1 de diciembre de 2018 11:32 AM
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Modelo agrícola intensivo, la fórmula que exportan los Lubatti

Un sistema de alta productividad, en el centro de Córdoba, fue visitado por productores colombianos que quieren copiar el “know how” argentino.

En 1966, Hugo Lubatti compró las primeras 190 hectáreas de las casi 400 que posee en la pedanía Impira, en el límite entre los departamentos Río Segundo y Tercero Arriba. Recuerda que en ese momento “cada hectárea costaba lo mismo que un novillo de 500 kilos”, lo que hoy significa un valor cercano a los 500 dólares. En 1994 adquirió las últimas tierras, pero ya a tres mil dólares. Tiempo después comenzaría el boom de la siembra directa y la soja, que llevaría a que hoy el precio de la hectárea llegue hasta los 15 mil dólares.

Junto a sus hijos Iván y Damián, los Lubatti conforman una sociedad productiva que cultiva más de tres mil hectáreas cerca de Oliva y en otras zonas de la provincia. Constituye un caso ejemplar de una empresa familiar que hace de la agricultura un modelo de alta eficiencia productiva.

A tal punto que fue el caso testigo, elegido por el Inta Manfredi, para ser exhibido a un grupo de productores colombianos que estuvo de visita por Córdoba para conocer el know how del agro argentino.

Preciso e intenso

Cuando Hugo comenzó a trabajar el campo, sólo sembraba algunos lotes con alfalfa y maní. Medio siglo después, junto a sus hijos practica un modelo altamente diversificado: el trigo ocupa entre 30 y 40 por ciento de la superficie y, sobre el rastrojo que deja tras la cosecha, 70 por ciento va a soja de segunda y 30 por ciento a maíz.

Pero lo que más distingue a los Lubatti es la intensificación: desde que el concepto de agricultura de precisión comenzó a imponerse, Iván ha sido uno de los pioneros en el uso de esas herramientas en el centro de Córdoba.

SUSTENTABLE. La rotación es un lema en los campos de los Lubatti: un lote con soja brotando sobre rastrojos de maíz que se cultivó sobre trigo es una muestra. (LA VOZ)

Como botón de muestra, este año acaba de incorporar su tercera sembradora equipada con Precision Planting. El objetivo: achicar la distancia entre hileras, para que la soja cierre el surco más rápido y deje sin luz ni aire a las malezas. Como la oleaginosa es la que manda a la hora de ajustar la sembradora, el maíz le sigue el camino: un lote temprano ya tiene plantas que superan el metro y por las que se hace difícil circular, a raíz de la cercanía entre ellas.

“Hasta la campaña pasada, la mayoría de los lotes los sembrábamos a 52 centímetros. Hicimos pruebas a 42, vimos que la cosechadora anduvo sin problemas en el maíz, y este año decidimos hacer todo a esta distancia. En rindes no influye demasiado, pero sí en el caso de la soja para contrarrestar el problema de las malezas”, indicó Iván.

DE PRIMERA. Iván Lubatti, en un lote de maíz temprano, les explica a los productores colombianos las características de su modelo. (LA VOZ)

En los lotes destinados a la oleaginosa, la densidad de siembra ronda las 350 mil plantas por hectárea. En maíz, la estrategia depende de la productividad de los lotes: en los de rinde más bajo (entre 80 y 90 quintales), se colocan unas 65 mil plantas; en los mejores, entre 80 y 90 mil plantas, con refuerzo en la fertilización.

Alquileres

En Colombia, el modelo productivo tiene una semejanza con el argentino: la mayor parte de la producción agrícola no se realiza en campo propio, y son los agricultores los que acuerdan con los propietarios, casi todos ganaderos.

Los productores colombianos consultaron a Iván sobre los costos de producir bajo arrendamiento y la respuesta fue: “En el caso del maíz se necesita un rinde de entre 75 y 80 quintales por hectárea sólo para cubrir la siembra y cosecha”.

LUBATTI. "Este año decidimos sembrar todo a 42 centímetros. La idea es contrarrestar el problema de malezas". (LA VOZ)

Pero aclaró: “Ese fue el cálculo que hicimos cuando comenzamos a proyectar la campaña y a comprar los insumos en mayo, cuando el maíz estaba a 180 dólares la tonelada. Luego se reimpusieron las retenciones y bajó a 140 dólares. Ahora estimamos que hay que pasar la barrera de los 80 quintales para ganar plata”.

De todos modos, subrayó que no sólo importa el dinero sino también hacer una producción sustentable. “Es importante saber qué piensa el dueño de la tierra y conocerlo, no sólo para garantizar sustentabilidad, sino también para que te escuche y comprenda cuando por ejemplo hay problemas climáticos”, agregó Lubatti.

Fuente: La Voz

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