Costa Rica tiene sólo 52 mil kilómetros cuadrados, de las que cerca del 50% del territorio nacional son reservas naturales, y cuatro millones de habitantes. Sin embargo se mueve entre el primer y segundo lugar como productor mundial de café, de plátanos y de piña del mundo. Pero, no se han quedado en mandar esos productos como commoditties. Su apuesta ha sido a agregar valor, así por ejemplo, con el café apostaron a hacer un producto distinto del lo que está más masificado. Así, lo diferenciaron por orgánico, por variedad y por zonas productivas -como los terroirs del vino-, lo que ha llevado a que el café costarricense se cotice al doble de los otros en la Bolsa de Nueva York; o con la piña, en la que han buscado variedades diferentes como una que ya no tendría el corazón duro, lo que les permite hoy obtenener precios muy superiores que los de su competencia en esos productos. Es decir han dado un salto desde la comodditización del recurso natural al producto premium.
En este camino su principal apuesta ha sido por la sustentabilidad. El tema en el país centroamericano es clave. Tanto, que es precisamente su apuesta por la protección de ese 3,5% de la diversidad del planeta, lo que se ha transformado en la verdadera fuente de crecimiento del país. No sólo porque es la razón de que anualmente lleguen hasta ahí cerca de dos millones de turistas dispuestos a conocer esa flora y fauna y cómo la cuidan, sino porque han aprendido a cómo integrar sustentabilidad con producción agropecuaria. Y lo aplican en sus producciones más importantes como también en las que han ido incluyendo para diversificar sus exportaciones, como melones, mangos, papayas y flores.
Prácticamente todo lo que sale de ese país -y también lo que se vende internamente- sale con un sello o certificación que garantiza al que compra o consume -muchos de los turistas que llegan al país buscan precisamente la preservación- que el producto cumple con la protección al ambiente y a las personas que lo produjeron.
“La certificación es la base, pues no basta con que se diga que se están haciendo las cosas bien, sino que hay que darle la opción a quienes quieran tener la certeza, que lo puedan comprobar” dice Jan Ruge, embajador de Costa Rica en Chile.
Les trae otros beneficios, como amortizar en forma muy importante su huella de carbono. Al punto que la apuesta del país es al 2021 ser la primera nación del planeta “carbono neutral”, cuenta el diplomático.
La nueva estrategia de negocios del país centroamericano es abrirse a otros lugares del planeta. Dentro de eso están buscando convertir a Chile en su plataforma de negocios sustentables para el Cono Sur y Asia.
“Creemos que tenemos sinergias para formar una plataforma comercial que nos permita ir juntos a otras regiones del mundo. Por ejemplo podemos ir con ustedes al Mercosur”, dice Marcial Chaverri, Agregado Comercial y director para el Cono Sur de la Agencia de Promoción de Exportaciones de Costa Rica (Procomer).
A cambio proponen que su país se convierta en la plataforma para que el nuestro acceda con mayor cantidad de productos a Centroamérica y el Caribe.
“Esta región es compleja desde el punto de vista de exportaciones porque son muchos mercados más bien pequeños y con características muy distintas, ya que algunos tienen una fuerte cultura inglesa, otros francesa, española y holandesa. Cada uno de ellos tiene percepciones, costumbres y necesidades distintas, que nosotros ya conocemos y manejamos. Entonces, es nuestro expertise lo que le podemos aportar a Chile para ingresar con sus productos desde Costa Rica”, enfatiza Chavarri.
Lo que ocurre es que los costarricenses en su apuesta por abrirse al mundo, han aprendido cómo adaptarse a las exigencias de mercados pequeños y cuentan ya con oficinas en muchos de ellos.
Otra ventaja de la propuesta es que se trata de abrir una puerta de entrada distinta para una zona del planeta donde hay un mercado que va más allá de los habitantes locales: el del turismo. Hay que considerar que sólo a Costa Rica llegan anualmente dos millones de personas. Y en la zona están otros puntos neurálgicos en estos temas, como Jamaica o República Dominicana. Y se trata de consumidores que están dispuestos a pagar por productos de alta calidad y que cumplan con los estándares que ellos demandan. Además, en todos ellos Costa Rica ya tiene relaciones comerciales bien establecidas.
Entre los productos con un pie bien puesto en ese país está el vino. La nación caribeña importa anualmente 500 mil cajas de vino, de las cuales el 50% proviene de Chile.
“Ustedes con el vino han hecho lo que nosotros venimos haciendo con el café. Tenemos muchas áreas donde podemos hacer aprendizajes mutuos” indica Chavarri.
Buscan en Chile nuevos productos, frutas y procesados. Pero también ofrecen los suyos: Desde allá traen concentrados de naranja y piña, además de café, mangos y otros.
“Hay mucho que podemos hacer para beneficio de ambos, para abrir nuevos mercados y buscar alternativas para ser competitivos”, insiste el embajador Ruge.
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