15 de diciembre de 2018 12:29 PM
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Insectos para comer: cómo se cultivan y qué nos aportan

Las granjas fábrica deben garantizar la seguridad alimentaria y la calidad de los insectos comestibles, una interesante fuente de nutrientes.

Los insectos comestibles proceden de granjas fábrica que controlan los requisitos de seguridad y calidad, como en cualquier otro tipo de ganadería, y no suelen emplearse hormonas, antibióticos ni productos químicos, excepto para desinfectar el entorno de producción entre lotes de insectos. Su delicada cría en cautividad exige una alimentación basada en fruta, carne, pan duro e incluso restos orgánicos como la piel procedente de fábricas de cuero. También debe aplicarse un minucioso control de la temperatura, el oxígeno y la luz, que ayuda a prevenir la aparición y transmisión de enfermedades infecciosas en algunas especies. A continuación veremos cómo son las granjas fábrica de insectos comestibles y qué nutrientes aportan estos nuevos alimentos.

Una de la mayores instalaciones de Europa se encuentra en Francia. En Dole, cerca de Dijon, la empresa Ynsect posee uno de los mayores centros de producción de insectos del mundo, centrado en la cría y el procesado a gran escala de la larva del gusano de la harina -muy común como alimento vivo para mascotas y cebo de pesca-. La producción alcanzó las 400 toneladas en 2017, y se usa para elaborar la harina de los alimentos para atletas y pienso para la acuicultura y la alimentación de animales domésticos. Este proyecto destaca, además, por reutilizar residuos orgánicos (restos de comida), aprovechando que los insectos tienen el sistema de enzimas perfecto para “bioconvertir” esos materiales en proteínas.

En la Comunidad Valenciana localizamos uno de los pocos ejemplos de producción de insectos en España: Bioflytech, una spin off de la Universidad de Alicante que alberga la mayor granja de moscas del mundo y que es capaz de producir dos millones de huevos al día con destino a la polinización de huertos e invernaderos.

En nuestro país también se encuentran iniciativas para elaborar y comercializar productos alimentarios a base de insectos, en formas sofisticadas como la de los aperitivos de escarabajos o de barritas energéticas para deportistas elaboradas con harina de grillo. “La mejor manera de introducir los insectos en el consumo, en un formato donde no se aprecia el insecto pero sí su valor nutricional, suele ser en barras con sabores añadidos. Es una manera excelente para que la gente lo pruebe sin causar rechazo”, explica Alberto Mas, director de operaciones de la firma alicantina Insectfit, la primera empresa en España que combina insectos y fitness. Debido a su contenido proteínico, de momento el mercado se está dirigiendo sobre todo a los deportistas, aunque no sería extraño que el público objetivo se ampliara en el futuro. Quién sabe si algún día acabaremos conociendo la tapa de hormigas.

Qué nutrientes nos aporta cada insecto

El aporte nutricional de los insectos comestibles es muy diverso, debido a la gran cantidad y variabilidad de especies. La mayoría proporciona la suficiente energía y proteínas necesarias para la dieta humana, además de cumplir con los requisitos de aminoácidos. Con alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, estos seres diminutos son ricos en oligoelementos (cobre, hierro, magnesio, manganeso, fósforo, selenio y zinc), así como vitaminas (riboflavina, ácido pantoténico, biotina y ácido fólico).

  • Los saltamontes contienen más del 70 % de proteína por cada 100 g, el pollo alrededor del 27 %.
  • 100 g de gusanos de harina ofrecen 24 g de proteína, mientras que el salmón del Atlántico solo contiene 20 por cada 100 g. Además, tienen la misma fibra que las salchichas vegetales (2,8 g en cada 100).
  • Las orugas de Mopane incluyen 31 mg de hierro por cada 100 g, mientras que la carne de vaca contiene únicamente 6 mg.
  • Las termitas tienen el mismo nivel de proteína cruda que la leche entera (alrededor de 16 g por cada 100 de producto).
  • Los grillos tienen dos veces más calcio que la leche; tres veces más hierro que las espinacas; y el mismo nivel de omega 3 que el salmón. 100 g de este insecto contienen 374 mg de potasio, apenas 11 mg menos que un plátano. Y ahí no acaban sus beneficios: presentan la misma cantidad de proteína que dos huevos grandes, y más de la mitad de las necesarias diariamente para un adulto de 70 kilos.
  • Las larvas de gusano rey tienen la misma fibra que la coliflor (2,9 g por cada 100 de producto).
  • Las moscas de otoño o de la cara, en su estado de crisálidas, cuentan con la misma proteína cruda que el pollo (19,2 g en 100 gramos de producto).
  • La mosca de la fruta tiene el mismo nivel de proteínas que los garbanzos (19,4 g de 100).
  • Las larvas de mosca soldado negra poseen la misma fibra que los brotes de soja en conserva (2,4 g de 100).
  • Las cucarachas tienen la misma proteína que la carne de cerdo (20,1 g de 100).
Fuente: Consumer

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