8 de diciembre de 2018 09:58 AM
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La reinvención de un contratista forrajero, diversificando los negocios

Con 20 años como prestador de servicios forrajeros, Daniel Gardello, con base en Tandil, barajó y dio de nuevo: también ahora diseña y construye corrales, distribuye estiércol y trabaja para purificar efluentes de producciones estabuladas

Hay que ser inteligente para saber cuándo es tiempo de cambiar. De nada sirve la obstinación cuando un negocio no es rentable y hay que dar un golpe de timón para mantenerse a flote.

Con dos décadas dedicadas a la prestación de servicios forrajeros, Daniel Gardello supo hace unos años que tenía que reinventarse para seguir manteniendo la estructura de su empresa For Ceres. Especializado en la confección de “comida” de calidad para tambos y feedlots, hoy, sumó a la paleta de servicios el diseño y construcción de corrales “llave en mano” y la fertilización de campos con estiércol. También proyecta trabajar en la purificación de efluentes, un tema acuciante en las producciones estabuladas.

Pasión con profesionalismo. Esfuerzo con inteligencia. Cuatro formas de afrontar la vida y el trabajo que marcan la huella del camino que ha desandado Gardello desde que en 1999 puso en marcha For Ceres con una pequeña picadora de 4 surcos y una camioneta. Hoy, cuenta con un parque de maquinarias extenso en el que se destacan 3 picadoras última generación, 10 bateas, 3 tractores articulados para el “pisado” de silos en altura, 3 tractores para esparcir estiércol, carros esparcidores y 2 embolsadoras. Además, para el armado de los feedlots se compró una excavadora, una pala cargadora, una motoniveradora y un rodillo compactador tipo “pata de cabra”.

“Cuando prestás un servicio profesional y tenes 20 personas a cargo no podés trabajar seis meses al año como lo hacía antes con la producción de forrajes porque los gastos fijos te corren de atrás, por eso pensé en diversificarme lo que me permite tener trabajo todo el año”, explicó Gardello desde su base de operaciones en Tandil. Además, se mueve hacia el sur de Santa Fe y San Luis.

En Santa Fe, Gardello llegó a armar el silo más grande del mundo, de 150.000 toneladas.

En Santa Fe, Gardello llegó a armar el silo más grande del mundo, de 150.000 toneladas.

En poco tiempo, Gardello logró que el 40% de la facturación de For Ceres corresponda a los servicios extra-picado. Algo que cambió la forma de pensar su negocio fue el viaje a España en el que visitó a su colega y amigo Angel Caralt, que presta servicios de todo tipo los 365 días del año en la zona de Barcelona. “Ellos hacen picado, pero también siembra, cosechas, esparcido de estiércol, desagote de piletas de tambos, y trabajan todo el año, tomé mucho de ese modelo para reconvertir mi empresa”, explicó Gardello.

La incursión en el diseño, construcción y limpieza de corrales también tiene que ver con otra pasión de Gardello: la transformación de estructuras y paisajes. “Es algo en lo que hace tiempo me vengo capacitando y hace falta porque en varios casos el diseño de los feedlots no se hace profesionalmente y se gasta la misma plata en materiales pero se cometen errores de planificación que después se pagan caro”, resumió Gardello.

El puntapié inicial en la construcción de un feedlot es saber a cuánta profundidad está la napa. Esto determinará cuánto hay que elevar el terreno en la punta donde están los comederos (la más alta dentro del corral) para que cuando se haga la pendiente de 2,5% que favorecerá el drenaje, no haya riesgo de llegar a la napa. “Me ha pasado de encontrar un corral en el que estaba armado el hormigón cerca de los comederos y cuando planteamos el 2,5% de pendiente llegábamos a la napa indefectiblemente”, explicó Gardello.

Para el picado de maíz, cuenta con un amplio parque de maquinaria.

Para el picado de maíz, cuenta con un amplio parque de maquinaria.

La ecuación es fácil: si la napa está a dos metros, indica que para abajo no se puede ir más de un metro. El resto, hay que irse para arriba. Gardello ha llegado a elevar el extremo de los comederos más de un metro para que quede la pendiente correcta. Un corral con medidas estándares de 50 metros de frente por 40 de largo con una pendiente de 2,5% configura un desnivel de un metro y medio.

La pendiente es fundamental porque en zonas de inviernos húmedos, los corrales que no drenan reducen las posibilidades de un secado, se genera pisoteo permanente entre bosta y tierra y se dificulta el andar de los animales dentro del corral. “En algunos casos quedan enterrados hasta la panza afectando seriamente la conversión de alimento en carne”, apuntó Gardello. Por otro lado, un corral de este tipo requiere gasto y mantenimiento permanente.

Mirando cómo están los negocios del tambo y el feedlot, Gardello reconoce que no son dos actividades en las que se estén haciendo inversiones. Sin embargo, “en algunos casos son gastos que hay que hacer porque la otra opción es seguir perdiendo plata”.

