6 de diciembre de 2018 06:09 AM
Imprimir

“Uso prudente de los antibióticos: una responsabilidad de todos” Rufino Álamo Sanz, vicepresidente del Colegio de Veterinarios de Valladolid

La resistencia a los antibióticos supone hoy una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo

Cada vez es mayor el número de infecciones como neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis cuyo tratamiento resulta más difícil debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos. Por ello, hay mayor número de bacterias resistentes a antibióticos a los que habitualmente eran sensibles. Algunas lo son a todos, las superbacterias, frente a las que se carece de tratamiento y resultan letales. La Unión Europea cuantifica en más de 33.000 las muertes anuales en su territorio por esa causa, de los que alrededor de 3.300 corresponden a España.

Existe constancia de que más del 60% de los agentes infecciosos que afectan a nuestra especie son compartidos con los animales. Un elevado número de enfermedades infecciosas humanas pueden ser transmitidas por los animales, sus productos o por el medio contaminado por ellos, conjunto de enfermedades conocidas como zoonosis, entre las que destacan la brucelosis o fiebre de Malta, la salmonelosis, la tuberculosis, peste bubónica o peste negra en una extensa lista de varias decenas. Los antibióticos son sustancias utilizadas en el tratamiento y prevención de las infecciones bacterianas. Actúan matando a las bacterias, inhibiendo su crecimiento o impidiendo se reproduzcan. Son una de las herramientas sanitarias más importantes, y por ello han permitido aumentar nuestra esperanza de vida al evitar, junto a las vacunas, mejoras higiénicas y nutricionales, muchas de las muertes que, antes de su descubrimiento, ocasionaban infecciones bacterianas comunes. Son esenciales para proteger la salud y bienestar de personas y animales. Pero carecen de utilidad para combatir las infecciones causadas por virus, como por ejemplo resfriados, gripe o la mayoría de las causas de tos y bronquitis.

La resistencia a los antibióticos se produce de forma natural, pero se incrementa y agrava por su uso excesivo e inadecuado, tanto en medicina humana, veterinaria o en los cultivos, y por las malas prácticas de control de infecciones. Una vez que las bacterias se vuelven resistentes, el antimicrobiano resulta ineficaz y ya no puede tratar la enfermedad. La resistencia a los antibióticos supone hoy una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo. La resistencia a los antibióticos puede afectar a cualquier persona, sea cual sea su edad o el país en el que viva.

Ante la gravedad del problema y su tendencia creciente, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de la Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) establecen normas internacionales, al igual que lo ha hecho la Unión Europea. En 2014 se aprobó en España el Plan Estratégico y de acción para

reducir el riesgo de selección y diseminación de la resistencia a los antibióticos, conocido como Plan Nacional frente a las Resistencias a Antibióticos (PRAN), con acciones a desarrollar en salud humana y en salud animal, bajo la denominada perspectiva “Una salud”.

Nuestro país se sitúa entre los que tienen un mayor consumo de antibióticos, tanto en salud humana como en salud animal. Las cifras de consumo en sanidad animal, al comienzo del PRAN, era cuatro veces superior a la media europea, sin que existiera raciones epizootiológicas que lo justificasen.

Entre los programas del PRAN se encuentra el de reducción de colistina en porcino, que ha permitido, con mejoras de manejo y bioseguridad, reducir en unos meses más de un 80% su consumo, hasta situarse en cifras próximas a la media europea. No se puede detener por completo la propagación de bacterias resistentes. Pero se puede reducir la velocidad, mediante un esfuerzo global concertado en varios sectores: salud, salud animal, investigación, producción de alimentos y tecnología ambiental.

En definitiva, para tener éxito en la resistencia a los antibióticos resulta esencial el compromiso de todas las partes interesadas como, por ejemplo, la industria farmacéutica veterinaria, distribuidores de antimicrobianos, fabricantes de alimentos para animales, veterinarios y propietarios de animales.

Ganaderos y propietarios de animales pueden contribuir a optimizar el uso de los antibióticos. La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), www.oie-antimicrobial.com, las resume en:

● Utilizar antimicrobianos únicamente cuando lo indique un veterinario. No todas las infecciones necesitan tratarse con antimicrobianos.

● Respetar las dosis indicadas por el veterinario.

● Respetar la duración del tratamiento que se haya prescrito, incluso si el animal parece haberse recuperado.

● Comprar siempre los antimicrobianos en centros autorizados que puedan garantizar la calidad de los productos.

● Recurrir a las buenas prácticas ganaderas, de bioseguridad y de gestión. Los propietarios de animales deberán desarrollar un plan de salud para sus animales junto con su veterinario, para protegerlos de las infecciones. Únicamente se utilizarán asociados a buenas prácticas ganaderas y de higiene, así como a programas de vacunación.

● Llevar registros escritos de todos los antimicrobianos utilizados y de los resultados de las pruebas de laboratorio.

Los antimicrobianos son medicamentos esenciales, de ahí que combatir su resistencia represente un objetivo prioritario para todos. Preservar su disponibilidad y eficacia debe ser prioritario. Al optimizar las buenas prácticas ganaderas de higiene y manejo, la bioseguridad y programas de vacunación y optimizando el uso de los antibióticos, se preserva la salud y el bienestar de animal y personas.

Rufino Álamo Sanz, vicepresidente del Colegio de Veterinarios de Valladolid

Fuente: agronewscastillayleon.com

Publicidad