están presentes en África,  los genotipos I y II se han encontrado fuera de ese continente; el genotipo I se propaga a través de África Occidental y Central, se introdujo en Europa en 1957 y 1960 y actualmente se encuentra en Cerdeña. El genotipo II se introdujo en Georgia en 2007 y se ha propagado a través de la Federación de Rusia y Europa del Este (Pagani & Rijks, 2015; Sánchez-Cordón, et al, 2018; Brown & Bevins, 2018).  (Imagen 2).

Debido a lo anterior, el periodo de incubación y latencia, así como el curso de la infección están relacionados a la cantidad de virus que se eliminan y a la ruta de excreción que a la vez está relacionado con la dosis infecciosa y la cepa viral. Si es una dosis baja de un genotipo leve, esto puede permitir tiempos prolongados de incubación y generar enfermedades crónicas o llevar al desarrollo de ser portadores, además de ser un virus resistente capaz de sobrevivir por largos periodos en ambientes proteicos, ser viable en heces, sangre y tejidos por meses, puede sobrevivir durante un año y medio en sangre almacenada a 4 ºC, 11 días en heces a temperatura ambiente. Además, el virus permanece latente durante 150 días en carne con hueso conservada a 4ºC, 140 días en jamones secos salados y varios años en carcasas congeladas  (The Center for Food Security & Public Health, 2010; Pietschmann, 2015). Al persistir durante períodos prolongados en tejidos o sangre de cerdos recuperados o después de una infección con aislados de baja virulencia, esto contribuye a la transmisión del virus, la persistencia de la enfermedad y la introducción de la enfermedad en zonas libres (Sánchez- Cordón, et al, 2018)

Una infestación por Ornithodoros spp se encuentra íntimamente asociada a la aparición de brotes, para citar un ejemplo, en Madagascar, el virus de PPA se aisló en garrapatas en una granja donde no se había introducido ningún cerdo en los últimos cuatro años. En tales circunstancias, es necesario tomar en cuenta como medidas de control y erradicación, incluir la aplicación de acaricidas en edificios con infestación de garrapatas y donde hubo o se sospecha de PPA. (Costard et al, 2012Chenais et al2018).

En Norte y Centro América existen especies nativas de Ornithodoros spp., cuatro (O. coriaceus, O. parkeri, y O. turicata O. puertoricensisse). Se han inoculado experimentalmente con diferentes aislados virales de PPA, encontrándose que la persistencia viral va de 23 a 463 días, con la transmisión a cerdo domésticos demostrada hasta 502 días post infección, dependiendo la especie. (Costard et al, 2012; Brown & Bevins, 2018).  Esto muestra que pueden jugar un rol importante en la transmisión y permanencia del virus de PPA.

Los cerdos silvestres ya sea vivos o muertos, representan un riesgo en la transimisión de la PPA.  En un modelo de expansión espacial se encontró que el movimiento de animales infectados es el factor más importante de transmisión de la enfermedad. En el más reciente brote en la región Caucásica y Rusia, PPA causó la presentación aguda de la enfermedad en cerdos domésticos y en suidos salvajes; un factor importante que pudo favorecer esta situación fue que la mayoría de los sistemas de producción son de traspatio, esto conlleva a la ausencia o deficientes medidas de bioseguridad, así como de implementación de medidas de control de la enfermedad, lo que favorece que en ciertas áreas haya interacción entre cerdos y suidos salvajes, trayendo como consecuencia un riesgo alto de que PPA persista en estas regiones y/o se expanda a otras áreas de Europa (Olugasa y Ijagbone, 2007)

Cuando los cerdos asilvestrados son cazados, pueden  ser transportados  sin medidas de bioseguridad adecuadas de un lugar a otro, por lo general para su consumo, lo que conlleva la “movilización” de agentes infecciosos. Si los cerdos son abandonados en el lugar donde se cazaron con el riesgo de quedar expuesto el cadáver y con ello todos los agentes infecciosos que pudiera portar; esto origina una preocupación generalizada de que el virus pueda extenderse entre territorios. Por la larga permanencia del virus en tejidos (músculo, médula ósea y grasa), los productos de cerdo frescos y también los curados, pueden permanecer como fuentes de infección por meses. (Costard et al, 2012Chenais et al; 2018). Se ha comprobado también que las moscas que se alimentan de sangre, principalmente Stomoxys spp son capaces de la transmisión mecánica del virus de PPA (Costard et al, 2012).

La transmisión directa entre jabalís (u otros suidos salvajes) susceptibles e infectados y la indirecta a través de los cadáveres en el hábitat, aunado a la contaminación del hábitat a partir de cadáveres contaminados de suidos salvajes positivos a PPA, permite que haya infecciones de altas o bajas dosis virales, dependiendo del terreno, el tiempo, la temporada y la descomposición del cadáver y todo esto pueda interaccionar de alguna manera con el cerdo doméstico.(Chenais et al2018).

Potenciales rutas de transmisión para PPA en Europa. Fuentes de infección incluyen cerdos domésticos (Sus scrofa domesticus) infecciosos y jabalíes (Sus scrofa), cadáveres contaminados, desechos alimenticios y vehículos o equipo contaminado. Las garrapatas blandas Ornitohodoros spp no han probado estar involucrados en la transmisión de PPA en Europa Occidental, Rusia o la región Transcaucásica. Los suidos salvajes incluyendo al jabalí verrugoso o facóquero (Phacochoerus africanus) y potamoquero (Potamochoerus larvatus) pueden estar infectados de forma persistente y actuar como fuente de infección. Las garrapatas Ornithodoros spp. que están infestando a los jabalíes facóceros o a las granjas porcinas pueden estar involucrados en el oriente de África. (Sánchez- Cordón, et al, 2018).

