17 de agosto de 2012 11:09 AM
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Campo rico < > Campo pobre (Susana Merlo)

Tal vez como nunca antes, en los últimos años se asistió a una muy fuerte concentración de la actividad agroindustrial, desde el campo, hasta muchas de las industrias relacionadas. No es ningún secreto que en lo que va de este siglo la cantidad de productores agropecuarios se estima que se redujo en, al menos, 60/70.000. […]

Tal vez como nunca antes, en los últimos años se asistió a una muy fuerte concentración de la actividad agroindustrial, desde el campo, hasta muchas de las industrias relacionadas.
No es ningún secreto que en lo que va de este siglo la cantidad de productores agropecuarios se estima que se redujo en, al menos, 60/70.000. De estos, alrededor de 8.000 fueron tambos.
Algo similar ocurrió también con los establecimientos ganaderos.
En ambos casos se destaca que, mayoritariamente, la actividad la desarrollan empresas PYMES, al punto que en ganadería se calculaba que más del 80% de los establecimientos contaban con apenas 200 cabezas de vacunos.
Por supuesto que fue justamente en este segmento donde se produjeron las mayores bajas, simplemente porque las espaldas financieras son muy pequeñas para aguantar.
Ahora también el recorte fue llegando a otros tipos de establecimientos como los frigoríficos (ya habrían cerrado más de 100), algunos molinos, varias usinas y la última novedad será a partir de aquí, en el sector de las plantas de biodiesel donde se estima que el reciente aumento de 20 a 32 puntos en las retenciones de exportación del producto dejará fuera de posibilidades a muchas de las fábricas más pequeñas.
La situación es generalizada, aunque se está haciendo particularmente evidente en las regiones más alejadas de los puertos y de los grandes centros de consumo, ya que ahora el muy alto costo de los fletes está sacando de competencia a cada vez más rubros.
Así las cosas, cuesta creer que aún el Gobierno no reaccione, recapacite, corrija el rumbo, y deje de lado los viejos clichés del siglo pasado: campo vs industria, oligarquía, terratenientes, etc. para ponerse a trabajar en serio en la recuperación de las poblaciones de buena parte del país.
Es que, más que resentirse la producción, cuyos volúmenes en algunos casos son compensados por los establecimientos cada vez más grandes que van absorbiendo al resto, o por los “pools” de siembra, en el caso de los granos, el problema más serio que se enfrenta es de corte social, con oleadas crecientes de “exiliados” internos que vuelven a engrosar las ya atestadas mega urbes (como Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario, etc.), mientras se agudiza el despoblamiento del resto del territorio.
Y esto no puede sorprender porque en muchos casos, esa pequeña empresa, industria o cooperativa es la única generadora de lugares de trabajo para la mano de obra local.
Es entonces ahí donde falta pensamiento estratégico, planes, programas, esquemas de desarrollo, contención y respaldo, y no “simplemente” apelar a la asignación de subsidios clientelistas que doblegan indignamente a una parte importante de la población, que ante la falta de opciones, depende cada vez más de este tipo de dádivas.
Pero la encerrona es que, simultáneamente, cada vez son menos los “aportantes” para un sistema tan desbalanceado.
Por otra parte, la escasez de población en muchas regiones lleva a que haya también menor interés en desarrollos educativos, de salud, de comunicaciones o de infraestructura, lo que completa el círculo “vicioso”.
Pocos, pobres, incomunicados y con un costo muy superior al de las áreas centrales…
¿Qué más puede faltar para una tormenta perfecta?
La gran pregunta es, entonces, ¿dónde está el peligro de este sector elegido por el gobierno como un “poderoso” adversario?
¿Qué razones llevan a que funcionarios de rango ministerial (y sin llegar al nivel presidencial) se nieguen, siquiera, a recibir a sus representantes?
¿Puede haber tanta ceguera, desconocimiento, insensibilidad, o es algo más?
¿Cuál es la lectura que se hace para decir: “campo rico”, y muchos, ni bien sus posibilidades se lo permiten (lo que incluye a más de un funcionario y también sindicalistas), sean, en un gran porcentaje, “felices” adquirentes de algunos de los muchos predios que se estuvieron vendiendo, cuando la realidad muestra que, más vale, se trata de medianos y pequeños productores que no logran siquiera la subsistencia?
¿No es una gran contradicción (entre otras muchas…)?

Fuente: Campo 2.0

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