18 de noviembre de 2018 03:27 AM
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Por qué ha regresado la Influenza aviar

La mayoría de los expertos está de acuerdo en que, hasta la fecha, se ha evitado una verdadera pandemia de influenza aviar, no por precaución, educación, diseño o preparación: simplemente nos hemos salvado porque el virus solo se transmite de aves a humanos y todavía no se contagia entre personas.

El 4 de febrero de 2003, una niña de ocho años que estaba de viaje con su familia por la provincia china de Fujian enfermó repentinamente y murió. Mientras se investigaba su muerte tres días después, el padre de la niña, de 33 años, desarrolló problemas respiratorios. La familia regresó a Hong Kong, donde vivían, para lamentar su muerte y recuperarse. Pero el 11 de febrero el padre ingresó en el hospital con una neumonía aguda. Él también murió seis días después. Durante la autopsia, los médicos encontraron rastros del virus H5N1 en su cadáver.

Seis años antes, 18 personas se infectaron con esta nueva cepa de influenza aviar en Asia, que podía llegar a ser letal. Seis de ellas murieron. La respuesta de las autoridades de Hong Kong fue rápida y apocalíptica: un sacrificio de proporciones bíblicas: en pocos días se sacrificó cerca de millón y medio de aves (pollos, patos y gansos). Se esperaba que el virus muriera con los animales y que la amenaza que se cernía sobre la ciudad pasase. En los días siguientes, una flota de médicos, virólogos y epidemiólogos se prepararon para lo peor. Pero no pasó nada. Al parecer, la pandemia de influenza aviar se había extinguido antes de que realmente empezara, reporta El País.

Posteriormente, una delegación de la División de Influenza de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU viajó a Hong Kong. Esperaban descubrir si la amenaza del H5N1 se había erradicado realmente y qué se podía hacer para mejorar aún más la respuesta humana en caso de un brote futuro. “Pero cuando llegamos allí, vimos que todo era una pantomima”, dice Nancy Cox, la directora de la división por entonces. “Era muy difícil obtener información. Todo se mantenía en secreto”.

Ante la amenaza de un virus que podía destruir ciudades enteras, el Gobierno chino estaba ansioso por colaborar con expertos de todo el mundo y había enviado muestras para pruebas a laboratorios de todo el mundo. Ahora que el peligro aparentemente había pasado, se habían cerrado las líneas de comunicación, ya que la industria agrícola se defendía de cualquier otra medida que pudiese afectar los beneficios.

Patos
Estaba claro que el virus asesino H5N1 provenía de gansos, patos y codornices en Guangdong, la provincia del sur de China que hace frontera con Hong Kong. Luego pasó a pollos, cerdos y humanos. Pero fue ahí donde se frenó. “Nunca escuchamos cuántas aves murieron o el lugar específico de Guangdong en que se pudo haber originado la enfermedad”, dice Cox. “No hubo transparencia”.

El sacrificio había destruido cualquier posibilidad de que el H5N1 se propagase en el corto plazo. Sin embargo, la limitación de información por parte del Gobierno hizo que la enfermedad mantuviera perspectivas a largo plazo. En el frenesí por controlar la opinión pública, se había pasado por alto las raíces profundas del problema.

En 1997, el sacrificio aparentemente había eliminado la influenza aviar de Hong Kong. Sin embargo, sus residentes continuaron alimentándose con la carne proveniente de las granjas de pollos de la provincia vecina de Guangdong, donde los métodos intensivos y a menudo arcaicos de los agricultores permanecieron sin cambios.

Se trataba de un método particular de cultivo que probablemente había preparado al H5N1 para que hiciera la transición de aves a humanos, un método que todavía estaba muy extendido. En el método conocido a veces como “acuicultura de pluma, pescado y gallina”, las jaulas de las baterías de las gallinas se colocan directamente sobre los comederos de los cerdos en las pocilgas, que a su vez se colocan encima de estanques de peces.

La idea es crear un ciclo virtuoso de nutrición: los cerdos comen los excrementos de las gallinas y luego los excrementos de los cerdos se utilizan para alimentar a los peces o para fertilizar las plantas acuáticas. En algunos casos, se agrega excremento humano a los estanques para un enriquecimiento adicional. El agua del estanque se utiliza como agua potable para cerdos y gallinas.

En algunas áreas de Guangdong, hubo agencias de ayuda internacional que incentivaron este método de cultivo por su costo y eficiencia. Sin embargo, proporcionó el entorno perfecto para la mutación viral, con un amplio potencial para que los virus de los cerdos y de las aves se uniesen mientras viajaban indirectamente a través de los animales, empeorando si un pato o un ganso salvaje bebiesen del agua en los estanques de peces. Un virus de la influenza natural e inofensivo que se encontraba en los intestinos de pato se excretaba en el agua donde completaba, como Robert Webster, autor del libro Manual de la Influenza, una vez lo expresó, “un verdadero brebaje de brujas de la influenza aviar”.

