6 de agosto de 2012 17:02 PM
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Los desafíos de chile en agricultura de precisión

Si bien muchas de las tecnologías están en el país, falta masificar su uso. Juega en contra que los potenciales usuarios aún no internalizan los beneficios versus el costo. La interpretación de los nuevos datos y su aplicación concreta es un problema global, del que Chile no está ausente. Si el agro chileno no quiere perder más ventajas competitivas tiene que ponerse al día rápidamente en estas técnicas.

Con los crecientes aumentos de precios de los alimentos a nivel mundial, mejorar la productividad y competitividad del agro es un imperativo para todos los países. Una herramienta que ayuda es la agricultura de precisión. Si bien Chile dispone de profesionales de un altísimo nivel y fue de los primeros en abrazar la agricultura de precisión, hoy esa ventaja competitiva estaría perdiéndose rápidamente. 

La agricultura de nuestros vecinos y socios comerciales está mejorando en calidad y rentabilidad gracias a compañías y entidades chilenas en esta materia, que en los últimos años, han analizado varios cientos de miles de hectáreas en Latinoamérica, Europa y Norteamérica. Empresas como AgroPrecisión, NEOAG o Agrosat, entre otras, son requeridas por productores de Brasil, Perú, Colombia, República Dominicana, por agroindustrias o grandes viñas de Mendoza como Familia Zuccardi, Trapiche o Finca Flichman, por empresas productoras de aceite de palma africana en República Dominicana, agroindustrias de Costa Rica, Guatemala y El Salvador, pero también por Estados Unidos, Canadá e incluso Italia. Y no sólo países y empresas grandes están entre los clientes. Agroprecisión tiene entre sus clientes al conocido cantante Sting, quien supo de esta empresa por un asesor y los contrató para mejorar los rendimientos de sus viñedos en la Toscana italiana, zona vitivinícola de excelencia mundial. 

La agricultura de precisión a través de distintas herramientas y sistemas, mide en detalle parámetros determinados y su variabilidad en el tiempo o en el terreno, para, a partir de ellos, evaluar variables críticas para establecer un huerto o una plantación, obtener mejores resultados del cultivo y controlar su evolución.

Así, por ejemplo, en un predio con cítricos permite establecer una variabilidad productiva en función de las propiedades del suelo del sector en cuestión. También facilita el monitoreo necesario para determinar el correcto corte del trigo según la madurez de la planta en un lote determinado. Ayuda, igualmente, a minimizar gastos y el impacto producido por la presencia de pestes en un cultivo, posibilitando la aplicación spot de herbicidas en una plantación de arándanos u otra fruta. 

También es este tipo de información lo que permite que por estos días los viñedos nuevos se encumbren por los cerros y en cualquier dirección; que los viticultores planten donde saben que las hojas tendrán la correcta exposición al sol, conozcan cómo es el funcionamiento hídrico del subsuelo y puedan calcular sin equivocarse si están ante el tipo de suelo que suele producir vinos de alta gama. Ante la trazabilidad cada vez más exigida por clientes y consumidores, se puede, asimismo, detectar con precisión la contaminación que puede tener un campo, y, así, confirmar rápidamente datos que antes se obtenían con una la larga observación, del juicio y de la experiencia que tuviera o no el agricultor o dueño del predio. 

En Chile el georreferenciamiento agrícola se emplea principalmente en cultivos intensivos como los de las industrias del vino, silvicultura, frutícola, explica Rodrigo Ortega, profesor, PhD por la University of Colorado (EE.UU.) y director de Investigación del Centro Avanzado de Gestión, Innovación y Tecnología para la Agricultura (CATA) de la U. Federico Santa María. 

De hecho, en la vitivinicultura y fruticultura, es una herramienta que las grandes empresas, y cada vez más las medianas, tienen incorporada ya hace tiempo. 

“Hace cerca de 10 años que mapeamos los viñedos con imágenes satelitales para conocer sus requerimientos hídricos y minimizar el riego”, comenta Hugo Poblete, uno de los gerentes agrícolas de La Rosa Sofruco. En la actualidad siguen acudiendo a esta tecnología para segregar terrenos y definir fertilización diferenciada de frutales. 

En Viña Undurraga emplearon información georreferenciada precisa para conocer los suelos de campos nuevos en Maipo Alto, Leyda y Cauquenes y definir diseños de plantaciones, pero también para reconvertir campos tradicionales, explica Hernán Amenábar, enólogo jefe de la viña. 

Y también se utiliza en rubros como el lechero para observar las características fisiológicas de cada una de sus vacas. 

“Disponer de información detallada con tan sólo un clic de computador sobre los requerimientos de nutrientes en las distintas etapas de la vida de una vaca permite aumentar los rendimientos de la leche”, explica Francisco Matte, gerente general de AgroSat Chile, empresa que se ha especializado en el análisis de suelos y plantas. 

