10 de noviembre de 2018 00:57 AM
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Ganadería : Las deudas de hoy no tapan la potencia del mañana

Aunque los índices productivos estén estancados, las herramientas de precisión y la renovación generacional traen aires de crecimiento para la ganadería argentina.

Apuntalada por una demanda global que ofrece buenas perspectivas y por un mercado interno siempre pujante, la ganadería crece lento pero sin pausa y se perfila como una de las potencialidades productivas más sólidas en muchas regiones de la Argentina. Pero la experiencia indica que nada sucederá sin esfuerzo, se trata de una actividad de procesos largos y los desafíos estarán a la orden del día.

En primer lugar, para no saltear etapas, es necesario enfocarse en algunas trabas que afectan al sector desde hace décadas. El 63 por ciento de promedio de destete a nivel nacional es un karma que la Argentina arrastra desde hace treinta años. Según el productor y consultor ganadero Fernando Canosa, la necesidad más urgente es aumentar la cantidad de pasto producida. “La cría es el eslabón más atrasado, pero este nivel de eficiencia responde a la cantidad de pasto que hay. Si quisieras tener un destete del 85 por ciento, la cantidad de pasto no alcanzaría”, afirma.

Canosa explica que todo el sistema de investigación y extensión de la Argentina se focalizó en la provincia de Buenos Aires, sobre todo apalancado en el trabajo del INTA Balcarce, y es ahí donde se ha avanzado más. “Por eso Buenos Aires tiene un porcentaje de destete del 75 por ciento y el resto del país está más abajo del promedio nacional”, detalla.

El feedlot entendió que la medición de información le abrirá mercados.

El feedlot entendió que la medición de información le abrirá mercados.

Entonces, el primer paso es aumentar el conocimiento disponible sobre siembra de pasturas, fertilización, desarrollo de aguadas para el aprovechamiento de pasturas disponibles y conocimiento y manejo del campo natural.

El especialista del INTA Anguil Anibal Pordomingo es optimista respecto a un cambio de actitud en la adopción de tecnología forrajera. Afirma que se está usando materiales mejorados y más fertilización. “Hay otra visión de la productividad y se busca hacer eficientes los suelos incorporando tecnologías que estaban un poco postergadas. Ya nadie discute el pastoreo rotativo e incluso se empieza a ir hacia pastoreos más intensivos, cambiando a los animales de lote cada dos días en lugar de cada siete”, remarca.

Y levantando la mirada un poco más lejos dice que se empieza a acomodar la ganadería a los ambientes, reestructurando el diseño del potrero para que cada potrero tenga la rotación ganadera en función de su potencial. “Eso está ocurriendo y en el futuro lo vamos a ver cada vez más”, asegura.

Anival Pordomingo, técnico del INTA Anguil.

Anival Pordomingo, técnico del INTA Anguil.

Canosa, con los pies en la tierra, insiste con que hay una gran masa de productores que tienen que empezar por el abc: producir más pasto. Y para lograr convencerlos apunta a cuestiones culturales. “Hay algo que no estamos entendiendo de las motivaciones del productor. El productor agropecuario ve en su hacienda una reserva de estabilidad económica, entonces es difícil que se deshaga de animales. En lugar de decirles que hay que bajar la cantidad de cabezas hay que decirles que aumenten la cantidad de pasto”, dice, y agrega que el problema de la comida también es una traba para el desarrollo de la recría, una etapa fundamental en el objetivo de producir animales con mayor capacidad de engorde y aumentar el peso de faena, otra de las prioridades en la agenda del sector.

En segundo lugar, para hacer más eficiente y sustentable a la cría, Canosa menciona el estacionamiento del servicio, una herramienta de manejo básica que permite avanzar hacia la revisación de toros y el tacto de hembras, necesarios para el control de enfermedades venéreas. “Apenas el 50 por ciento del rodeo nacional de vientres recibe tacto y solo se controla al 20 por ciento de los toros”, dice.

Una vez aclaradas estas deudas, vale la pena pensar en el futuro ideal, que ya se insinúa en los planteos de muchos productores locales. “La genética es una herramienta que está revolucionando la producción, sobre todo en el norte del país de la mano de Brangus y Braford, y se trata de una genética con información objetiva sobre la performance en la producción de carne”, dice Pordomingo, y sus palabras son fácilmente constatables en las exposiciones y remates de reproductores de todo el país, que suelen atraer incluso a inversores extranjeros. La genética bovina argentina es una herramienta para el crecimiento.

Fernando Canosa, productor y consultor ganadero.

Fernando Canosa, productor y consultor ganadero.

Genética y forraje son el combo básico que motorizará el crecimiento productivo, y quienes ya tienen resueltos esos dos eslabones pueden darse el lujo de espiar el futuro. Tal como sucedió con la agricultura, se busca ir hacia una ganadería de precisión. “Los sistemas de información de los individuos y el medio de forma remota se van a venir muy rápido. Los costos de mano de obra y de logística están en alza y toda la información que ayude a sistematizar y recortar costos en este aspecto serán adoptados”, asegura Pordomingo antes de describir un sistema que ya se está imponiendo en Australia y que pronto empezará a desarrollarse a nivel local.

Es así: cada individuo tiene una caravana con un registro electrónico único que es identificado por un sensor cada vez que el animal va a la aguada o el comedero, y ese sensor a su vez está conectado con una balanza que registra automáticamente el peso de cada animal y envía los datos a una computadora. Toda la información queda disponible en una plataforma web y permite identificar anomalías. “Se puede saber si gana o pierde peso la vaca de cría, si ya parió, si un animal está enfermo… Hasta ahora manejamos animales en lote, y ahora tendremos conocimiento individual”, remarca el especialista del INTA.

Luego dedica un capítulo aparte al último eslabón de la cadena, que ya incorporó herramientas para dar valor agregado en el momento de la comercialización de la carne. “En el engorde a corral se asumió que hay que medir mejor, se está incorporando de forma sistemática el pesaje de los animales al igual que el relevamiento de datos de adentro del animal -como el área de ojo de bife, el espesor de grasa, marmoreo- para homogeneizar lotes. La ecografía antes se usaba para animales enfermos y hoy se usa para organizar negocios”, explica.

Está claro que en la ganadería argentina hay una gran diversidad de planteos y niveles tecnológicos, y que hay eslabones de la cadena de la carne más avanzados que otros. Pero hay un dato alentador en el que coinciden Canosa y Pordomingo. Una nueva generación de empresarios empieza a asomar la cabeza trayendo aire renovador. ”Antes ibas a una reunión ganadera y éramos siempre los mismos, pero ahora me llama la atención la cantidad de gente jóven, se está viniendo una nueva generación que tiene otra cabeza”, asegura Canosa. Y Pordomingo añade: “La gente que está volviendo a la ganadería, haciendo pasturas nuevas, no se asusta ante las inversiones que son necesarias para hacer más eficiente la producción. Tiene que haber cierta expectativa de negocios para que se genere el círculo virtuoso, y hoy el productor ganadero percibe que su negocio invita a quedarse”.

Fuente: Clarin

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