Los virus del pato, que son inofensivos para los humanos, se han encontrado en estanques, lagos y ríos en todo el mundo durante millones de años, pero con los sistemas agrícolas intensivos, la influenza aviar ha obtenido nuevos caminos para circular rápidamente por la cadena alimenticia, mutando en nuevas cepas que le ayudan a contagiar a nuevas especies. Su nueva forma fortificada, ahora contagiosa para los humanos, es transportada en camiones a lo largo de las carreteras hacia la ciudad, como una hoja fluye por un río.

Recientemente los residentes de Hong Kong han visto el auge de los supermercados, pero a finales de la década de 1990 y principios de la del 2000 los mercados de aves vivas fueron de los lugares más populares para comprar carne. La Enciclopedia de Ciencias de la Carne de 2004 determinaba que la cuota de mercado de vendedores ambulantes de carne era del 90%. Si caminaras por cualquier calle de Hong Kong en esa época, pasarías por pasillos estrechos de jaulas, a veces apiladas unas sobre otras, llenas de pollos, patos, gansos y codornices.

Para comprar la carne lo más fresca posible, los clientes estaban en contacto con aves vivas. Cuando se elegía una, el vendedor a menudo mataba al ave en el acto y la sangre, los intestinos, las plumas y las heces se mezclaban inevitablemente. Estos lugares actuaron de manera similar a las trincheras de la Gran Guerra: en 1918,un virus mortal similar encontró una combinación de estrés, suciedad y hacinamiento, lo que se convirtió en el lugar ideal para mutar y propagarse. Los mercados de aves vivas fueron descritos por investigadores avícolas del Departamento de Agricultura de EE UU como el “eslabón perdido en la epidemiología de la influenza aviar”.

“Claramente, la manera más efectiva de detener la propagación hubiera sido cerrar los mercados de aves y pasar a métodos de sacrificio centralizados junto con la vacunación de aves”, dice Cox. Medidas tan drásticas, sin embargo, hubieran requerido un cambio tanto cultural como comercial.

En la naturaleza, mientras, los patos y gansos migratorios que habían bebido de los estanques infectados abrieron sus alas y comenzaron el largo viaje para anidar en Siberia y Corea del Sur. La idea de que los humanos habían erradicado el H5N1 simplemente matando a unos pocos cientos de miles de pollos en la ciudad era ridícula. La reaparición fue solo cuestión de tiempo.

Fue en 2003 cuando volvió el virus, con la muerte de la niña de ocho años en China. Las tasas de infección entre pollos de granja se dispararon y, por primera vez, se detectó H5N1 en el exterior, primero en Corea del Sur y luego en Japón. En julio hubo aves que murieron en Tailandia, pero en lugar de seguir el ejemplo de las autoridades de Hong Kong, el gobierno tailandés no ordenó el sacrificio de aves generalizado para erradicar la enfermedad.

Esta reticencia tuvo dos motivos. Sin muertes locales para influir en la opinión pública, no había necesidad de ordenar un sacrificio masivo. Por otro lado, también estaba el problema de cómo documentar los nuevos casos de influenza aviar en aves tailandesas. Durante los sacrificios de Tailandia, los dueños de aves recibían unos 50 baht, alrededor de 1,50 dólares, en compensación por cada pollo sacrificado, una tarifa menor que el precio de mercado de esas aves. Este bajo valor ofrecía pocos incentivos para que los granjeros avícolas informaran de nuevos casos por temor a que se les cerrara la granja.

Sin embargo, las granjas no eran la única forma a través de la que el virus se propagaba. En enero de 2004, Kaptan Boonmanuj, de 6 años, estaba sentado acariciando el gallo de pelea de su tío en el patio trasero de la casa familiar en Tailandia. En unas pocas semanas, Boonmanuj fue la primera persona en morir por influenza aviar en el país. Tailandia es hogar de aproximadamente 15 millones de gallos de pelea y un gallo campeón puede valer hasta 1000 dólares. A medida que el H5N1 se propagaba por el país, los dueños de las aves comenzaron a esconderlas de las autoridades, temiendo que se les ordenara que las sacrificaran.

En ese momento, el viceministro de Agricultura le dijo al Bangkok Post: “Controlar la epidemia en la capital está ahora fuera de la competencia del ministerio debido a la fuerte oposición de los dueños de los gallos de pelea, que siguen ocultándolos a los funcionarios”. En cuestión de semanas, el H5N1 también se encontró en gallos de combate en Malasia, cuyo gobierno luego culpó a sus propietarios de propagar el virus al cruzar la frontera.

En febrero de 2004, se había detectado H5N1 en 10 países. Se reportaron varias muertes humanas, así como la muerte de docenas de tigres en el zoológico Sri Racha Tiger de Tailandia. Ningún sacrificio o prohibición en los mercados de aves vivas podía detener el virus. La enfermedad se propagaba a través de una combinación de factores comerciales, culturales y sociales, organizados por estructuras y sistemas humanos que afectaban a todas las áreas de la vida, desde la agricultura hasta la alimentación, la preservación y el entretenimiento.

