10 de diciembre de 2018 11:51 AM
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Dos científicas argentinas investigan cómo eliminar el arsénico del agua con cañas de bambú

Andrea Vega y Jacinta Alchouron encabezan el estudio que busca aprovechar distintas especies nativas para la limpieza o "remediación" de aguas. Este beneficio podría impactar en la vida de cuatro millones de personas.

Andrea Vega y Jacinta Alchouron son profesora y alumna. Más alllá de la experiencia individual entre ellas, el respeto y la admiración se hacen evidentes en el primer cruce de miradas. Lo cierto es que estas dos investigadoras de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) son las impulsoras de un estudio de enorme impacto social. La pesquisa está orientada a analizar el aprovechamiento de distintas especies nativas de bambúes leñosos, entre cuyos usos está la limpieza o “remediación” de aguas con arsénico a las que están expuestas, según estimaciones, unas 4 millones de personas en el país.

Varios experimentos han verificado ya que aprovechar biocarbones de caña de bambú nativo de la Argentina para remover arsénico puede arrojar un nivel de efectividad cercano al 100%. ¿Otro dato importante? Esta parte de las cañas no son utilizadas con otros fines, por lo que sería una solución de bajo costo a un problema que afecta a muchos.

En diálogo con TN.com.ar, Andrea y Jacinta cuentan cómo nació este trabajo de investigación y revelan algunos detalles sobre su proyecto y las implicancias de los posibles hallazgos.

-¿Cuánto hace que trabajan juntas?        

A: -La conozco a Jacinta hace bastantes años, porque fue alumna en una de las materias en las que doy clases. Ella continuó su carrera y luego se acercó a la cátedra para trabajar en tareas docentes y para hacer su trabajo de tesis. Ahí es que comenzamos a trabajar con los biocarbonos de bambú.

J: -Andrea fue docente mía en una materia de segundo año. La carrera dura 5 y yo la hice en 6. Cuando tuve que hacer mi tesina, quise hacerlo con ella porque es una docente muy inspiradora. Además del tema de trabajo, tiene una forma de trabajar muy hermosa. Así que ahí arrancamos a trabajar juntas, en 2013.

“Se estima que en la actualidad hay 4 millones de argentinos que viven en lugares donde las concentraciones de arsénico son mayores a las permitidas, o sea, mayores a las seguras”. Jacinta Alchouron, licenciada en Ciencias Ambientales

-¿Cómo se puede usar el bambú para limpiar las aguas de arsénico?

A: -Los proyectos con bambúes leñosos comenzaron en 2008, con la Agencia Nacional de Promoción Científica y luego con proyectos del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires. En un principio, apuntamos más a la ciencia básica, a conocer la diversidad de especies de bambúes que crecen en nuestro país y a empezar a pensar en usos que sean novedosos para la Argentina. Estos usos ya se aplican en Asia, fundamentalmente, pero acá es totalmente nuevo. Ya había un profesor en la década del 40 que hacía hincapié en que si los bambúes leñosos se cultivaran más en el país y se estudiaran los usos, habría una fuente de nuevos recursos para trabajar, para potenciar. Entre los usos que estamos trabajando uno que es utilizar las hojas de estas plantas como fuente de alimento y otro está ligado a la obtención de biocarbón. Este elemento se puede emplear para remediar el ambiente: el aire, el agua o el suelo. Y el trabajo de tesis, que está desarrollando Jacinta, está focalizado en el uso de estos biocarbones para remediar aguas contaminadas con arsénico.

-Jacinta, ¿cuán grave es este problema de la contaminación de aguas por arsénico en la Argentina?

J: -La realidad es que la contaminación de aguas por arsénico es un problema mundial. Es un contaminante natural que se encuentra presente en las aguas subterráneas de todo el mundo. En nuestro caso, en nuestro país, aparece por la erosión eólica de los Andes. Así como cayeron partículas de los Andes que hicieron que nuestro suelo fuera particularmente fértil, también cayeron partículas, millones de años atrás, que trajeron este contaminante. Y está esparcido en todo el territorio nacional, en todas las aguas. Las personas lo incorporamos tomando agua de bebida cuando no estamos conectados a una red de agua segura. Una población dispersa o rural, que toma agua de pozo, la incorpora de esa manera. O incluso por un alimento que vos consumas y que haya sido regado con agua y que también tenga el contaminante.

“Nosotros trabajamos con fragmentos de caña que son de desecho […] Apuntamos a que sea un material que permita aprovechar ese recurso y esa especie de manera completa”. Andrea Vega, botánica y profesora de la FAUBA

-¿Cuántas personas pueden estar afectadas?

J: -Siempre se dice que todo lo que tiene que ver con estudios epidemiológicos es algo que hay que mejorar porque las consecuencias para la salud son muy variadas. Van desde problemas en la piel, como hiperqueratosis, hasta diversos cánceres. Es difícil poder correlacionar esa información, si se estima que en la actualidad hay cuatro millones de argentinos que viven en lugares donde las concentraciones de arsénico son mayores a las permitidas, o sea, mayores a las seguras. Eso sí se sabe.

-¿En qué consiste el trabajo de ustedes hoy? 