Desafíos de Chile

A pesar de lo positivo que resulta la aplicación de estos sistemas, hay muchos rubros donde en Chile son prácticamente desconocidos. 

“En otras áreas falta que los agricultores se den más cuenta de que la tecnología los puede ayudar a mejorar resultados, aumentar productividad o minimizar riesgos y pérdidas”, dice Ricardo Rodríguez, director ejecutivo de AgroPrecisión. 

Las áreas donde hay más deficiencias son precisamente en las denominadas más tradicionales o en las que la rentabilidad es menor, pero para las que contar con estas tecnologías podría significar un cambio radical. 

“En cultivos extensivos y ganadería -los más avanzados a nivel mundial en agricultura de precisión- casi no existe su uso en Chile. Se trata de cultivos menos rentables, de un sector muy tradicional y que requiere de mayor soporte para sacar adelante nuevas iniciativas”, comenta Stanley Best, encargado del laboratorio de agroprecisión del Centro de Agroprecisión del INIA Quilamapu, en Chillán.

Atrás de esta baja incorporación estaría la percepción de que los costos de utilizarlas son demasiado altos. Pero, dicen los expertos, no se hace previamente una evaluación donde se pongan en la balanza los costos técnicos, económicos y medioambientales que conlleva utilizarlas. 

“Con tanto satélite dando vuelta, los costos han bajado mucho y, siempre que se evalúen bien, los beneficios mitigan con creces los costos”, enfatiza Rodríguez. 

Los cobros suelen ser por hectárea. Una hora de avión para la toma de imágenes desde el aire puede costar cerca de los $200.000 y el mapeo digital cuesta desde $20 mil a $60 mil la hectárea. Ortega, en tanto, menciona que un mapeo y su recomendación pueden partir por precios tan bajos como $45 mil por há, el equivalente al precio de unos tres quintales de trigo. Y ello permitirá optimizar aspectos que van desde la aplicación de fertilizantes o agroquímicos, lo que significará ahorros de costos importantes, además de mejoras en los rendimientos. 

“Con lograr un ahorro de tan sólo 5 kg de fósforo, por ejemplo, ya hay servicios que se pagan solos”, dice Matte. 

De todas formas, se estima que la superficie ideal para que la utilización de estas herramientas sea rentable es en torno a las 50 hectáreas. 

En materia de costos versus ahorros, si se es un agricultor mediano a pequeño “siempre y cuando se haga bien”, afirma Stanley Best, “la ecuación es positiva”. Entonces proporcionar o facilitar el acceso a estas herramientas a agricultores de escalas productivas menores es un desafío importante para mejorar su rentabilidad y sustentabilidad. El Gobierno dispone de varios instrumentos Corfo que ayuda a los agricultores incorporar estas tecnologías. 

Pensando en masificar su uso, el anhelo de muchos es disponer de mapeos de suelos y clima para el territorio chileno a muy bajo costo o gratuito. Si bien los precios han bajado mucho, no es suficiente. Al respecto, Waldo Pérez espera que el satélite Fasat Charlie chileno lanzado en diciembre de 2011 ofrezca sus imágenes a precios reducidos. 

Falta entender cómo usarlos

Pero, el problema de la baja incorporación no es sólo económico ni que Chile no cuente con las tecnologías. 

“El avance en desarrollos de Chile es de nivel mundial, lo cual es reconocido en el medio. Pero se necesita una mejor capacitación de los productores y ésta es escasa”, dice Best, referente internacional en la materia.

Es decir, los agricultores no la incorporan por la incapacidad para entender la información que los sistemas les entregan. 

“El talón de Aquiles está en que la implementación de la agricultura de precisión pasa por los interlocutores de las empresas agrícolas, y que muchas veces éstos no están preparados para gestionar la innovación y los cambios que este tipo de tecnología promueve”, dice Rodríguez. 

De hecho, la situación no es sólo en el país. En la página web del satélite estadounidense Landsat relacionada con los servicios de imágenes hiperespectrales, se publica: “Más información (ej., espectral, espacial, temporal, radiométrica) es bueno. Mejor comprensión de los datos para aplicaciones que sean interesantes es mejor. Sin embargo, la actual brecha de conocimiento para comprender la información y la incertidumbre que ésta provoca, es mucho mayor de la que queremos admitir”. 

El sector público, el sector privado y las universidades están dando pasos al respecto. Sin embargo, no sería suficiente.

“Existen tremendos desafíos en cuanto a empujar el tema. En cuanto a las universidades, hay que hacer modificaciones en las estructuras curriculares para que contengan nuevos temas presentes en el mercado y que no se están enseñando en la universidad”, recalca Best. 