Los virus se extienden usando cualquier medio disponible. En 2015, por ejemplo, la División de Influenza de los CDC detectó un importante aumento en los casos de influenza aviar en Egipto. “Lo que descubrimos al hablar con la gente fue que los inviernos recientes habían sido tan duros que la gente metía las aves en sus casas”, dijo Cox. En algunas partes del mundo existe la costumbre de besar las gallinas en el pico.

Mientras, los aviones, las carreteras, las rutas marítimas y los patrones migratorios de las aves proporcionaban vías por los cuales los virus podían viajar. A día de hoy, se ha encontrado el H5N1 y su pariente igualmente mortal, el H7N9, en casi una cuarta parte de todos los países, desde Afganistán hasta Gran Bretaña, Chipre y Bután.

Sistema eficiente y efectivo
Si bien los mercados de aves vivas todavía son comunes en China, la amarga experiencia ha transformado la forma en que las aves llegan a Hong Kong. Hoy, el viaje que hace una gallina desde una granja en la provincia de Guangdong a una mesa de comedor en Hong Kong está meticulosamente planificado, documentado y supervisado, igual que el de un jefe de estado o una estrella de cine que viaja entre ciudades (aunque sin ninguna de sus comodidades).

Mientras el pollo todavía está en la granja donde nació, se le toman muestras de sangre y moco, ya que cada lote de animales se analiza en busca de los virus H5 y H7. Las aves sanas obtienen un certificado de análisis de sangre y una autorización de transporte.

Al anochecer, un camión esterilizado llega a la granja y el ave es cargado en una jaula acabada de limpiar. Cuando el camión está lleno, la parte trasera del vehículo se sella con plástico mientras que el exterior se esteriliza nuevamente antes de comenzar el viaje a Hong Kong.

Antes de la medianoche, el vehículo llega al mercado temporal de aves de corral al por mayor de Cheung Sha Wan, ahora el único mercado de aves al por mayor que queda en Hong Kong. Alrededor de cien mil pollos llegan de esta manera todos los días.

Si el sello de plástico se rompe, se revisan los documentos. Si la información como el número de jaulas, el número de aves dentro de esas jaulas o los certificados de análisis de sangre no coincide, se detiene el envío. Cuando se ha aclarado la situación, se transfieren las aves a nuevas jaulas, se analiza el registro del vehículo y se fija a cada jaula. Durante la noche, se revisa nuevamente cada lote para detectar la presencia de influenza aviar a la vez que se limpia aún más el vehículo.

La precisión y el cuidado de este sistema, tan eficiente y efectivo como cualquier otro en el mundo, se ha ido fortaleciendo a través de experiencias dolorosas. No sucedió rápidamente. En 1997, se detectaron múltiples incidentes de H5N1 en aves de corral en el mercado de Cheung Sha Wan, lo que provocó el sacrificio de 1,5 millones de aves. En 2001, nuevamente se detectó el H5N1 en diez puntos de venta de aves vivas, lo que llevó al sacrificio de otro 1,4 millones de aves. Al año siguiente, un millón de aves más murió cuando se descubrió de nuevo que el mercado mayorista estaba incubando el virus mortal.

La mayoría de los expertos está de acuerdo en que, hasta la fecha, se ha evitado una verdadera pandemia de influenza aviar, no por precaución, educación, diseño o preparación: simplemente nos hemos salvado porque el virus solo se transmite de aves a humanos y todavía no se contagia entre humanos.

“Hasta ahora, tenemos suerte de que no se haya desarrollado una cepa de virus altamente letal y contagioso entre personas”, dijo el Dr. Irwin Redlener, director del Centro Nacional de Preparación para Desastres de la Universidad de Columbia. “Sin embargo, las mutaciones ocurren rápidamente y surgen nuevas formas de virus con frecuencia. Es casi inevitable que acabemos viviendo una nueva cepa capaz de causar una verdadera pandemia”.

Si el virus de la influenza aviar acaba mutando para satisfacer estas condiciones, será mucho más difícil detenerlo. “Lo que vemos hoy es el potencial de que un virus, a través de la mutación y la recombinación, obtenga la capacidad de transmitirse de persona a persona y luego se propague a velocidad de aerolínea”, dice Cox. “Incluso si el virus tuviera una tasa de letalidad del 2 por ciento, sería devastador. La tasa de mortalidad de la influenza aviar está más cerca del 50 por ciento”.

Pero ¿cómo muta exactamente un virus? ¿Cuánto tiempo tenemos hasta que el H5N1 y su pariente el H7N9 obtengan la capacidad necesaria para diseminarse, como lo expresa Cox, “a velocidad de aerolínea”, incluso a través del mismo aire que respiramos? La respuesta yace bajo los microscopios, en los pulmones de los hurones y en la próxima entrega de nuestra historia.

Fuente: ElSitioAvícola

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