17 de noviembre de 2018 10:39 AM
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Rusos y chilenos se quedaran sin saborear carne colombiana

Con la aparición del último brote de aftosa quedaron en espera varios lotes de ganado que estaban listos para embarcar

Trescientos camiones cargados con 13.000 toretes recogidos en fincas ganaderas de Córdoba, Bolívar y Cesar llegaron en abril pasado al puerto de Mamonal en Cartagena para tomar rumbo Irak y Líbano. Habían permanecido más de 30 días en cuarentena y pasaron las pruebas del Instituto Colombiano Agropecuario – ICA, como la autoridad sanitaria de Colombia.

Allí las esperaban dos barcos cargueros llegados del medio oriente para llevarse los animales cuya edad no podía superar los 30 meses edad, cada uno con un peso de 430 kilos.  En uno acomodaron 10.000 cabezas con destino a Irak y el Líbano, y en el otro, 3.000 cabezas con destino solo al Líbano. La tarea era cargar entre 1.500 y 2.000 animales diarios para permanecer el menor tiempo posible en tierra colombiana. En la ruta hicieron escala en el homólogo puerto de Cartagena en España para abastecerse de heno y concentrado. Con este envío se concretaba un largo esfuerzo por exportar ganado en pie, después de haber superado la última crisis de brote de aftosa el pasado 11 de abril.

Una celebración entre los ganaderos que nuevamente se ve amenazada. La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), suspendió el status libre de aftosa con vacunación el pasado 17 de septiembre como consecuencia de la reaparición de focos de la epidemia en el departamento del Cesar. La reacción no se hizo esperar:  importadores de ganado de Chile y Rusia cancelaron los pedidos y quedó en espera la exportación acordada a Egipto de 30.240 animales.

Empresas como Expoganados Internacionales que venían embarcando entre 60 mil y 70 mil cabezas de ganado anuales con destino al Líbano, Jordania, Irak y Egipto, han parado sus compras. El efecto en los puestos de trabajo parece indetenible y se prevé un duro golpe a los 810.000 empleos que genera un sector ganadero con  presencia en 27 de los 32 departamentos del país. Un negocio que representa para la economía más de tres veces el valor de la producción cafetera.

La oportunidad de exportar al Líbano se dio en la crisis del 2009 cuando como resultado de su conflicto con el ex Presidente Uribe, el presidente Hugo Chavez canceló la compra de carne bovina colombiana. La sobreoferta que se presentó ocasionó una caída del precio de $ 1.000 por kilo en pie. Aparecieron  entonces los árabes que conocían la calidad del ganado, semejante al del Brasil, pero cuyos precios entonces no eran competitivos. Coincidió además con un alza del precio del dólar que los favoreció. Varios ganaderos de la Costa Atlántico, reunidos en Expoganados Internacionales lograron cumplir con todos los protocolos sanitarios y realizar ese mismo año la primera exportación en barco de 6.045 toros en pie al Líbano. Un jordano, dueño de uno de los barcos, aprovechó la ocasión y propuso comprar también ganado para su país. El poder adquisitivo de los países del medio oriente ha mejorado en los últimos años, perimiéndoles suplir la necesidad de carne con proteína roja, ante la imposibilidad de comer carne de cerdo por temas religiosos. El gobierno colombiano ha logrado concretar acuerdos y protocolos sanitarios con varios de estos países.

La zozobra del año anterior se apaciguo con la determinación del pasado 11 de abril de (OIE) de mantener el estatus de Colombia como país libre de fiebre aftosa con vacunación, La expectativa era exportar 18.000 toneladas este año. Todo marchaba sobre ruedas.  A agosto de 2018 se habían exportado 13.247 toneladas a Emiratos Árabes (244 ton), Curazao (207 ton), Jordania (981 ton), Líbano (1.346 ton), Hong Kong (917 ton), Rusia (8.685 ton) y Vietnam (867 ton). La Unión Económica Euroasiática (compuesta por Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, Kirguistán y Armenia) se había convertido tras el permiso de exportación a Rusia en 2011, en el principal comprador en el exterior.

El sector ganadero al igual que otros productos agrícolas, como el banano o el café, depende principalmente de la exportación.  El consumo interno de carne bovina ha decrecido desde 2012 cuando alcanzó 20,7 kilos/habitante a los 18.1 kilos/habitante de hoy.

Aunque hay muchas opiniones sobre las razones de este declive y algunos estudios de Fedegan indican que un alto porcentaje se debe a la creciente porción del contrabando y sacrificio clandestino principalmente en los departamentos fronterizos, lo cierto es que el cierre de mercados internacionales, la incertidumbre de consumo en el mercado interno, los costos propios de atender la emergencia sanitaria, así como los daños reputacionales en el producto y de Colombia como origen de la producción, tienen al sector en zozobra. Hoy, debido al cierre de los mercados, el precio del ganado gordo ha bajado en el mes de octubre de $ 4.500 a $ 3.500 el kilo. Fedegan estima que las pérdidas para los productores son alrededor de $13 mil millones por cada 100 pesos de caída en el precio.

Aunque la fiebre aftosa no se transmite a los humanos, ni le representa problema a su salud comer carne de un animal afectado, el pánico cunde y se da casi de inmediato un cierre de fronteras para proteger los hatos. Los ganaderos que han seguido los protocolos de vacunación exigidos por el gobierno, cuestionan el manejo de los ciclos de vacunación, los controles sobre las cepas de las vacunas y las cadenas de frio hasta el sitio de vacunación que desde hace dos años el Ministerio de Agricultura le quitó Fedegan y entregó a Fiduagria y el ICA. Los animales vacunados se encontrarían indefensos ante las enfermedades originadas por el contrabando de ganado procedente de Venezuela.

Todo apunta a que el origen del nuevo brote está en el vecino país, donde las sitaucion económica ha llevado a bajar la guardia en las vacunaciones.  Venezuela tiene una frontera de 2.219 kms de extensión y existe al menos 247 trochas de paso (184 trochas en La Guajira, 49 en Norte de Santander y 14 en Arauca) por donde históricamente han circulado vehículos de carga mediana, y que en esta época se mantienen en buena parte bajo el control de mafias y grupos armados ilegales como el Ejército de Liberación Nacional, disidencias de las FARC, e integrantes de las fuerzas armadas del vecino país que pueden permitir que se cuele ganado sin control sanitario debido. Un solo novillo infectado hecha al traste un negocio que se había convertido en una alternativa para decenas de ganaderos medianos y grandes especialmente de la Costa Caribe que ven un esfuerzo de años esfumarse.

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