12 de agosto de 2012 22:57 PM
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Una reforma para reelegir a Cristina sería el fin de la democracia en la Argentina

El prestigioso filósofo, economista y escritor francés, Guy Sorman, afirma que el principal problema del país es tener hoy “un gobierno completamente impredecible que impulsa una política económica irracional”, y arremete duramente contra la posibilidad de que la Presidenta intente reformar la Constitución para conseguir un nuevo mandato. También sostiene que la falta de acuerdo para cancelar la deuda con el Club de París ahuyenta a la inversión extranjera. Y que los argentinos votaron a CFK en 2011 porque la oposición es incapaz de proponer alternativas.

Estallaba la primavera democrática cuando Guy Sorman inició su romance con estas tierras. Años después, en 1989, desde la portada de su libro exhortaba, entre la declaración de amor y la súplica: No a la decadencia de la Argentina. Desde entonces, este filósofo, economista y provocador francés visita regularmente un país, al que define como irregular. Ha sido un espectador crítico de las ilusiones y desencantos de la sociedad local en las últimas décadas, sin embargo, se reconoce turbado como nunca antes, a la hora de pensar la actualidad política y económica actual. “Quizás debieran reeditar ese libro”, desliza, no sin cierta ironía.
Promotor de la economía globalizada, Sorman recorre el mundo como una suerte de embajador itinerante del libre comercio y del fortalecimiento democrático. De paso por Buenos Aires, donde participó del South American Business Forum, eligió disertar -sugestivamente- sobre “Estados con crecimiento sostenible y equidad social”. Luego de definir a la economía “como una ciencia imperfecta e incierta, pero sin ideología”, el prestigioso intelectual pasó a analizar lo que él considera son los fundamentals en política económica para encontrar el camino hacia el desarrollo de un país.
Conocedor del paño latinoamericano, fustigó al Mercosur como bloque comercial y se mostró optimista respecto al futuro del Euro y de la Unión Europea, la cual, cree, saldrá fortalecida de la crisis que hoy aqueja a los países centrales.
Sin mencionar explícitamente a la Argentina durante su disertación, la referencia a “gobiernos centralizados que buscan controlar toda la actividad económica”, a “economistas que justifican la inflación como herramienta del crecimiento, cuando en realidad es un impuesto a los más pobres”, y los comentarios sobre “la falta de independencia del Banco Central y del Poder Judicial” no fueron más que una crítica elíptica al gobierno de Cristina Kirchner. Una postura que reconocería sin miramientos en la entrevista exclusiva que luego concedió a El Cronista WE.

* ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema de la economía argentina en la actualidad?
– El cortoplacismo. La Argentina siempre ha sido un país inestable, pero el principal problema que tiene hoy es un gobierno completamente impredecible que impulsa una política económica irracional. Y el resto de los actores económicos tiende a actuar de manera racional. Es muy peligroso hoy hacer una inversión a largo plazo o comprometerse con algo, porque nunca se sabe si el Banco Central se mantendrá independiente, si habrá inflación, si el Gobierno avanzará sobre la propiedad privada. El problema con esta situación de cortoplacismo, en la que se busca sacar la mayor ganancia en el menor tiempo posible por la falta de previsibilidad del Gobierno, es que no se crea trabajo y desarrollo para todos. Al agro, por ejemplo, le está yendo muy bien, pero eso no genera trabajo para todos.

* A usted se lo suele inscribir en la línea de los liberalistas clásicos. ¿Cuál es su lectura sobre los controles que aplica el Gobierno sobre la economía?
– Creo que no hay racionalidad económica detrás de medidas como el control cambiario o las trabas al comercio exterior. No sabría responder por qué se toman decisiones de este tipo, porque como incentivos son claramente negativos para el país. Por otra parte, el propio Gobierno tampoco explica por qué toma estas decisiones. Si se tratara de una parte de un plan coherente y a largo plazo, lo podría llegar a entender, pero tal plan y tal coherencia no existen. Pienso que simplemente son demostraciones de fuerza para dejar en claro que el Gobierno controla todo.

* Hablando de planes a largo plazo, aquí ya se comenzó a hablar sobre una posible reforma constitucional para habilitar a que la Presidenta… (Interrumpe).
– Lo sé. Pero una reforma de la Constitución para reelegir a Cristina Kirchner sería el fin de la democracia en la Argentina. La democracia está basada en instituciones políticas estables. Menem también intentó mantenerse en el poder para siempre, pero terminó siendo un desastre para muchos, incluido el propio Menem. Lo mismo está haciendo Chávez en Venezuela, pero son ejemplos muy poco alentadores. Al igual que Menem en su momento, que intentó comprar su posibilidad de un tercer mandato, la señora Kirchner también quiere comprar, mediante subsidios y capitalismo de amigos, su tercer período presidencial.

* ¿Cómo cree que quedaría parada frente al mundo la Argentina en caso de que el gobierno nacional decidiera avanzar en esa dirección?
– Esto es negativo para el país y lo pone en una situación de aislamiento con respecto a sus vecinos y al resto del mundo. Si la Argentina, por ejemplo, se niega a negociar su deuda con el Club de París -una discusión que está completamente congelada-, lo que hace es ahuyentar la inversión extranjera. Eso, sumado a una reforma constitucional para perpetuarse en el poder, da como resultado una Argentina sin futuro, un país sin atractivos para los inversores extranjeros y para los propios argentinos.