A: -En su trabajo de tesis, Jacinta trabaja con tres bambúes leñosos. Una es una especie nativa que nunca había sido estudiada con fines aplicados. Es la primera con la que empezamos a trabajar y con la que estamos obteniendo datos tan interesantes. Y, al mismo tiempo, hay otras dos especies pero esos son bambúes exóticos, que se han introducido en el país y que se han cultivado en forma exitosa. Trabajamos con esas tres especies para obtener biocarbones y ensayarlos con estas aguas contaminadas a ver cuál de esas especies -puede ser una o más de una- presenta los resultados más interesantes o más significativos en la remediación.

-¿Qué implica que presente resultados significativos?

A: -Con esta especie nativa, en los estudios que está haciendo Jacinta, tiene cerca de un 100 por ciento de remediación. El valor exacto es un 94%, muy alto. Sobre todo, teniendo un cuenta que es un material extremadamente económico. Nosotros trabajamos con fragmentos de caña que son de desecho. Es decir: son las cañas que los productores cortan porque no tienen las características adecuadas para comercializarlas. Apuntamos a que sea un material que permita aprovechar ese recurso y esa especie de manera completa. Usar las hojas como fuente de alimento, las cañas para hacer artesanías, o construcciones y, al mismo tiempo, usar las cañas de descarte para la producción de biocarbón.

-Tienen en sus manos algo que parece muy importante. ¿Son conscientes? 

A: -Bueno, es todo un desafío. Sí, realmente las dos estamos muy contentas con los resultados, sobre todo pensando que puede ser de ayuda para mucha gente y que estamos aprovechando una especie que es nativa, de la cual poco se sabía. Con ese recurso tan económico, lograr convertir agua contaminada en agua segura para beber, para cocinar.  J: -Sí, y no es que no hay forma de poder remediar las aguas contaminadas. Hay diversas, algunas muy costosas. Y hay otras muy económicas, como la nuestra. Sabemos que hace falta este tipo de materiales, que son de bajo costo. Es importante aprovechar algo que actualmente se desecha, que no tiene valor comercial y que sería de sencilla manipulación y obtención. Fácil de hacer y fácil de incorporar en un vaso de agua. O sea, vos lo podés aplicar al vaso de agua y, con un imán, recuperar las partículas de ese carbón y tener el vaso de agua limpio. Eso también novedoso porque es sencillo. Tenemos que ver cómo escalarlo. Volviendo a la pregunta, no dejan de ser estudios preliminares y estamos acercándonos de a poquito. Tenemos resultados que son motivadores, pero estamos arrancando a trabajar.

-¿Qué les ha pasado en la comunidad científica? ¿Cuál ha sido la repercusión?

A: -Mucha repercusión, sobre todo en el ámbito de la facultad. Contamos con una revista de distribución digital (Sabe la Tierra), que es la que justamente nos viene haciendo notas para que vayamos contando los avances que estamos teniendo y tuvo bastante aceptación.

-Se habla mucho de la necesidad de más mujeres en la ciencia. En este caso, se trata de una investigación liderada por dos mujeres. ¿Qué evaluación hacen sobre la influencia de las mujeres en la comunidad científica?  A: -Muy contenta. Porque la mujer siempre tiene una mirada social que es importante. En el grupo, mayoritariamente somos mujeres. También hay varones trabajando, sobre todo en la parte de forraje. Me parece que es un lugar importante el que está ocupando la mujer y, como te decía antes, aporta una mirada diferente.

J: -Adhiero. En nuestro grupo, que hacemos anclaje en la botánica, somos una mayoría de mujeres y nos involucramos con esta temática porque nos convoca socialmente. Cuando pensábamos en poder seguir aprovechando los bambúes y en seguir en la rama de investigación de nuestra directora, dijimos: “Bueno, nos convoca la problemática del arsénico que hasta ahora es relativamente silenciosa. Pongámonos a trabajar en esto”.

A: -Además, si bien en su trabajo ella lo está aplicando al arsénico, los biocarbones tienen una amplia aplicación para remediar agua, aire y suelo y también se podría aplicar para absorber colorantes u otro tipo de contaminantes. O sea que las aplicaciones son muy vastas, muy grandes.

-¿Qué les gustaría que pase con esto? J: -Uno siempre espera poder escalar los resultados a una aplicación concreta. Pero para eso, me parece que tenemos que trabajar desde la ciencia y sabemos que eso implica tener en cuenta muchas variables diferentes. E implica más trabajo de laboratorio. Probar la mayor cantidad de aguas naturales porque todas las aguas son diferentes. Si en un futuro se puede escalar a algo aplicable, sería hermoso. Yo creo que poder generar información, por lo pronto, desde nuestro lugar, es lo valioso.  A: -El trabajo que nosotros estamos haciendo es interdisciplinario. O sea, en el grupo, así como Jacinta es licenciada en Ciencias Ambientales y yo soy botánica, hay químicos, farmacéuticos, agrónomos. Es muy diverso y al mismo tiempo también lo interesante es que nos ponemos en contacto con productores, con gente que nos ofrece también su ayuda para poder llevar adelante las investigaciones. Los productores nos facilitan entrar en sus plantaciones y poder extraer muestras. Hay una empresa que nos ofreció de forma desinteresada procesar todas las cañas, hacer las moliendas (moler muy finamente) para luego poder transformarlas en biocarbón, o sea, carbonizarlas. Es un aporte, desde distintos lugares.

Fuente: TN - Buenos Aires

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