21 de noviembre de 2018 11:54 AM
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El trigo y su almacenaje sin silo bolsa

La República Argentina tiene una producción anual de cereales y oleaginosas de más de cien millones de toneladas, proyecciones recientes de agroindustria ubican a la cosecha 2018-2019 en torno a los 140 millones de toneladas, lo que parece más una expresión de deseo que una realidad. De todos modos se espera una zafra importante, que […]

La República Argentina tiene una producción anual de cereales y oleaginosas de más de cien millones de toneladas, proyecciones recientes de agroindustria ubican a la cosecha 2018-2019 en torno a los 140 millones de toneladas, lo que parece más una expresión de deseo que una realidad. De todos modos se espera una zafra importante, que superará largamente los 100 millones de toneladas.

Hace apenas unos 15 o 20 años atrás estábamos en menos de la mitad. La disponibilidad de almacenamiento de grano fijo es de alrededor de 65 millones de toneladas, por lo que vemos que tenemos un déficit de almacenaje de aproximadamente la mitad de la cosecha nacional, eso sin mencionar las carencias que hay en otro tipo de infraestructura respecto a la cual el sector agrícola privado prácticamente nada puede hacer como lo es en materia de rutas y trenes. Hemos iniciado una cosecha de trigo que rondará los 16 a 18 millones de toneladas.

En los próximos días la provincia de La Pampa se sumará a las labores de recolección de cereales de invierno y sin duda los silo bolsas van a formar parte del agro ecosistema provincial. Es que si nos concentramos en el dato de que nuestro país en menos de 20 años más duplicó su originación de granos, resulta claro evidenciar que semejante salto productivo en tan corto tiempo no habría sido posible si no contáramos con la posibilidad de acopiar grano en el mismo campo a través del silo bolsa.

En efecto, el impresionante avance que hemos tenido en productividad por hectárea de los diferentes cultivos, sumado al aumento de la capacidad de trabajo de la maquinaria de cosecha, no ha sido acompañado por un progreso en las instalaciones fijas de almacenaje, por lo que en plena labor de trilla se genera un cuello de botella en el cual los camiones no son suficientes para abastecer la capacidad de trabajo de las modernas cosechadoras, originándose filas interminables de camiones, empleándose los mismos como “silos temporarios”, ya que las plantas de acopio tienen una capacidad de trabajo en toneladas horas muy baja, dimensionada para cosechas de hace treinta años.

Todo esto conlleva costos por ineficiencia operativa que obviamente erosionan la competitividad de la red de valor agroindustrial. Así las cosas el almacenaje en el campo en los bolsones de plástico ha sido una revolución que permitió el avance del negocio agrícola en la Argentina y que hoy se está expandiendo al mundo entero.

Yendo a aspectos técnicos, vamos a introducir y definir el concepto de poscosecha. Esta es una actividad que inicia una vez que el grano ha sido cosechado del campo, y continúa con el acondicionamiento y almacenamiento del mismo hasta su destino final como alimento o uso industrial. El almacenamiento puede ser en:

1. Atmósfera normal: el aire que rodea a los granos tiene la misma composición de gases que el aire atmosférico (el aire que nosotros respiramos).

2. Atmósfera modificada: a través de las condiciones de hermeticidad a la que se somete el grano, se modifica la composición de gases del aire que rodea los mismos con un
aumento considerable de la concentración de dióxido de carbono y una reducción de la concentración de oxígeno.

El almacenaje en bolsones de plásticos es un sistema de atmósfera modificada, donde la ausencia casi total de oxígeno disminuye el deterioro de los granos y mejora notablemente la conservación de estos, tanto es así que no es usual el empleo de insecticidas para controlar insectos durante el tiempo de conservación y el riesgo de desarrollo de micotoxinas es muy bajo si se mantiene la hermeticidad (la integridad física del bolsón), pues incrementando la concentración de dióxido de carbono al 35% se obtiene un control total de insectos, si se lo expone a los mismos a esta atmósfera durante un mínimo de 14 días, a la vez que se obtiene un retraso muy considerable en el crecimiento de hongos, los cuales prolongan el período de latencia si se los compara con una atmósfera normal. En el caso de los hongos, el tiempo de almacenaje con bajo riesgo está fuertemente influenciado por la actividad acuosa de la masa granaria, es decir la humedad con la que se almacenó.

Los principales aceleradores del deterioro del grano almacenado en el silo bolsa son 2:

1. Humedad

2. Temperatura

Ambos factores ambientales pueden potenciarse si se contemporizan. Es decir, es más fácil mantener sano un grano con humedad dentro de un bolsón en invierno que en verano, por las bajas temperaturas del invierno. De la misma manera no es conveniente que un grano pase en el silo bolsa 2 veranos seguidos (aunque hay casos que así ocurre), pues aumenta mucho el riesgo del deterioro. Dicho esto, como el trigo se cosecha en diciembre y transcurre todo el verano dentro del film de plástico, es importante recordar que la humedad límite para un almacenaje seguro es 14% de humedad; mientras que la humedad óptima es 12% o menos. Si lo almacenamos con una humedad superior al 14%, pongamos por ejemplo 16%, el tiempo de almacenaje seguro va a ser muy reducido. Con 12% o menos podemos mantener el trigo en el silo bolsa por un año (o más tiempo). Otro aspecto importante es evitar la rotura del film de plástico por mal manejo del mismo o por la fauna. Si se llegase a romper, es imprescindible repararlo de manera eficiente, de lo contrario se deberá cargar el cereal y venderlo lo más pronto posible; pues si se lo deja almacenado en el silo bolsa dañado, el grano va a desarrollar un olor particular que es motivo de rechazo en la molinería local.

En resumen, el silo bolsa es una tecnología segura, de bajo costo, fácil aplicación, con baja barrera de entradas y salidas del sistema, que permite obtener una solución logística rápida y eficiente para el almacenaje de granos, a la vez que mejora los costos de comercialización, sin mencionar otras externalidades como por ejemplo la de segregar mercadería.

Por Mariano Fava
Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) – Posgrado en Agronegocios y Alimentos – @MARIANOFAVALP

Fuente: El Diario de la Pampa

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