* Lo paradójico es que este gobierno se impuso con un 54% de apoyo popular. ¿Qué piensa entonces de la sociedad argentina?
– Que la sociedad argentina apoye a Cristina Kirchner tiene su explicación, y es bastante simple, de hecho. Primero, el país tiene un tradición de caudillismo político, en la cual la gente se enamora de la figura de presidente salvador. Y ella se beneficia claramente de esta tradición. Segundo, una enorme parte de la población depende completamente de los subsidios públicos que otorga el Gobierno, lo cual básicamente permite comprar votos. Y esto se hace sobre todo en las zonas más remotas del país, lejos de Buenos Aires. La tercera, y quizás mas importante explicación, pasa por el hecho de que no hay oposición en este país. Muchas veces pienso que la responsabilidad de lo que sucede en la Argentina no es de la señora Kirchner, si no de los radicales y de los demás partidos que son incapaces de proponer una alternativa, de encontrar un líder adecuado e incluso de acordar una plataforma común. No se puede criticar lo que hace la Presidenta sin proponer otras ideas.

* ¿Cuál es su mirada sobre el Mercosur como bloque regional y sobre la reciente entrada de Venezuela como nuevo país miembro?
– Lo primero que hay que preguntarse es si un bloque como el Mercosur es útil. Y creo que no hay mucho consenso en ese sentido en la región. Brasil no parece muy interesado, Chile ha elegido ir por una dirección diferente, Bolivia está en un camino más revolucionario, así que no creo que haya un fuerte interés por el grupo en este momento. De todas formas, estoy de acuerdo con la idea del Mercosur, se necesita gente sabia para buscar temas comunes y seguramente el bloque será un gran estabilizador en América latina. Pero hoy por hoy, el Mercosur básicamente no existe. Nadie cree en esta organización. De hecho, se puede decir que nunca existió y que habría que ponerle un nuevo nombre y relanzarlo. Eso es posible. Recuerde que en el caso de la Unión Europea, el concepto no nació de los gobiernos sino de una iniciativa privada.

* ¿Cuál es su lectura sobre la crisis europea y qué pronóstico hace sobre el futuro de la Unión Europea?
– La lección que nos deja hoy la Unión Europea no es la debilidad, sino que una buena política económica debe basarse en instituciones sólidas. Luego de la crisis del 2009, cada país tomó su propia dirección. Por un lado, España y Grecia, con sus estímulos públicos inútiles, y por el otro, países como Alemania, Dinamarca y Noruega, que controlaron el gasto público. Eso creó un desbalance. Pero Europa sobrevivirá; creo que en cinco años la Unión Europea exhibirá un funcionamiento más centralizado. En un sentido, la UE sigue siendo un éxito, porque surge de una idea de fondo: generar intereses concretos entre países para que el comercio reemplace a las guerras.

* ¿Ve como posible un rescate total de economías como la de España en 2012?
– No este año, porque es un proceso a largo plazo. Lo que necesitamos es un plan a cuatro o cinco años, donde la deuda sea gradualmente reducida y parte de ella sea absorbida por el Banco Central europeo y parte sea convertida en bonos europeos. A fines de año creo que llegaremos a tener ese plan a cinco años para reducir la deuda.

* Usted escribió mucho sobre la importancia estratégica de los recursos naturales. ¿Qué opina sobre el rol que juega la Argentina a nivel global?
– Yo tengo la reputación de ser un economista liberal y, por más que suene controversial, especialmente en países como la Argentina, considero que la economía es una ciencia. Una ciencia imperfecta, pero sin ideologías. Digo que es incierta porque pienso que el factor más importante en economía es la suerte, ya sea a nivel individual o colectivo. El destino de una persona lo puede definir la familia: si alguien nació en Francia en una familia burguesa después de la Segunda Guerra Mundial, probablemente tenga una buena vida. En cambio, si nació en China durante la década del 30, eso es mala suerte. A nivel geográfico, sucede lo mismo. Hay naciones felices y otras no tanto. Y mucho de eso depende de sus recursos naturales. Pero claro que no sólo se trata de tener los recursos, sino de saber cómo administrarlos. Hay países con extensas riquezas naturales, como Bolivia, para nombrar un país vecino, que no han sido demasiado buenos administrándolas. Y otros como Noruega han sido extremadamente eficientes. En el caso de la Argentina, pienso que ha tenido una suerte excepcional.

* ¿En qué sentido lo dice?
Luego de las crisis de los ‘80 y los ‘90 han tenido una ganancia inesperada gigantesca con la soja. La soja les salvó la vida como país. Pero no solo como commodity, sino porque ha sido muy bien administrada por hábiles empresarios y emprendedores en el sector agropecuario. El precio de la soja se multiplicó por 10 en una generación de argentinos. Es un claro ejemplo de cómo los recursos naturales pueden definir el bienestar de una nación, si son bien administrados.

* Para justificar el menor crecimiento de la economía local, la Presidenta utiliza una figura que refiere al impacto global de la crisis de los países centrales. “El mundo se nos cayó encima”, suele decir en sus discursos. ¿La situación internacional juega a favor o en contra de la Argentina?
– No entiendo de qué habla la señora Kirchner cuando hace este tipo de declaraciones. No tienen ningún sustento.

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Fuente: www.cronista.com

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