14 de agosto de 2012 00:03 AM
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Culpan a Xstrata Tintaya de muerte de animales en Espinar

PERU : Necropsias revelan muertes por parásitos y neumonía, pero no se analizan metales. Senasa dice que no es su competencia indagar presencia de metales en animales

Zoraida Zamata carga los dos corderos muertos y los coloca sobre la tierra con la misma delicadeza de quien acomoda a dos niños. Es casi de noche en Pacpacco, una comunidad ubicada a 30 minutos del centro de Espinar y a 500 metros de la mina, el termómetro marca 2 grados y entre sollozos Zoraida nos muestra su chacra, que más parece un cementerio de animales. “En este lado enterré una vaquita, aquí una llama y sus crías, más allacito una ternerita”. Lleva cumpliendo este ritual ya dos años; antes, cuando todavía no desconfiaba de la mina, ella y toda su familia comían esas carnes.

La mujer de 51 años llora su suerte y la de sus ocho hijos. “No sé qué vamos a hacer, poco a poco todos se están muriendo”. Don Isidro Ccuti, su esposo, la acompaña y dice que antes en esta tierra, donde ahora ya ni buen pasto crece, él sembraba cañihua, papa y quinua. Ahora, el afloramiento de aguas subterráneas destruye su chacra. Alrededor del escaso pasto que queda se acumula un polvo blanquecino como la sal. Sin pasto, el ganado un día cae, vencido por el hambre o una simple infección.

MUERTES MASIVAS

Para Isidro, la muerte masiva de sus animales no es solo un problema de desnutrición: “Esta agua es lo que se filtra del relave, esta agua contaminada la toma el ganado; eso los vuelve más débiles”. En lo que va del año su familia ha perdido 30 crías, y en toda la provincia de Espinar han muerto ya más de 2.000 animales. Muchos pobladores de las comunidades ubicadas alrededor de la minera Xstrata-Tintaya asocian también estas muertes a la presencia de metales en la zona. Aunque en los escasos análisis que hizo el año pasado el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) en algunos órganos de animales no se hallaron metales tóxicos.

Desde junio el Senasa desarrolla un plan de control y prevención de enfermedades infecciosas en Espinar, pero no analiza la presencia de metales en el ganado de las comunidades colindantes a la mina. Sobre las muertes masivas, el jefe de esta institución adscrita al Ministerio de Agricultura, Óscar Domínguez, explica: “Podría ser por falta de pasto o por la ola de frío, pero no se puede descartar –hasta hacer los análisis respectivos– de que se trate de intoxicaciones por metales pesados, para lo cual tendríamos que tener resultados sobre animales vivos”.

El berreo de un cordero de semanas de nacido interrumpe la explicación de Isidro y el llanto de Zoraida. “Su mamá también se ha muerto, por eso llora”. Esta cría también morirá, sentencia en voz baja el médico veterinario del Senasa, que ha llegado hasta aquí alertado por Isidro.

¿QUIÉN ANALIZA LA PRESENCIA DE METALES?

Es jueves por la noche y en la oficina del Senasa de Espinar el médico veterinario inicia la necropsia de los dos corderos de Zoraida. La oficina es un reducido monumento a la escasez: una computadora, tres sillas, una refrigeradora de casi 30 años de antigüedad. No hay mesa: los cuerpos de los animales son cortados y analizados sobre dos sillas cubiertas de periódicos. No hay guantes quirúrgicos, uno de los técnicos tiene comprar los suyos a una de las decenas de farmacias del pueblo. Un veterinario de la minera y un especialista de la municipalidad observan.

El análisis concluye que los corderos de Zoraida murieron de neumonía. Hallaron también un parásito frecuente en las alturas, pero que puede ser mortal para los animales desnutridos.

–¿Determinarán la presencia de metales en sus órganos?

–Nosotros no analizamos metales, eso lo tiene que hacer un laboratorio privado, pero el costo tendría que asumirlo la parte interesada, explican.

Los últimos meses los dirigentes y comuneros de Espinar solicitaron la realización de un estudio sobre la presencia de metales en el ganado de la zona, pero un vacío administrativo ha entrampado el tema. En Lima, el jefe del Senasa aclara que su institución no puede hacer un estudio toxicológico de metales en animales vivos “porque no es nuestra competencia”.