El costo para armar un corral de 2.000 metros cuadrados (40×50) es de 400 pesos por metro ($800.000 en total). Si hay que traer tosca u otro material de otro lado para mejorar el suelo ahí se encarece.

Trabaja en Tandil, pero también en Santa Fe y San Luis.

Trabaja en Tandil, pero también en Santa Fe y San Luis.

Pero además de la construcción de corrales, Gardello confía en la oportunidad que tiene en el negocio de la distribución de estiércol y el manejo de efluentes. El contratista recuerda visitar establecimientos repletos de bosta dentro y fuera de los corrales en los que el esparcido de ese estiércol en los propios lotes del campo en cuestión permitió generar estructura a los suelos por el aporte de micro, macro nutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio) y microorganismos.

“El costo del servicio se paga con el ahorro de fertilizante, pero además, habría que cuantificar cuánto mejor convierten esos animales que dejan de luchar en el barro y la bosta”, apuntó Gardello.

Respecto del tratamiento de efluentes, los más complicados son los tambos. La idea (algo en lo que trabaja junto a especialista en gestión ambiental, Claudio Kvolek) es desarrollar piletas de tratamiento y purificación. “Así lograríamos que los efluentes que son un problema puedan volver al sistema”, explicó el contratistas. Y se entusiasmó: “Muchos tambos tienen la estructura de hace 50 años para el tratamiento en las partes bajas de los establecimientos y cuando llueve siempre se complica todo”.

Volviendo a la prestación de servicios de picado, este año, harán unas 1.500 hectáreas de fina y 4.000 de gruesa (principalmente maíz y algo de sorgo). Consultado sobre cómo está el negocio para los contratistas forrajeros, Gardello contó que es otro de los motivos por los que decidió diversificar: “La rentabilidad ha caído mucho por hectárea, hay un exceso de máquinas en el mercado que generan una diversidad de precios y nosotros con la tecnología y la estructura que tenemos llega un punto que no nos resulta rentable achicarnos”.

Se metió de lleno en el diseño y construcción de corrales.

Se metió de lleno en el diseño y construcción de corrales.

El clima de negocios para esta campaña no es bueno. “Los clientes están achicando gastos de todo tipo, la comida para los animales la tienen que hacer igual pero se cuidan mucho y ajustan el cinturón en todo lo que no crean imprescindible, sobre todo en mantenimiento”, se lamentó Gardello.

Contratista forrajero por naturaleza. Fierrero de alma. Gardello confía en el camino de la diversificación de servicios pero también en tener más opciones para generar trabajo cerca de Tandil: ya con hijos adolescentes, hace unos años tuvo una bebé que naturalmente lo motivó a barajar y dar de nuevo, imaginando nuevas aristas de un negocio que le permita estar más cerca de su familia.

Nómades por definición, Gardello quiere ganarle la pulseada ese devenir del contratista.

Cómo armar “edificios” de 14 metros de maíz

En 2012, en un establecimiento del sur santafesino, Daniel Gardello erigió el que podría ser el silo de maíz más grande del mundo. Una montaña de 14 metros de alto con una base de 300 metros de largo por 90 de ancho confeccionada a partir de 3.500 hectáreas de maíz picado. Un “plato de comida” de 150.000 toneladas.

Claro, aquella torre de 14 metros se logró, además de gracias a la pericia del equipo de Gardello, producto de la necesidad.

“Las empresas aumentan sus rodeos, crecen en superficie de picado y confección de reservas pero no aumentan la capacidad del patio de comida, por lo que si no se puede ir a lo ancho, hay que ir hacia arriba”.

Para lograr un silo de calidad, además de contar con buena materia prima (un cultivo bien llevado y a punto) para Gardello es fundamental contar con la tecnología y el parque de equipos adecuado.

“Las máquinas de hoy tienen sensores por todos lados, además cuentan con un cracker que permite trabajar cualquier tipo de grano para lograr máxima calidad”, opinó.

Aunque advirtió: “De nada sirve tener las mejores picadoras si no las acompañás con un parque de camiones o bateas acordes y tractores que permitan hacer un buen pisado”.

El combustible, un insumo que vale oro

En lo que va de este año, el combustible, un insumo clave para el agro, más para los forrajeros, subió entre 50 y 60% su valor y resulta un escollo a la hora de aceptar o dejar un trabajo.

Por eso, a sus clientes, el prestador de servicios Daniel Gardello les está pidiendo un anticipo de gasoil (50-60 litros por hectárea en fina y 100 en gruesa) porque si no, se hace muy cuesta arriba cada labor.

“Puede parecer mucho pero si pensás que a San Luis tengo 1.000 kilómetros para llegar con todos los equipos, con un gasoil a 36 pesos (pago contado), a un cliente que se le pica 100 hectáreas tendría que abonarnos 10.000 litros, alrededor de $360.000 pesos”, aseguró Gardello

Fuente: Clarin

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