3 de noviembre de 2018 12:10 PM
Imprimir

Heno : Claves para cambiarle la cara a un viejo conocido

Mejorar la confección de forraje es una de las llaves que abren la posibilidad de incrementar la producción ganadera.

La producción de heno no es nueva, ni en Argentina ni en ningún lugar del mundo y quizás esa sea la razón por la que nos mal acostumbramos a no apreciarlo y quitarle mayor atención en su proceso de confección.

Pero ocurre que por viejo, no es que no pueda mejorar o evolucionar, a pesar que ese preconcepto se halla muy arraigado en el mundo moderno.

Por esta razón es importante entender que a pesar de los años y lo conocido, debemos tener en cuenta que no hay proceso que no tenga chances de mejora, sumado a que las herramientas tecnológicas evolucionan día a día al igual que cualquier detalle de la actividad pecuaria en general y del forraje conservado en particular.

Si bien tenemos recetas fijas e inamovibles, lo importante en un mundo en constante cambio no es saber solamente cómo sino también porque, para de esa manera estar preparados para los vaivenes propios de la actividad en una región donde sobran la variabilidades.

Actualmente es fundamental contar con un recurso forrajero de alto valor nutricional, con bajo costo y relevante a la hora de plantear procesos ganaderos de alta productividad.

Debido a lo expuesto es que en primer lugar se deben considerar los lotes que se van a destinar para henificación teniendo como prioridad lotes conaltas densidades de plantas por metro cuadrado, lo cual impacta directamente en el costo del Kilogramo de Materia Seca o de proteína producida en forma de heno, teniendo en cuenta que el costo tiene que ver con la operación de maquinaria la cual “nos cobra por hectárea” de manera fija y por volumen de manera variable, con lo cual a mayor volumen de forraje menos costo productivo.

En segundo lugar pero no por ello menos importante, es el momento de aprovechamiento de las especies forrajeras, para lo cual debemos tener en cuenta la morfología de las mismas, el aporte de nutrientes de cada una de sus partes constitutivas y el objetivo productivo al cuál será destinado este recurso forrajero.

Cortadora de alta calidad de trabajo, ayuda a lograr henos de alto poder nutritivo.

Cortadora de alta calidad de trabajo, ayuda a lograr henos de alto poder nutritivo.

Así por ejemplo si hablamos de pasturas (consociadas o puras) o bien verdeos de verano como puede ser la moha, debemos tener en cuenta que lo que más aporta nutrientes serán los constituyentes vegetativos (hoja y tallo) por lo que el momento de corte debe ser antes que los nutrientes de la planta se trasloquen a los constituyentes reproductivos (flores, granos) los cuales ofrecen un bajo aporte de materia seca.

En este caso de cortes de primavera, el corte debe hacerse en pre floración para que además de un mayor contenido proteico, se logren bajos porcentajes de fibra potenciando el consumo por parte de animales, principalmente los de menor tamaño corporal además de alta energía metabólica lo cual potencia los parámetros productivos de las categorías alimentadas. Pensando a futuro, con los verdeos de invierno dentro de los cuales predomina la avena, quizás lo más acertado no sea buscar proteína, sino una combinación de esta con la energía del grano, teniendo en cuenta la relación grano planta de esta especie, considerando que los granos son los que mayor aporte de nutrientes ofrecen además de una excelente digestibilidad. Casualmente, el cortar las avenas en estadios avanzados facilita el secado en épocas donde las temperaturas tienden a ser mucho más bajas.

Para poder llegar al fin del proceso con la mayor cantidad de nutrientes efectivos a nivel ruminal, se debe confeccionar el heno con una humedad por debajo pero lo más cercana al 20%. En este punto los procesos respiratorios se inhiben con lo cual se asegura que no haya calentamiento del forraje y mas allá de eliminar el riesgo de ardido, lo que se pretende es evitar al 100% la proteólisis o destrucción de la cadena proteica evitando los componentes amoniacales y maximizando el aprovechamiento del recurso proteico en el rumen.

Finalmente, para no involucrar la maquinaria y seguir por una línea de pensamiento orientada 100% al proceso, se debe destacar la importancia de la categorización del forraje producido.

Por más que se haya puesto el mejor empeño en las fases productivas, siempre hay variables que se escapan lográndose diferentes categorías de calidades de heno las cuales podrán ser aprovechadas de manera ajustada, siempre que se trabaje en diferenciarlas por calidades.

Al menos tres categorías deberían existir y tenerlas muy bien identificadas, para que en el futuro, cuando se decida suministrar ese forraje, se le podrá dar el destino adecuado, de acuerdo a sus calidades estimadas.

Segadora - acondicionadora - hileradora, para mejorar la producción de heno.

Segadora – acondicionadora – hileradora, para mejorar la producción de heno.

Esto lleva directamente a que también se trabaje de manera diferenciada en el suministro, poniendo mayor énfasis en los porcentajes de pérdida de eficiencia en el forraje de mayor calidad. Asumiendo que si no se puede ejercer el mayor control en todas las categorías suministradas, tratar de lograr los menores índices de pérdidas en las categorías que comen el mejor forraje, para que las pérdidas no representen tantos kg productivos y de esa manera se baje el impacto económico por falta de ajuste en los procesos de alimentación.

El heno puede reformularse o “re- evolucionarse” por el camino de la tecnificación en maquinaria para ajustar los momentos de trabajo en cada una de sus operaciones, pero en el caso de tener esa fase ya superada o bien ante la falta de recursos económicos, los procesos ajustados siempre logran un salto evolutivo con miras a la mejora de la calidad y el aprovechamiento de los forrajes impactando de forma directa en los márgenes del negocio ganadero.

Fuente: Clarin

Publicidad