– ¿Y a quién le compete?

– Yo no le puedo decir.

–Pero un estudio de este tipo resolvería las dudas de la gente.

–Le podría informar que se han remitido muestras a otros laboratorios, pero no es nuestra competencia.

–¿Se puede determinar si las muertes de animales se han incrementado o disminuido?

–Creo que no es como dicen que hay miles de muertos, pero no podría darle cifras exactas.

MESA DE DIÁLOGO

Si preguntamos sobre el avance de las negociaciones en la mesa de diálogo instalada en Espinar hace un mes, una será la percepción de la empresa y del Gobierno, y otra la de los dirigentes del frente de defensa y del alcalde de la provincia, Óscar Mollohuanca. Los primeros dicen que es momento de escuchar y que se está llegando a importantes acuerdos; los segundos responden que el diálogo está entrampado.

“Hemos pedido que se analice la presencia de metales en los animales, pero nadie lo quiere hacer”, se queja el alcalde. En el acta firmada el miércoles, los representantes del Ministerio del Ambiente se comprometieron a coordinar el tema con el Ministerio de Agricultura y el Senasa para resolver tal vacío.

No existe ningún documento oficial que determine que los vertimientos o efluentes de Xstrata-Tintaya superen los límites máximos permisibles, pero dirigentes, pobladores y el municipio los rechazan. No creen en la imparcialidad del Gobierno. Por eso, en setiembre iniciarán el monitoreo participativo a los diferentes puntos de muestra que han consensuado.

UNA TENSA RELACIÓN

Camino a la zona más alta de Pacpacco, desde donde se ve la dimensión de la explotación minera, encontramos a Gavino Nuñoncca, abuelo orgulloso de un ingeniero de minas que acaba de concluir la carrera en Arequipa. ¿Qué opina de la minera Xstrata?, preguntamos. No hemos acabado de explicarle nuestra visita cuando su esposa sale de su casa, grita y le ordena callar. “No quiere que hable porque tiene miedo de que después no le den trabajo a mi nieto”. Su esposa le insiste en quechua que se calle.

Desde la cima de Pacpacco (4.550 m.s.n.m.) el escenario es completo: el tajo, la presa de relaves y las pequeñas comunidades asentadas a su alrededor: Alto Huancané (adonde pertenece Pacpacco), Huisa Ccollana y Tintaya Marquiri. Un polvo rojizo emana de una zona próxima al tajo y es arrastrado por el viento. “Ese polvo es lo que nos hace daño”, dice Faustina Nuñoncca.

La mujer de 50 años también vive en Pacpacco, es sobrina de Gavino y una de las personas que más ha denunciado a la mina en las últimas semanas; acepta, sin embargo, que por muchos años apoyó a la empresa. “Me decían que los apoye porque luego mis hijos podrían trabajar con ellos, yo les creía, hasta que nos enfermamos”. A Faustina y a su esposo les han diagnosticado fibrosis pulmonar.

SIN RESPUESTAS

Una investigación de Censopas (Centro Nacional de Salud Ocupacional y Protección del Ambiente para la Salud) realizada en el 2010 halló en algunos pobladores de tres comunidades de Espinar una elevada presencia de mercurio y arsénico en la sangre y orina. En su informe esbozó la posibilidad de que la presencia de estos elementos podía tener un origen natural y recomendó “investigar las fuentes de exposición de estos metales”. También sugirió “mantener un monitoreo periódico de la calidad del aire, agua y suelo, por ser vulnerable a los cambios que pudieran producirse por efecto de la actividad minera, la cual acarrea la dispersión de material particulado”.

Han transcurrido dos años de este estudio y casi un mes de la instalación de la mesa de diálogo y en Espinar aún no se sabe la procedencia de estos metales. Todos los reportes de la Oficina de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) señalan que Xstrata cumple con los estándares nacionales, pero la población no cree. Y sin respuestas, los animales de los comuneros continúan muriendo. ¿Quién le responde a Zoraida, que todos los días ve pasar los camiones de la mina frente a su casa, por la continua muerte de su ganado? “Si pudiéramos irnos, nos iríamos, pero no tenemos adónde”, dice.

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Fuente: www.gatoencerrado.net

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