Después de la introducción en países libres de PPA, las únicas medidas de control disponibles son cuarentena y bioseguridad estrictas, restricciones de movimiento de animales y sacrificio de animales afectados/expuestos y por la eliminación de los cadáveres, que habitualmente se realiza por medio de su entierro o incineración, hasta el momento no existe vacuna o tratamiento para el control de la enfermedad. Muchos desinfectantes comunes no resultan eficaces; se debe tener la precaución de utilizar productos específicos, tales como el hipoclorito de sodio y algunos compuestos de yodo y de amonio cuaternario (The Center for Food Security & Public Health, 2010). PPA no es una infección que contraiga los humanos.

Existen varias evidencias del papel de los cerdos salvajes en la propagación y el mantenimiento de la enfermedad, por ejemplo, cuando de 2015 a 2017, se identificaron cerca de 8,000 animales positivos para PPA en Polonia y los Países Bálticos. La gran cantidad de virus eliminada durante el período infeccioso de la enfermedad y la capacidad del virus para sobrevivir durante largos periodos en un entorno rico en proteínas, incluso en condiciones adversas, significa que los cerdos salvajes ya sea vivo o sus cadáveres deben considerarse en todas las medidas de control. En un estudio realizado en Alemania, se evaluó el comportamiento de cerdos ferales hacia cadáveres de sus congéneres para reconocer si es una potencial forma de transmisión de PPA. De los animales que se capturaron en las cámaras, 30% de ellos de diferentes edades tuvieron contacto directo con los cadáveres, esto aunado a las características del virus de ser capaz de sobrevivir por largos periodos en tejidos, probó que es una posible forma de que el virus permanezca y la enfermedad continúe su expansión por los países de la Unión Europea (UE) (Probst, et al, 2017).

La Comisión de la UE ha recomendado procedimientos para el control de la PPA en cerdos domésticos y poblaciones de suidos salvajes; esto incluye reportar todos los cerdos salvajes muertos encontrados, retirar los cadáveres y aplicar pruebas diagnósticas a aquellos cazados en zonas de control (Sánchez- Cordón, et al, 2018).

El cerdo feral, como especie invasora, generalista (adaptabilidad a diferentes entornos) y modificadora del entorno ecológico, presenta un punto crítico para la diseminación de esta enfermedad y otras sobre todo por su papel como portador, pero además la presencia del virus en los productos cárnicos por tiempos prolongados. Es relevante conocer su distribución geográfica para que las autoridades locales correspondientes puedan implementar medidas adecuadas para su control y así mismo un monitoreo preventivo a las enfermedades presentes en las regiones en las que se ha detectado su presencia e implementar la vigilancia en estos animales.

Referencias.

Erika Chenais, et al. 2018. Identification of wild boar- habitat epidemiologic cycle in African Swine Fever Epizootic. Emerg. Infect. Dis. 24 (4): 810- 812

John J. Mayer. 2017. Introduced Wild Pig in North America: History, Problems and Management. Ecology, Conservation and Management of Wild Pigs and Peccaries (pp. 299-312). Cambridge University Press

M. Noelia Barrios-Garcia and Sebastian A. Ballari. 2012. Impact of wild boar (Sus scrofa) in its introduced and native range: a review. Biol Invasions (2012) 14: 2283-2300.

Olugasa, B.O. and Ijagbone, I.F., 2007. Pattern of spread of African swine fever in south- western Nigeria, 1997–2005. Veterinaria Italiana 43 (3), 621–628.

Paolo Pagani and Jolianne Rijks. 2015. African swine fever in wild boar and African wild suids. Dutch wildlife health centre 1-16

Pietschmann. J, et al. 2015. Course and transmission characteristics of oral low- dose infection of domestic pigs and European wild boar with a Caucasian African swine fever virus isolate. Archives of virology. 160: 1657- 1667

P. J. Sánchez- Cordón, et al. 2018. African swine fever: A re- emerging viral disease threatening the global pig industry. The veterinary Journal 233: 41-48

Probst C, et al. 2017 Behaviour of free ranging wild boar towards their dead fellows: potential implications for the transmission of African swine fever. R. Soc. open sci. 4: 170054.

S. Costard, et al. 2013. Epidemiology of African swine fever virus. Virus Research 173: 191-197

S. Siqueira, et al. 2007. Feral Pigs In Hawai’i: Using behavior and ecology to refine control techniques. Applied Animal Behaviour Science 108: 1-11

The Center for Food Security & Public Health. 2010. Peste porcina africana. [internet] Consultado en: http://www.cfsph.iastate.edu/Factsheets/es/peste_porcina_africana.pdf

Thomas Hutton, et al. 2006. Disease risks associated with increasing feral swine number and distribution in the United States. Wildlife disease and zoonotcs. 1-16

USDA/APHIS. United States Department of Agriculture. 2017. Feral Swine-Identification. Disponible en: https://www.aphis.usda.gov/aphis/ourfocus/wildlifedamage/operational-activities/feral-swine/feral-swine-identification (consultado el 18 de Octubre de 2018)

Vienna R. Brown and Sarah N. Bevins, 2018. A review of African swine fever and the potencial for introduction into the United States and the possibility of subsequent establishment in feral swine and native ticks. Frontiers in Veterinary Science 5: 1- 18

X. J. Meng, D. S. Lindsay and N. Sriranganathan. 2009. Wild boars as sources for infectious diseases in livestock and humans. Phil. Trans. R. Soc. B (2009) 364, 2697–2707

 

Autores: Mónica Lorena Rodríguez Calzada, Bernardo Daniel Cruz Bolaños,Rosalba Carreón Nápoles

Fuente: www.porcicultura.com

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