Los actuales usuarios de los servicios georreferenciados no fueron capacitados desde la universidad, pero al trabajar en empresas agroindustriales o ser sus dueños están entrenados para tomar decisiones pensadas en términos de rendimientos, escalas, costos y beneficios. Esa es la situación que ve Rodríguez frecuentemente. 

La perspectiva se ve mucho mejor para los futuros ingenieros agrónomos. Cada vez hay más interés en difundir el uso y análisis de datos georreferenciados en la carrera de Agronomía y ofrecer servicios relacionados. Las casas de estudios lo están abordando en el pregrado o en posgrados en Santiago y regiones. La U. Federico Santa María enfrenta el tema desde 1996, dice Ortega. En la actualidad ofrece un magíster en Gestión y Tecnología Agronómica y un diplomado en Tecnología Agrícola destinado a público en general, especialmente técnicos y administradores agrícolas. También tiene un centro que ofrece servicios de precisión. 

La Universidad Mayor introdujo un curso de Manejo de Información Geográfica ya en segundo año de la carrera de Agronomía, y este año comenzó a ofrecer un magister en Sistemas de Teledetección. Interesados hay de todos los ámbitos. “Los alumnos del magíster son agrónomos, geógrafos, veterinarios, ingenieros ambientales, biólogos, ingenieros forestales”, detalla el geógrafo Waldo Pérez, director del posgrado. 

Eduardo Venezian, decano de Agronomía de la U. Mayor, cuenta que el Centro de Estudios de Recursos Naturales creado al alero de la universidad, ofrece servicios de imágenes hiperespectrales, tecnología de punta en materia de imágenes. 

No obstante, faltaría más agresividad para difundir los temas entre los agrónomos. 

“Hay excepciones honrosas, pero por lo general las escuelas de Agronomía todavía no abordan con la fuerza necesaria el cómo hacer un uso concreto de la información que proporciona la agricultura de precisión”, dicen Rodríguez y Matte. 

El gran desafío, resume Ortega, es aumentar el capital humano chileno que sepa analizar los datos recibidos y luego aplicar soluciones basadas sobre éstos. Los datos duros de nada sirven si no son interpretados, si no se verifican in situ, si no hay un seguimiento a lo largo de varias temporadas en el caso de los cultivos intensivos. Sobre todo, si no se sacan conclusiones que permiten mejorar o corregir.
 Mapeando los suelos del mundoLa información georreferenciada de suelos tiene tantas aplicaciones potenciales, que Bill Gates se interesó en un proyecto de mapeo del mundo denominado Global Soil Map Net. Este es un programa del que participa un consorcio de instituciones de países como Estados Unidos, Australia, Francia o India, y que busca dar información detallada de todos los suelos del orbe mediante la última tecnología disponible para ello. Se busca que esta información sea útil para la toma de decisiones en temas relacionados con la producción de alimentos y la erradicación del hambre crónica en el mundo. La Fundación Bill & Melinda Gates ha aportado US$ 18 millones para este proyecto, en especial para tratar de solucionar la degradación de los suelos, uno de los principales problemas de la falta de alimentos en África, mejorando su fertilidad mediante el mapeo de zonas subsaharianas. Traspasar a los pequeños agricultores el conocimiento de cómo restaurar los suelos, mejorando simultáneamente la productividad de sus campos, es el reto que quieren enfrentar. Lo que vieneVuelos sin tripulación, geoestadísticas para la predicción espacial de carbono, el uso de espectrometría con rayos gama y sobre todo las aplicaciones prácticas derivadas de imágenes con hiperespectrometría -superando las técnicas multiespectrales que ya subsanaban con creces las limitaciones del ojo humano-, son algunas de las técnicas que están dando qué hablar. También el monitoreo y soluciones en tiempo real, desde el tractor. 

Las imágenes hiperespectrales son tomadas continua y consistentemente, con sensores basados en tierra, montados sobre vehículos o en aviones tripulados o no, o por satélites. Permiten caracterizar, cuantificar, establecer modelos y clasificar cultivos agrícolas y estudiar la vegetación existente. La información incrementa de este modo la certidumbre de la toma de decisión para el sitio específico.

Por ejemplo, las imágenes ayudan a determinar exactamente los tipos de cultivo existentes en un campo, las propiedades biofísicas de interés -densidades reales y rendimientos- o químicas, como niveles de absorción de clorofila, los de antocianos y carotenoides, de azúcar o de almidón. Revelan enfermedades y estrés hídrico o la cantidad de nutrientes. Muestran el nivel de humedad de las hojas y la eficiencia de la fotosíntesis, entre otros múltiples datos. Italia, Alemania, Japón y Estados Unidos están lanzando nuevos satélites destinados a la toma de imágenes hiperespectrales. Los existentes hoy, sin embargo, ya permiten fotos con resoluciones de hasta 0,61 cm de altura y obtener hasta 16 mil tipos de información por hectárea, mucha de la cual todavía no logra ser adecuadamente comprendida.

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